SOS verano​

Aun cuando queda un mes para las vacaciones (sí, equipo directivo), es curioso que uno de mis primeros recuerdos cuando pienso en vacaciones es la pena que me daban mis compañeros que «no tenían pueblo» donde disfrutar de tres meses de vacaciones y se quedaban en la ciudad. Aquello sí que eran noventa días de estar con los abuelos, horas cargadas de juegos, risas y caídas en bicicleta, patines o empujones. Es el lugar que visualizo para que se haga más llevadero hasta que llegue el momento.

 

Recuerdo llegar a mitad de septiembre, ilusionada por la vuelta al colegio, deseosa de ver a mis compañeros para compartir anécdotas estivales y que, algunos de ellos, confesaran que no habían ido a ningún pueblo porque no lo tenían. Me costaba entender qué se podía hacer en la ciudad tanto tiempo sino era para ir al colegio. Cosas de niña, supongo. He disfrutado tanto las vacaciones en el pueblo que hasta me daba tiempo a aburrirme y de tener ganas de volver al colegio, a aprender… Y eso que yo era de las que les gustaba leer, escribir, pintar, hacer los ejercicios del cuadernillo de vacaciones que nos mandaban nuestros maestros y dedicar parte del tiempo libre a recordar conceptos que nos habían enseñado mis profes durante el curso. Un bicho raro. Sí, eso deben de pensar todos aquellos que reniegan de los deberes de verano y que en los últimos días son trending topic en las redes sociales.

 

Esperaba los comentarios de aquellos que a principios de junio empiezan a afilar los cuchillos con los que nos atacan lanzándolos envenenados hacia los profesores, lo bien que vivimos y los tres meses de vacaciones que nos pasamos en verano… Esos haters (como dirían mis alumnos de los que no dejo de aprender), que no sé de dónde se sacan esa información, van hinchando pecho cada vez que hacen el comentario. «Haberlas haylas como las meigas»  pero yo no las he visto nunca. No me habré fijado porque me enseñaron en ocuparme de mis cosas e intentarlas hacerlas lo mejor posible sin hacer daño a nadie.

Pero, no quería hablar de este tema tan manido sino del debate que se ha planteado en redes sobre los deberes vacacionales.

Como he dicho antes, yo era de las que cumplía con todos ellos sin rechistar y no me han causado ningún trauma. Aunque estoy en desacuerdo de los excesos, estoy a favor de lectura, de la investigación, de la curiosidad, de la escritura, de la creatividad, de los hábitos y del esfuerzo.

 

Los deberes no tienen por qué ser de cuadernillo, marcadas por semanas y con necesidad de estar unas cuantas horas diarias delante del pupitre… O sí, dependerá de las necesidades o los gustos de cada alumno.

Leo comentarios de padres iracundos, atacando a los docentes por su osadía al repartir, junto con las notas, una hoja con recomendaciones con lecturas, repaso de caligrafía y/o de operaciones; quejas por obligarles a ellos a estar sentados con sus hijos ayudándolos con los deberes y no en una terraza de verano. Me pregunto si son los mismos padres que los apuntan a infinitas actividades extraescolares durante el curso por no poder (o no querer) atenderlos y no les importa que lleven diez horas trabajando, leyendo, estudiando o jugando a algún videojuego mientras no molesten excesivamente.

Utilicemos el sentido común, que funciona, y en cada familia se aplica diferente ya que cada hijo/alumno tienen intereses distintos.

No podemos cargarlos con pilares de deberes para las vacaciones, pero tampoco despojarlos completamente ya que les beneficiará repasar, reforzar y practicar.

 

Es responsabilidad de todos los implicados.

¿Tienes un hijo adolescente y necesitas algún recurso para lidiar con esa personita que va creciendo en tu casa? 

 

Laura nos da herramientas para que con imaginación ataquemos el día a día, y podamos encontrar soluciones, a las situaciones con las que nos podemos encontrar, e incluso, porque no? adelantarnos a las mismas.…. te apetece conocer más de Laura, te invito a que te sumes a  la inquietud de Laura por un mundo mejor en la educación, también en Facebook

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