Porque te quiero

Laura Borao - Porque te quiero

Hoy, a la vuelta del patio, he encontrado otra notita de amor en mi pupitre. Llevo días haciéndolo, me sorprende este sistema tradicional y que no utilice, sea quien sea, las nuevas tecnologías. Con todos los modernos recursos existentes y elige dejarme un simple escrito sin firmar… ¡Es tan romántico!

Aunque dudo y le pregunto a mi mejor amiga, Nieves, por si ella sabe algo al respecto.

-Tía, Montse, ten cuidado porque puede ser un asesino. ¿Quién usa el papel hoy en día? Si fuera alguien normal utilizaría el móvil para decirte lo que fuera… Como hacemos todos. –Me dice chasqueando la lengua, con esa cara de hermana mayor con más experiencia.

Miro a mi alrededor, busco con la mirada a los chicos (y a las chicas también) de la clase  por si, su comportamiento, me diera alguna pista de la autoría de las notitas que recibo. Nada. Todos van a la suya, como siempre. Como si yo no existiera. Pero el detalle es tan bonito que no puedo dejar de sonreír… Incluso durante semanas.

 

Nieves me convence para ir a una de las fiestas que, cada semana, organiza la gente de clase y que las encuentro una pérdida de tiempo. Con todo lo que hay que hacer, ¿juntarme en el parque del barrio y dejar pasar las horas, mientras los “gallitos” de la clase no paran de hacer bravuconadas y las chicas les ríen sus ridículas ocurrencias? No, gracias. Pero, mi mejor amiga puede ser tan insistente que le he prometido que estaré al menos una hora y me iré. Así, todos contentos.

Cuando llegamos, ya están todos allí y me siento un poco incómoda, fuera de lugar, por sentir que no tengo mucho en común con ellos. No entiendo cómo Nieves puede encontrarse en su salsa. Algunas de las chicas, sentadas en uno de los bancos, nos invitan a sentarnos con ellas. Me llama la atención que estemos separadas de los chicos. Ania se da cuenta y me explica que así “las chicas podemos hablar de nuestras cosas”. Abro los ojos sorprendida ante tal afirmación y prefiero guardarme mi opinión para no enemistarme con nadie y sentirme más apartada de lo que estoy.

Cuando me canso de estar allí, miro el reloj y aún no ha pasado una hora. Sé que a Nieves no le gustará que me marche ya, pero insisto con la excusa de que al día siguiente tengo que madrugar. Me levando y me voy. Cuando no he dado más de diez pasos, vibra mi teléfono. Un mensaje. De Ania.

Luis es todo tuyo.

Frunzo el ceño, incómoda. ¿Tuyo? ¿Desde cuándo las personas somos posesión de otras? ¿Luis? El único Luis que conozco es el compañero de clase. Muy popular, es decir, todo lo contrario a mí.

Me giro para localizar a Ania pues creo que se ha equivocado de receptor. Ella va a la suya. Sigue hablando y riendo con las chicas. Cuando me dispongo a darme la vuelta y seguir mi camino, mi mirada se cruza con la de…, con la de Luis. Me quedo paralizada. Me está mirando. No me muevo y le mantengo la mirada. Me sonríe y, sin saber por qué, yo también lo hago. Un escalofrío me recorre la columna vertebral y hace que me encoja. Me froto los brazos para intentar suavizar los pelos de punta que me ha provocado, por primera vez, un chico. Cuando levanto la cabeza de nuevo, está a escasos dos pasos y me ofrece su chaqueta manteniendo su (preciosa) sonrisa.

-Vamos, te acompaño. –Me dice sin posible replica.

Sonrío durante todo el trayecto. No puedo parar de hacerlo. Además, me sorprende su entretenida conversación a la que yo solamente contesto con sonidos que él parece descifrar.

-¿Te gustaron las notas que te he ido dejando en tu pupitre?

Abro los ojos hasta tal punto que creo que se me van a salir de las órbitas. ¿Él? ¿Luis, el chico más popular de la clase, más guapo e inteligente, es el autor de las notas tan bonitas? Madre mía, madre mía. Hiperventilando.

-Espero que sí. Quería acercarme y sorprenderte. Sé que no eres como el resto de chicas. Eres especial.

No puedo evitar girar la cabeza a ambos lados porque siento que, de un momento a otro, saldrán los compañeros de detrás de algún coche gritando “¡Boba! ¡Has picado!”. Pero no. No aparece nadie. Luis me coge de la barbilla, me sujeta para que pare de dar vueltas como la niña de El exorcista y se acerca. Se sigue acercando. Frunzo el ceño. ¿Qué va a hacer? Espera, espera… ¡¿Me va a besar?!

 

Desde aquel día que me acompañó a casa, nos hemos vuelto inseparables. Nos sentamos juntos en clase. Me recoge todas las mañanas en la esquina de mi casa. Me acompaña de vuelta a la salida del colegio. Estudiamos juntos. Se sienta conmigo en clase y no le importa gritar a los cuatro vientos que soy su novia. Están siendo unas semanas perfectas y yo solamente puedo más que sonreír como una tonta.

 

-¡Hombre, la Desaparecida! –Me grita Nieves cuando salgo del baño y se da cuenta que soy yo.

-Ups, Nieves. ¿Cómo estás? ¿Por qué dices eso? –Le pregunto por su tono al saludarme.

-Si me tienes que preguntar por cómo estoy, es que tengo razón. Luis te tiene absorbida y desde que sales con él, no se te ve el pelo.

-Sí, bueno, igual tienes algo de razón. Pero es que, siempre tiene algo planeado que hacer. –Me disculpo con mi mejor amiga.

-No pasa nada, Montse. Es normal. Es tu primer novio y estáis empezando. Pero no significa que dejes de lado a tus amistades de siempre. ¿Quedamos esta tarde y nos ponemos al día?

-Lo siento, Nieves, Luis me va a llevar al cine. Le pregunto si puedo quedar contigo mañana viernes y te aviso.

Mi amiga frunce el ceño al oír mis palabras, pero no hace ningún tipo de comentario al respecto. Me pide que le confirme más tarde nuestra cita y se marcha. Yo no me muevo. No me puedo creer lo que le he dicho. ¿Desde cuándo le tengo que pedir a un chico permiso para quedar con Nieves?

 

-¿Dónde vas así vestida? ¿Qué quieres que todos te miren y piensen que eres una provocadora? –Me susurra al oído chirriando los dientes y cogiéndome fuerte del brazo.

-¡Si es el mismo vestido que llevaba cuando me besaste por primera vez! Pensé que te gustaría. –Le grito sin importarme si algún vecino nos oye.

Me hace daño y protesto, pero me mira de esa manera tan “eres lo más importante para mí” que subo de nuevo a casa y me cambio. No quiero que nada cambie el ambiente entre nosotros y, aunque es una de mis prendas favoritas, no me cuesta nada ponerme otra más “recatada”. Tiene razón y a mí tampoco me gusta que me miren y que piensen cosas que no son.

 

Mientras estamos en la sala del cine, esperando a que empiece la película que Luis ha elegido, aprovecho para escribir a Nieves y confirmarle nuestra cita de mañana.

-¡¿Con quién hablas?! –Grita un Luis iracundo.

Me asusta, me sobresalto y todos los allí presentes se giran hacia nosotros. ¡Qué vergüenza! Le pido que, por favor, baje la voz y que no es nada. Pero él no me cree y cada vez está más enfadado. Acabamos saliendo del cine sin ni siquiera haber empezado la película.

-¿Te puedes calmar, por favor? Solamente estaba diciéndole a Nieves que mañana nos veríamos sin falta. Me ha dicho que hace mucho que no hablamos, es verdad y la echo de menos. Es mi amiga. –Le explico una vez estamos fuera.

Él no para de andar en círculos y pasarse una y otra vez las manos por la cabeza. Nunca le había visto así. Ahora que lo conozco más, obvio, sé que es un poco celoso. Pero los “celos son prueba del amor que te tengo”, me dice siempre.

-¡Es mentira! ¿Con quién estabas quedando en realidad? ¿Es con Fernando? Sí, claro, es con él. Ya he visto cómo te mira y lo que querría hacer contigo.

-No digas tonterías, Luis… Si Fernando es tu amigo. No me mira de ninguna manera, de verdad.

-Si de verdad estabas hablando con tu amiguita, dame tus contraseñas del móvil y de las redes sociales. –Me reta.

-No, Luis, no te voy a dar mis contraseñas. Es mi teléfono, mis redes y mi espacio. Deberías confiar más en tu pareja, digo yo. –Le digo y estoy empezando a enfadarme.

-Claro que confío en ti, por eso mismo. El amor es compartirlo todo, cada momento, cada segundo. Yo tengo que cuidar de ti. Si confiaras más en mí, lo harías.

 

Como todos los días, Luis viene a recogerme para ir al colegio y empezar la semana de estudio. No me apetece mucho encontrarme con Nieves, aún estoy un poco enfadada con ella porque que me dejó tirada el viernes y no apareció. Después de la bronca que tuve con Luis por su culpa y luego no se digna ni a contestar.

 

-Oye, bonita. Lo que tengas que decirme dímelo a la cara y si no quieres quedar conmigo, pues ten la deferencia por todos estos años de amistad, de decírmelo y contestarme los whatsapps.

¡¿Cómo?! ¿Yo? Abro la boca escandalizada por las palabras de Nieves. Si fue ella la que me dejó plantada y no he sabido nada desde la semana pasada aquí en clase.

-¡¿Cómo eres capaz de decir algo así si fuiste tú la que me dejaste plantada?! –Gritamos las dos.

 

Así, sin escucharnos, cada una a lo suyo, nos pasamos varios minutos. Cada una convencida de tener la razón.

 

-¡Nieves, te he dicho mil veces que no tengo ningún mensaje tuyo y yo no te escribí para cancelar nuestra cita! Mira. –Le digo metiendo la mano en mi mochila para enseñarle los mensajes que yo le envié el viernes.

¿Dónde está mi móvil? Con los nervios que me produce esta situación, no lo encuentro.

La que era mi amiga alarga la mano y me da el suyo. Entra en mi whatsapp y me enseña mis últimos mensajes escritos el viernes a las 14h. ¿Y el resto? Si llevo todo el fin de semana escribiéndole, incluso preocupada por si le había ocurrido algo. Mueve su mano. Me insta a que lea los mensajes.

 

Nieves, tía, finalmente no podre quedar contigo.

Me ha surgido algo mejor.

Ahora quiero pasar tiempo con mi novio.

Lo quiero y prefiero estar con él.

No me molestes más.

 

Me llevo la mano a la boca. No me lo puedo creer. Yo jamás escribiría algo así.

Luis…

¿Tienes un hijo adolescente y necesitas algún recurso para lidiar con esa personita que va creciendo en tu casa? 

 

Laura nos da herramientas para que con imaginación ataquemos el día a día, y podamos encontrar soluciones, a las situaciones con las que nos podemos encontrar, e incluso, porque no? adelantarnos a las mismas.…. te apetece conocer más de Laura, te invito a que te sumes a  la inquietud de Laura por un mundo mejor en la educación, también en Facebook