Sueños que te hagan volar

Una de las muchas ventajas de invertir tiempo en las redes sociales es conocer a gente interesante que te hace parar a pensar, reflexionar y darte cuenta que hay más personas como tú, preocupadas por la educación de nuestros alumnos (o de nuestros hijos). Personas que ponen por escrito tus propios pensamientos.

 

Óscar González, uno de ellos, no hace mucho publicó una frase de Erich Fromm: “Amar a nuestros hijos implica dejar de lado nuestros deseos para atender sus necesidades. Y hacerlo cada día durante muchos años”.

Esta frase me hizo recordar la suerte que tuve con mis progenitores que me dieron alas para volar, pero sentía una fina cuerda atada en mi muñeca en uno de los extremos y, en el otro, estaban ellos. Nunca me soltaron y sentía que, si caía, mis padres estarían allí conmigo. Reconfortando, animando y construyendo conmigo mi camino… Que podía ser lo que ellos deseaban o no, pero, allí estaban. Ellos. Cuando, en la edad complicada, tuve también mis malos momentos, mis crisis de dejarlo todo y no seguir estudiando, cuando quise cambiar de camino sin saber si sería mejor o peor para mí, ellos nunca desistieron. Pusieron sus límites, naturalmente, pero nunca me obligaron a caminar detrás de ellos. Sin ser conscientes, fueron guía y no impositores. Si lo hubieran sido y hubiera cumplido sus sueños y no los míos, no hubiera sido feliz (y ellos tampoco).

 

Hoy cumplo uno de mis sueños (porque la vida está para no parar de soñar), presento Papallona de Cristall, mi segunda novela juvenil en valencià en la Feria del libro de Valencia. Aquel lugar donde, siendo yo niña, pensaba que solamente los grandes escritores llevaban sus creaciones y… Mírame, hoy soy yo la que ha cumplido. Y siento miedo, nervios, por si no viene nadie (¿te imaginas?), por si no gusta, por si descubren más de mí de lo que me gusta mostrar o por si gusta demasiado, nunca se sabe. Siento mariposas en el estómago, no sé si de cristal o no, pero de esas que te dan movimiento, de las que te hacen no parar de sonreír y de agradecer. Agradecer las palabras bonitas, las que no lo son tanto (porque de todo se aprende), las miradas cómplices e incluso los silencios.

Todo esto es fruto del trabajo duro y del esfuerzo diario por perseguir mis sueños… O algunos de ellos ya que, muchos ya los he cumplido. El primero fue, ser como una de mis profesoras en el instituto. Yo quería ser como ella, quería hacer lo mismo que ella hizo conmigo y fue confiar en mí, vio algo y me hizo poderosa porque hizo que creyera que conseguiría lo que me propusiera. Y no siempre ha sido así, no todo lo consigo pero, aprendo del camino y lo hago mío. Es lo mejor que podemos enseñarles a nuestros alumnos y a nuestros hijos: el esfuerzo, el trabajo diario y la confianza en uno mismo harán que construyas tu camino.

Como padres o como profesores, no podemos imponer nuestros deseos o nuestros sueños no conseguidos a nuestros hijos o alumnos. Son ellos los que deben descubrirlos y nosotros tenemos la labor de acompañarlos, escucharlos y guiarlos.

Juntos, debemos de preparar una maleta llena de sueños y decidir dónde viajar.

¿Tienes un hijo adolescente y necesitas algún recurso para lidiar con esa personita que va creciendo en tu casa? 

 

Laura nos da herramientas para que con imaginación ataquemos el día a día, y podamos encontrar soluciones, a las situaciones con las que nos podemos encontrar, e incluso, porque no? adelantarnos a las mismas.…. te apetece conocer más de Laura, te invito a que te sumes a  la inquietud de Laura por un mundo mejor en la educación, también en Facebook

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