¿Quién es quién?​

¿Quién es quién? - Laura Borao

Ayer, cuando ya no quedaba nadie en el colegio, vino Inma a verme al despacho. Se asomó a la puerta, temblorosa y pálida, pidiendo permiso para entrar y hablar conmigo.

—Hola Inma. ¿Qué haces aquí a estas horas? –le digo mientras miro el reloj.

—Señorita, ¿puedo hablar con usted?

Era tarde, había anochecido y deberíamos haber estado las dos en casa, pero sus ojos suplicaban atención. Inma necesitaba que la escuchara. Dejé todo lo que estaba haciendo y me levanté para dirigirme a la puerta donde se encontraba.

—Claro, cielo, entra y hablemos. No te quedes ahí, por favor.

Inma entró, cerró la puerta y se mantuvo de espaldas a mí más de lo necesario y cuando se giró para mirarme, lloraba desconsoladamente. Me acerqué a ella, le cogí por los hombros y le acompañé a la silla. Tuve que ir a por un vaso de agua para intentar calmarla. Algo grave le ocurría pues no era normal que aquella niña, alumna modelo, acudiera en ese estado a hablar conmigo.

—Señorita, siento molestarla a estas horas. De verdad que, si no fuera importante, no hubiera venido pero no sabía a quién acudir –me dijo cuando consiguió sosegarse, sorberse los mocos y respirar.

—Inma, cariño, ya sabes que siempre os digo que podéis hablar conmigo de lo que sea. Me estás asustando. ¿Qué ha ocurrido? ¿Ha pasado algo en casa? Tranquilízate, cuéntame qué te ha pasado e intentaré ayudarte en todo lo posible.

 

Paralizada me quedé yo después de saber todo lo que estaba sufriendo y que llevaba tiempo escondiendo para evitar represalias.

Inma era, podríamos decir, la alumna que todo docente quisiera tener en sus clases: respetuosa, aplicada, humilde, solidaria, generosa, deportista y amiga de sus amigos. No se merecía estar tan disgustada y… Atemorizada.

 

—Señorita, de verdad, yo no he hecho nada. Por favor, créame… –me suplica Belén.

—Belén, es mejor que confieses lo ocurrido. Lo sé todo y demostraría algo de honradez y arrepentimiento si me contaras la verdad, en vez de seguir engañándome.

 

Su cara, entre asombro e incomprensión, entre tristeza y rabia, me hacen dudar durante un par de segundos. Es muy buena actriz, pero, a mí no me la da. Ya no.

Por fin Inma se había atrevido a contar lo que llevaba meses padeciendo y se abrió para expulsar toda la angustia que llevaba dentro. Había confiado en mí y no podía dejarla en la estacada. Nadie se merecía sufrir de aquella manera. Además, con todas las noticias que salían últimamente en los noticiarios sobre acoso escolar y, desgraciadamente, cómo acababan aquellas situaciones, no podía mantenerme al margen y mirar hacia otro lado. No quería que Inma se convirtiera en protagonista de una de aquellas espeluznantes noticias.

 

—¡No lo entiende, Seño! El primer día de clase le prometí que este año iba a ser distinto y he cumplido mi palabra. Se lo juro.

—Belén, de verdad, prefiero que me digas la verdad. Cuando hablamos  te creí, confié en ti y di la cara ante el resto de profesores para que también lo hicieran. Que repitieras curso te iba a venir bien para cerrar una etapa irresponsable, para que cambiaras de amistades y consiguieras tus objetivos. ¿Y qué has hecho? A la mínima de cambio, al ser la mayor, necesitas ser la abeja reina, tener el poder, y para ello, ¿amedrentas a tus compañeras? Nadie se merece venir al colegio con miedo, atemorizada por si a alguien como tú se le ocurre hacerle la vida imposible y amenazarla con que recibirá una paliza si habla. No me esperaba eso de ti, la verdad. Estoy muy decepcionada, Belén.

 

Siento haber sido tan dura con ella, pero no me queda otra opción. Le he dado la oportunidad de contarme lo ocurrido, que confíe en mí… Tenía la esperanza que hubiera una razón que justificara que le hiciera la vida imposible a aquella niña, su compañera. Aunque sé que no hay posible justificación, tenía la esperanza de una explicación, de una disculpa o de un arrepentimiento. Estoy decepcionada, sí. Yo he confiado en ella cuando el resto de mis compañeros no lo hicieron. Sé que tiene buen fondo y siempre he pensado que fueron las malas compañías del barrio donde vivía las que le hicieron actuar de aquella manera el curso pasado. Ellas se fueron del colegio, Belén se quedó para tener una oportunidad. La convencí, era su única salida…

 

—Belén, Inma está muerta de miedo. Te tiene pánico y no quiere venir al colegio por tu culpa.

—Pero… Yo… Yo no… –intenta cortarme.

—No, déjame continuar y luego hablas tú. Ni Inma ni nadie se merece sufrir de esa manera, ¿lo entiendes? Esta situación hay que pararla y si no llega a ser porque Inma se arma de valor y viene a verme, no sé qué hubiera podido ocurrir…

—¿Es eso lo que realmente piensa de mí? Diga lo que diga no se lo creerá, así que más da… Esa niñata está celosa porque le estoy quitando protagonismo y se está vengando… Por lo visto lo está consiguiendo. Le prometo, Señorita, que yo no le he hecho nada. Y si quiere oír la verdad, hable con el resto de compañeros de clase para saber quién es quién. Su Inma no es tan frágil, ni tan buena como usted cree… Entiendo que es difícil de creer porque ella siempre ha sido la alumna perfecta, pero creo que está viviendo de rentas y no le importa pisotear a quien sea necesario para estar en la cima. Este año se ha encontrado conmigo y no me dejo moldear tan fácilmente… Cuando me negué a pertenecer a su “tribu”, empezó a hacerme la vida imposible. Es ella quien hace sufrir a los demás y no al revés… Hable con los compañeros del curso, pero sea discreta porque no será fácil que le cuenten. Llevan años “sufriéndola”.

—Por favor, Belén. Cuesta mucho de creer esta historia que cuentas… Inma no es como tú dices. La adoran, sus compañeros y los profesores. ¿Entiendes que por mucho que quiera confiar en ti, cuesta creerte? Me veo en la obligación de llamar a tus padres y contarles lo que está ocurriendo… Entre todos tenemos que solucionar esta situación y poner medidas.

—Le digo que Inma tiene una doble cara… Pero, ¿quién me va a creer? ¿Quién va a creer a la repetidora de curso, a la que se equivocó en el pasado y está intentando remediarlo?  Es eso, ¿no? Yo siempre seré la mala… Y… ¡En realidad no ha confiado nunca en mí! –me chilla y golpea mi mesa tirando el vaso de agua al suelo.

 

No me da tiempo a decirle nada más porque sale del aula corriendo, llorando… ¿Me estaré equivocando y no será Inma tan buena como parece? Quiero confiar en Belén, pero… ¿Inma? ¿Dos caras?

La verdad que, hasta este momento, no he tenido ninguna queja de ella y estaba cumpliendo su promesa de no meterse en ningún lío. Me ha pedido ayuda con los estudios en diferentes momentos de la evaluación y sus padres estaban muy contentos con los cambios que estaban percibiendo en su hija también en casa. No quiero adelantarme y disgustarlos antes de hora y sin motivo.

Es difícil creer que Inma pueda hacer todas esas cosas que Belén me ha contado. Siempre ha sido muy buena estudiante, es rápida y no le cuesta nada aprender; participa en todos los proyectos que el colegio emprende, sobre todo los solidarios; y siempre se preocupa por los demás… Puede ser que cause envidias entre sus compañeras, pero Belén siempre ha estado por encima de todo eso. De hecho, ella siempre se ha alejado de ese tipo de actitudes porque siempre ha estado segura de sí misma. No creo que la envidia fuera un motivo para meterse con Inma. ¿Podría ser que fuera ella quien se metiera con Belén y empezara todo este embrollo?

Decidido, hablaré con algunas compañeras de clase para cerciorarme de qué historia es la verdadera…Pero, antes tendré que ir al cuarto de la limpieza a por una bayeta y secar el agua que ha tirado Belén, antes que empape los papeles.

 

—Tía, ¿ya te has librado de esa petarda? –oigo que habla una de mis alumnas mientras yo estoy en el cuarto de la limpieza.

¿Con quién hablará?

—¿Qué esperabas? Pues claro… Esa pollita de Belén se cree muy mayor, pues si pensaba que iba a ser la reina de este cuento por ser la repetidora, lo lleva claro. 

¡¿Inma?! ¡No me lo puedo creer! Me tapo la boca con la mano para poder sofocar un grito por la sorpresa. Sé que está mal que escuche conversaciones ajenas… Yo misma les enseño este tipo de cosas a mis alumnos, pero creo que me podré ahorrar las investigaciones… ¡Belén tenía razón!

—He hablado con la tutora. Ayer por la tarde me acerqué a clase sabiendo que allí estaría la seño e interpreté mi mayor papel. Hasta lloré y todo. Se acabaron los "Muy bien, Belén", "Estás mejorando mucho", "Eres mi mejor alumna" o "Chicos, tenéis que fijaros más en Belén"... Belén, Belén. Estaba un poco harta de ella y en unas horas será historia.

—¿Y se lo tragó? Eres muy buena.

—¿Lo dudas? Le conté que Belén me amenazaba con llamar a sus antiguas amigas del barrio si yo contaba algo y que me temía que me pegara si me chivaba… Pero que ya no podía más, que llevaba meses acosándome y que se lo tenía que confesar todo para que tomara medidas con ella porque ya no me quedaban fuerzas.

Mientras las dos amigas reían tranquilamente pensando que nadie les escuchaban, hago mi aparición…

—¡Señorita!

 

¿Tienes un hijo adolescente y necesitas algún recurso para lidiar con esa personita que va creciendo en tu casa? 

 

Laura nos da herramientas para que con imaginación ataquemos el día a día, y podamos encontrar soluciones, a las situaciones con las que nos podemos encontrar, e incluso, porque no? adelantarnos a las mismas.…. te apetece conocer más de Laura, te invito a que te sumes a  la inquietud de Laura por un mundo mejor en la educación, también en Facebook

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