See yo

Laura Borao - See you

See you…

Así se despedía Raúl, como cada noche, en los vídeos que grababa en youtube. Había pasado tiempo desde el primero que subió. Nadie le escuchaba… Así que, ¿qué más daba?

Pero, lo que empezó siendo un juego, lo convirtió en un ser gris.

 

Él siempre había sido un cerebrito para la tecnología y la informática, el resto de disciplinas no le interesaban demasiado, pero, entendía que tenía que superarlas si quería alcanzar su objetivo final: estudiar una ingeniería cuando acabara el instituto.

Lamentablemente, el esfuerzo, el trabajo y su afición a los ordenadores lo convirtió en un marginado. Pocos entendían su mundo. Eran unos cuantos a los que apartaban por no dejarse llevar por la corriente, pero, aquel pequeño grupo de compañeros emanaban un mismo color. Tenían las mismas aficiones, las mismas inquietudes, estudiaban juntos, se reunían y se pasaban horas hablando sobre robots, drones y realidad virtual. Formaban una (su) paleta de colores.

Cuando Raúl salía de su abstracción, observaba al resto del mundo, sonreían, jugaban, hablaban y hasta bailaban. Parecían divertirse, pero lo hacían de manera muy distinta a él.

 

—¿Qué haces mirando a mi chica? –le sorprendió la voz de uno de los alumnos mayores, acompañada de un empujón.

Entre la fuerza de la caricia y la sorpresa, cayó de espaldas, pero él no era persona de peleas y se levantó sin ningún tipo de intención.

—No sabía que ahora pudiéramos ser dueños de otras personas –le indicó mientras se sacudía el polvo de su ropa manchada.

—¿Me estás vacilando, chaval? –le dijo volviéndole a empujar.

—No estoy haciendo nada. No quiero peleas… Simplemente estaba observando a la gente, sin mirar a nadie en particular. Has venido tú y me has empujado, dos veces, sin tener razón. He hecho una observación porqué no creo en la posesión entre personas, pero si ella está de acuerdo, estupendo.

No había terminado de hablar cuando se dio cuenta que estaban rodeados de compañeros que ni siquiera sabía que venían al colegio. Cuchicheaban entre ellos, formando un círculo cada vez más estrecho y, con ganas de enfrentamiento, no paraban de animar a aquel alumno mayor para que le sacudiera. Raúl no entendía cómo había llegado a aquella situación. Él que presumía de ser la persona más pacífica del mundo, él que se mantenía al margen de todos los embrollos de clase, el que se quedaba en su mundo para no tener problemas con nadie… Aquel que había levantado la vista para mirar el mundo de otros, se veía en aquella situación. El corazón a mil, un nudo en la garganta que no le permitía el acceso al aire que intentaba inhalar, las mariposas del estómago que habían decidido emprender el vuelo en aquel momento y no por amor sino por miedo…

—Yo…Yo… De verdad que no miraba… Yo, solamente… –intentaba explicarse Raúl ante aquella situación que le sobrepasaba.

Su agresor solo necesitó dos pasos para llegar hasta él y cogerle del cuello. En décimas de segundo vería su puño estampado en su cara, aunque más que ver, lo sentiría. “Bueno, alguna vez tenía que ser la primera. Para ser un marginado, he tardado bastante tiempo en vivirlo”, pensó.

—Espera, Vic. ¿Qué haces? Deja a ese chico. ¿No sabes quién es? –dijo una compañera haciéndose paso ante la multitud. A Raúl le parecía de las chicas más guapas que había visto en persona, pero tampoco se consideraba un experto para poder comparar.

—Es Ral. Sí, Vic, haz memoria. El youtuber del tutorial que viste para eliminar un virus de tu ordenador y que dijiste, palabras textuales, “Este tío me ha salvado la vida” –intentaba explicar aquella belleza. —¿Y ahora pretendes quitársela? –prosiguió sin alterarse.

Raúl se quedó embobado. Ella sabía quién era él. Hacía años que colgaba vídeos tutoriales para ayudar a la gente a resolver dudas sobre informática. Aunque a pesar del tiempo que llevaba haciéndolo, no tenía más de cien visitas a su canal. Pero a él le daba igual, estaba haciendo lo que le gustaba y si solamente ayudaba a una persona, para él era suficiente.

Últimamente se había animado a mostrarse ante la cámara e incluso a comentar hechos que poco tenían que ver con la informática: su opinión sobre un libro, una canción o sobre la vida de instituto… ¿Qué más daba? Nadie le escribía, ni le contestaba, ni le daba las gracias…

De repente se dio cuenta que el tal Vic le había soltado y, con el ceño fruncido, le miraba fijamente. Seguramente comprobando si realmente era aquel chico que le ayudó sin saberlo.

Aquella noche, Raúl volvió a grabarse y terminó el vídeo contando lo que había pasado aquella mañana. No le importó expresar el miedo que había sentido mientras Víctor le cogía para estrangularlo y lo injusto de aquella situación.

—(…) Partimos de que el mundo se reparte entre personas muy diferentes. Espero sobrevivir… Como siempre, See you –terminó diciendo.

 

A la mañana siguiente llegó al instituto algo intranquilo ya que no sabía si iba a tener problemas con el tal Víctor o con cualquiera de sus seguidores. Se sorprendió cuando los alumnos que se iba encontrando lo saludaban, charlaban con él de nimiedades o incluso oyó más de un See you. “¿Habían visto los vídeos?”, se preguntó.

Cada vez que se acercaba alguien a él, se ponía tenso dejando de respirar durante un par de segundos ante la incertidumbre de lo que le podían decir o hacer. Hasta el incidente con Víctor, él no había tenido problemas con nadie pero, sí que conocía casos de algunos de sus amigos a los que no dejaban en paz y les hacían la vida imposible hasta hacerles sufrir. “¿Por qué no conté lo que ocurría cuando tuve la oportunidad?”, reflexionó ahora que se veía en esa tesitura. “Mientras no me lo hacían a mí, estaba tranquilo y ahora, ¿qué pasa ahora?”. Nada, no pasaba nada. Al menos nada malo.

No sabía qué provocaba esa tensión, que pensara que le iban a pegar o que realmente les gustara lo que hacía. Cuando entró en el registro de visitas de su canal de youtube, le temblaron las piernas al comprobar que tenía miles de likes, cientos de comentarios y otros tantos suscriptores. Aquello era increíble. Ya no dejó de sonreír en todo el día pues empezó a darse cuenta de lo que había echado de menos ser alguien en aquel lugar. De repente, interesaba. Simplemente un gesto, un comentario, un like de la persona adecuada y todos fueron detrás. Él gustaba y se sentía bien…

Cada día sumaba más visitas, cada vez era más conocido. Le hacían consultas y lo buscaban para resolver dudas, pero también para formar parte del grupo… ¿Qué grupo? Raúl ya tenía uno antes de ser conocido, ese no era el problema, pero, aun así, los dejó de lado. Prefirió pertenecer a otra gama de colores y no importaría que lo hiciera porque el camino te va haciendo crecer para encontrar tu verdadero lugar. Estaba feliz con sus nuevos colores, pero… ¿A qué precio?

 

Una tarde, cuando salió de clase e iba hablando con uno de sus nuevos amigos, los avisaron que algo ocurría en el parque que estaba cerca. Corrieron hacia allí, como hacían todos. Nadie quería perderse lo que estaba ocurriendo, aunque no supieran qué era exactamente. Cuando llegaron, prácticamente todo el curso estaba allí. Se acercaron y se hicieron sitio en primera fila. Man (en realidad, Manuel pero así parecía más ”interesante”) estaba increpando a otro alumno de algún curso inferior. Todos los allí presentes empezaron a gritar “¡Pelea! ¡Pelea!”… También Raúl…

—No he hecho nada, de verdad. No te volveré a mirar si ese ha sido el problema. ¡Te lo prometo! –gritaba desesperado aquel niño, con los ojos encharcados por el miedo.

Ahí estaba, Raúl se dio cuenta. Aquel niño era él. Podría ser él, ya que, no hacía mucho, él había vivido una situación muy parecida. Se quedó paralizado al recordar, al ver el miedo, su miedo en los ojos de aquel niño. Lo que muchos de sus antiguos amigos habían aguantado durante años y que nadie se atrevía a contar. Él se había convertido en uno de ellos. Allí estaba, rodeado de gente que jaleaba para que hubiera pelea y estaba claro quién iba a salir perdiendo. Alguien debía de hacer algo al respecto. Raúl miró a su alrededor pero, esta vez no salía nadie a pararlo como cuando él se vio en aquella situación. Miró sus manos, impotente pues no sabía qué hacer. Frunció el ceño.

—¿Qué está pasando? ¿Mis manos? –se dijo.

Salió del círculo que habían formado para acorralar a aquel niño y volvió a mirarse. Era gris. Su versión en blanco y negro.

—¿Qué está ocurriendo aquí? –oyó a lo lejos la voz de una de sus profesoras.

—¡Corre Ral que nos pillan! –le gritó uno de sus compañeros al pasar por su lado y darse cuenta de que no reaccionaba.

Raúl empezó a correr por inercia y ya no paró hasta llegar a su casa. Temblando y decidió hacer algo. Encendió su ordenador y empezó a grabar.

Hola seguidores,

Hoy no voy a hablar de tecnología… Aún estoy temblando y no sé si sabré explicarme correctamente, pero quiero deciros que, este que veis, no soy yo. O por lo menos, no la mejor versión que había pensado que sería. Hoy ha ocurrido algo que me ha hecho entender que no me gusto. Me vendí por tener más likes y más seguidores y dejé mi esencia de lado… Aunque aquel que fui tampoco me gustaba porque callaba. En mi centro se viven situaciones que nadie debería pasar. Momentos de angustia, de terror, de incertidumbre porque no sabes qué ocurrirá si miras hacia un lado o haces algún gesto que al matón de turno no le ha gustado. Hoy no ha ido a mayores porque un ángel de la guarda ha aparecido, igual que lo hizo la mía cuando me salvó de ser apisonado… Pero, yo no quiero ser uno de ellos… No quiero consentir ni callar, quiero ser el ángel de la guarda de otros para que no vuelva a ocurrir.

… See you …

 

¿Tienes un hijo adolescente y necesitas algún recurso para lidiar con esa personita que va creciendo en tu casa? 

 

Laura nos da herramientas para que con imaginación ataquemos el día a día, y podamos encontrar soluciones, a las situaciones con las que nos podemos encontrar, e incluso, porque no? adelantarnos a las mismas.…. te apetece conocer más de Laura, te invito a que te sumes a  la inquietud de Laura por un mundo mejor en la educación, también en Facebook

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