Sin miedo

 Nadie dijo que ser docente fuera fácil y quien escoja esta profesión por el tópico «Las vacaciones de los profesores», va a sufrir y mucho. Además, se nota.

 

Cuando elegimos dedicarnos a «la profesión más hermosa del mundo», lo hacemos conscientes de la responsabilidad que conlleva y lo susceptibles que son nuestros alumnos cuando se reflejan en nosotros. Tenemos que dar ejemplo y saber que cualquier cosa que digamos o hagamos (consciente o inconscientemente) puede hundirlos o empujarlos hacia la victoria. Transmitir nuestra ilusión por aprender, la pasión por la asignatura que impartes, inspirarles, hacerles creer en sí mismos confiando en ellos (todos tienen algo bueno que potenciar) y demostrarles que con esfuerzo y trabajo duro pueden conseguir prácticamente todo lo que se propongan, es casi obligatorio.

 

Cuando, el primer día de clase, les propongo que se presenten y que nos cuenten qué expectativas de futuro tienen, o qué quieren ser de mayores, algunos no están seguros de nada, otros comentan sus ilusiones, los motivos que les mueven para haber elegido esa profesión y es cuando les pregunto cómo lo van a conseguir, cuál es su estrategia… Se quedan en silencio, pensando, visualizándose. Les hablo del esfuerzo, del trabajo duro, de las piedras en el camino, de los trenes que pasan y que dejamos escapar, pero también de los que vendrán. Habrá estaciones en las que esos trenes pasen cada 20 minutos y otras que lo harán cada hora, uno al día o, tal vez tarden un poco más; pero que sentados (o tumbados) en el sofá esperando a que les caiga del cielo la oportunidad, es cuando solamente se dedicarán a ver los trenes pasar.

 

«Es que no me gusta estudiar, es un rollo», «Para qué sirve lo que aprendemos aquí si yo quiero ser…», «El instituto nos coarta la libertad…», son algunas de las frases de aquellos valientes que se atreven a decirlo en voz alta. Mi yo adolescente también pasó por esa fase y esto me recuerda una frase de mi padre que nos ha repetido más de una vez estos últimos años: «Si hubierais empezado antes, no sé dónde hubierais llegado». Orgullo de padre a parte, es cierto que, por la adolescencia, las (malas) compañías, la sociedad, la desmotivación o por un sinfín de posibles motivos, puede ser que escojas el camino más largo hasta llegar a tu objetivo. Lo importante es emprenderlo y luchar hasta el final.

 

Ya he comentado en más de una ocasión que elegí ser docente porque quería ser como una de mis profesoras que tuve en el instituto. Ella me inspiró e hizo que amara la asignatura que ahora imparto y es lo que me gustaría provocar en mis alumnos. Y con esto, retomando el debate del esfuerzo y el trabajo duro para conseguir los objetivos marcados que planteo el primer día de clase, mi siguiente comentario es: «Estudiar es un rollo, aceptamos barco como animal acuático, pero ¿os gusta aprender?». En general, admiten que sí y por esa razón, desde hace tiempo nos esforzamos por intentar motivarlos haciendo cosas diferentes. ¿Da miedo? Claro, como en cualquier faceta de nuestras vidas cuando emprendes algo nuevo, pero miramos de frente, hinchamos pulmones y nos sentimos poderosos.

 

¿Da miedo escalar una montaña y mirar al abismo? Seguramente nos hayamos equivocado durante la travesía hasta llegar a la cima, pero no tenemos que quedarnos parados al primer inconveniente porque, cuando hemos vencido nuestros propios miedos y conseguimos abrir los ojos y respirar profundamente, nos encontramos con unas vistas majestuosas. En nuestro caso, treinta caritas (por clase) ilusionadas por aprender.

 

¿Qué necesitamos para escalar la montaña? Los docentes introducimos nuevas tecnologías en el aula, dispositivos móviles como herramientas de aprendizaje, metodologías innovadoras combinadas con las tradicionales y evaluamos de manera diferente dando importancia al proceso y no solamente al resultado final. Para ello, debemos invertir tiempo para preparar material, para formarnos, para investigar… Salir de la zona de confort en la que nos hemos construido una cabaña en la playa, pero de la que nunca salimos a ver el mar. Seguramente no saldrá perfecto (o como nosotros queremos que salga) a la primera, nos equivocaremos y mejoraremos… Todo proceso es aprendizaje. Sin miedo. Por ellos. Por nosotros.

¿Tienes un hijo adolescente y necesitas algún recurso para lidiar con esa personita que va creciendo en tu casa? 

 

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