Cuando a una profesora de Llengua, que piensa que la formación permanente es esencial para realizar un trabajo de calidad dentro del aula, se le plantea, así, sin paños calientes, realizar un posgrado de Innovación metodológica, se le iluminan los ojos, levanta una ceja llena de incredulidad por ser una de las elegidas, se coge a la silla porque de un momento a otro va a salir levitando, se produce el silencio absoluto aunque su emisor sigue moviendo la boca… Pero, disimula e intenta no llorar de la emoción. “Bueno, va. Lo haré” son las únicas palabras que el nudo en la garganta le deja pronunciar. 

De repente, reacciona, oye de nuevo, vuelve a estar presente y le dice ya desde la puerta: “No te lo he dicho. Empezáis por el módulo de Robótica. Ya me contarás”. Ni contesta porque está más preocupada por llevar un ritmo normal de respiración para no hiperventilar, deja de levitar para meterse en un agujero negro que se ha abierto bajo sus pies y se convierte en el protagonista mudo de “El grito” de Munch. Horror.

Todas aquellas incógnitas y miedos iniciales se disipan en el minuto tres del postgrado, cuando la profesora, Carmen Bartolomé, asegura que el módulo está pensado para todos los niveles de conocimiento previo sobre robótica. Ya podemos respirar. De hecho, debimos soltar todos a la vez el aire porque hasta se notó una corriente de las que resfrían.

Un módulo lleno de ejemplos, del uso de otros docentes en el aula, de aplicaciones del tema y de la tranquilidad necesaria para saltar al vacío, empezar y aprender.

Dos días intensos de curso. Muchos conceptos nuevos (para mí), materiales inexistentes hasta ese momento en mi mundo personal, dudas, sorpresas fascinantes ante una impresora 3D, diseños imposibles cuando te creces y piensas que eres capaz de crear una de esas prótesis que nos ha enseñado Carmen, tintas conductoras y partículas en suspensión…, en definitiva, movimiento cerebral ante lo desconocido.

¿Quién dijo miedo?

Después del primer día superado y no acabar enterrada entre tanto concepto desconocido, llegas a la segunda parte con una energía renovada y piensas que no eres tan negada cuando sigues respirando. Y te sorprendes cuando sonríes ante la propuesta de montar por parejas tu primer robot. Reto aceptado. Creo recordar que sonaba la famosa canción de Rocky de fondo mientras acudíamos al aula de Tecnología y nos daban una caja para poder comenzar. Una caja con cada pieza, cada órgano del que será, poco después, nuestro bebé. ¡Qué responsabilidad!

Miras a los ojos a tu compañero de batalla. Le brillan igual que a ti (o puede que sea un reflejo de los tuyos) y asientes para darle a entender que estás preparada y con ganas. Miras alrededor, al resto de tus compañeros (a partir de ese momento, tus rivales de juego) y sonríes con sorna porque te ves capaz de todo, incluso piensas que tu robot evolucionará como los pokemons.

Empieza el juego. Abres la caja y coges las instrucciones que quién las diseñó debió ser primo de Ikea. Pero, puedes, te reafirmas y sigues. Abstraídos durante 3 horas, de vez en cuando levantas la mirada para observar lo que ocurre en la clase. Todos concentrados.

Visualizo a mis alumnos de secundaria haciendo un ejercicio como aquel. Ensimismados en la tarea, trabajando en equipo, resolviendo dudas entre ellos, dándose ideas de mejora…Sigo sonriendo. Lo veo.

Y suena “We are the champion” porque hemos sido los primeros en tener terminada la tarea, una luz potente nos alumbra y nos proclama como triunfadores…es obvio que igual estoy exagerando, pero así nos sentimos.

El último tramo, creación de juegos, aplicaciones móviles y html, que no es una marca de ropa sino un lenguaje de programación (si hasta los programas tienen un lenguaje). Todo esto en un nivel muy básico, claro, pero el suficiente como para hacerte picar el gusanillo y querer saber más.

Nunca me canso de aprender, de poner en funcionamiento mi cerebro y ponerle retos…después del ataque de nervios previo. Incluso esos nervios son necesarios para querer superarte, esforzarte, verte capaz de hacer otras cosas y no conformarte con lo que te hace sentir cómoda.

Quien me conoce ya sabe que mi cabecita está maquinando cómo aplicar todo lo aprendido en mis clases de literatura.

¿Y por qué no?

 

ROBÓTICA Y EDUCACIÓN: UN PROYECTO INNOVADOR

 

¿Tienes un hijo adolescente y necesitas algún recurso para lidiar con esa personita que va creciendo en tu casa? 

 

Laura nos da herramientas para que con imaginación ataquemos el día a día, y podamos encontrar soluciones, a las situaciones con las que nos podemos encontrar, e incluso, porque no? adelantarnos a las mismas.…. te apetece conocer más de Laura, te invito a que te sumes a  la inquietud de Laura por un mundo mejor en la educación, también en Facebook