Querida adolescencia

¿Han escuchado en alguna ocasión que, si algo se repite muchas veces, se cumple? Pues eso nos pasa a menudo a los docentes y a los padres ante la llegada de nuestros alumnos o de nuestros hijos a la adolescencia. Y si, además, esos pensamientos son negativos, más posibilidades de atinar.

 

En mi búsqueda de información sobre la adolescencia para un nuevo proyecto (que espero vea pronto la luz), me ha sorprendido encontrarme un sinfín de comentarios dañinos sobre esta etapa que es, además, por la que hemos pasado (en mayor o menor medida) todos y que, por lo visto, ya hemos olvidado.

 

«El adolescente es violento, prepotente y desobediente», «Es vago y sin interés por los estudios o por su futuro», «Irrespetuoso, apático y preocupado solamente por si mismo», son algunos de los estereotipos con los que me he encontrado y que, un padre (o docente) preocupado por esta etapa, buscando información, pautas y/o soluciones puede leer y creer a ciencia cierta ya que están escritos por expertos en la materia. Y con esto, no digo que no hayan «adolescentes de manual», pero, de repente, ¿han pasado de ser unos niños respetuosos, educados, tolerantes, calmados, generosos, pacíficos o altruistas a la imagen que se nos da sobre esta época de transición hasta llegar a ser adulto?

 

Pienso, sinceramente que, si nos encontramos con un adolescente violento, que pega a sus padres, desobedece constantemente, es egoísta, no respeta ni a sus familiares, compañeros o profesores, no podemos echarle toda la culpa a la biología. Es un proceso de educación desde pequeños, un trabajo continuo.

 

Llevo quince años trabajando, compartiendo gran parte del día, con adolescentes y, en general, me aportan más que me quitan. ¿Son contestones, bipolares, negativos, justicieros, amigos de sus amigos, o se bañan en frustración, por ejemplo? Sí, pero también están desorientados, se sienten inseguros, son miedosos y buscan cariño. Si los escuchas atentamente, estableces o acuerdas normas/límites (que incluso ellos reclaman aunque protesten), confías en ellos y en ti, te sorprenderás gratamente.

 

En mis clases, rodeada de adolescentes, tengo dos opciones cada vez que entro por la puerta: creerme todo lo que he leído y entrar atacando para no serlo yo; o, empatizar, tener sentido común, ganas de debatir, armarme de paciencia y enfundarme una gran sonrisa, de esas que son contagiosas. Algunos días no me saldrá como yo lo he visualizado, pero otros (muchos) me iré pensando que no pude elegir mejor etapa para educar.   

¿Tienes un hijo adolescente y necesitas algún recurso para lidiar con esa personita que va creciendo en tu casa? 

 

Laura nos da herramientas para que con imaginación ataquemos el día a día, y podamos encontrar soluciones, a las situaciones con las que nos podemos encontrar, e incluso, porque no? adelantarnos a las mismas.…. te apetece conocer más de Laura, te invito a que te sumes a  la inquietud de Laura por un mundo mejor en la educación, también en Facebook

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