Porque me quiero

Laura Borao - Porque me quiero

Mi primera reacción cuando las chicas me han contado que Nieves se traería esta noche a Montse al parque, ha sido de rabia con cierto gusto de posesión. Sé que a Luis le gusta mucho, le he visto dejarle notas en su pupitre, y que fui yo quien decidió romper nuestra relación porque me estaba destruyendo y que no debería molestarme, pero… No puedo evitarlo.

Hemos pasado mucho tiempo juntos y no hace tanto de eso. Fuimos primero amigos para convertirnos más tarde en pareja. Siendo mi amor y mi monstruo a partes iguales. Al principio, encantador y protector para pasar a ser odioso y posesivo. Cómo me embaucó y yo me dejé porque sentía que su lado bueno compensaba su cara oculta.

Aún recuerdo, hace un par de meses, lo asustada que estuve. Habíamos quedado que iríamos a la biblioteca a estudiar para los primeros controles. En casa de ambos estarían nuestros familiares y pensamos que era mejor opción ir a un lugar de calma y silencio. Bueno, en realidad, lo decidió él… Como cada cosa que hacíamos.

Después de haberme cambiado de ropa un sinfín de veces, pensando qué le gustaría a Luis, bajé para encontrarme con él. Aún no habíamos llegado a la esquina de camino a la biblioteca, cuando le dije, sin pensar, que finalmente mi casa se quedada vacía, paró en seco, me miró y sus ojos se habían llenado de una oscuridad nueva para mí. No era de enfado, ésa la conocía bien. Sonrió de medio lado y dijo:

- Cambio de planes. Hoy nos quedamos en tu casa.

Nunca imaginé cuáles eran sus verdaderas intenciones. Confiaba en él.

 

- ¿Es que no me quieres? –Me dijo cuando intentaba apartar sus manos de mi cuerpo.

Claro que le quería. Demasiado. Pero yo no estaba prepara para pasar “a la siguiente base”, como decían los chicos.

Dije “NO” cientos de veces, lo grité y lo lloré. Intenté apartarlo de mí, quitármelo de encima, pero él era mucho más fuerte que yo y… Dejé de gritar. Mi cuerpo estaba laxo, muerto. Él me miró al darse cuenta que no le chillaba, ni le golpeaba, ni intentaba apartarlo. Luis había ganado.

De repente, se levantó, cogió su mochila y, tirando al suelo la lámpara del recibidor, abrió la puerta, giró la cabeza antes de irse y me miró. Ya no era una mirada de amor… O tal vez era yo la que no lo veía de la misma manera.

No conté nada a nadie de lo ocurrido en mi casa. Durante un tiempo, incluso pensé que había sido culpa mía. Era yo la que no estaba preparada, pero era lo que se supone que hacían las parejas, pero yo no quería, aún no. Tal vez fui “una niñata”, como me dijo Luis días después. Pues tal vez sí, pero había elegido serlo yo.

Les dije a mis padres y a mis amigos que habíamos discutido, sin más. Él insistía. Venía a recogerme, intentaba sentarse a mi lado en clase, se empeñaba en acompañarme de vuelta a casa. Él seguía diciendo a sus amigos que éramos pareja y, todas las noches, acababa el día pidiéndome perdón hasta que… Apareció Montse. No es que hubiera llegado nueva al colegio, que va. Era nuestra compañera desde guardería, pero siempre había sido la friki de clase y pasaba desapercibida… Hasta que Luis se fijó en ella.

 

Solamente hay que ver cómo la mira de reojo desde el banco de los chicos. Está totalmente embelesado.

¿Me miraba así? ¿Tan pronto se había olvidado de mí? ¿Tan poco me quería en realidad? Espera Ania, ¿qué estás diciendo? Estás mejor sin él… Estabas totalmente anulada y que te deje en paz ha sido lo mejor que te podía pasar. Sí, es verdad.  

 

Cuando Montse nos avisa que se marcha (ya sabía yo que no iba a aguantar mucho allí con nosotras), él se da cuenta, se despide de sus amigos y estos lo animan a “llevarse el trofeo”. Neandertales. En fin, doy gracias por haber tomado la decisión correcta y le envío un mensaje:

Luis es todo tuyo

Está desconcertada y se gira buscándome. Yo disimulo y sigo la conversación de las chicas. Él va tras ella y empieza su cortejo. Algo se rompe en mi interior, pero sé que es lo mejor para mí.

 

Pasan las semanas y me veo tan reflejada en la mirada ciega de Montse que me da miedo. Ella está totalmente obnubilada y no se da cuenta de su poder de posesión. Todas las chicas que hemos estado o están a su lado, somos marionetas. Ahora me doy cuenta. Nos moldea y nos anula.

Tal vez debería hablar con ella, antes de que le pase algo…

 

-Tía, Ania, ¡Qué fuerte! ¿Has hablado con Nieves? –Interrumpe Raquel mis pensamientos.

-No, no he hablado con ella desde el viernes. ¿Qué pasa?

-Pues, fíjate, había quedado con Montse el viernes por la tarde y la dejó plantada. Además, de muy malas maneras. Lo hizo por whatsapp diciéndole que no le molestara y que solamente le interesaba estar con su novio. No sé qué se ha creído…

- ¡No puede ser! Si ellas son muy amigas… No me lo creo. –Dudo y sospecho.

No sé por qué me viene un nombre a la mente. O tal vez sí que lo sepa… Luis.

-No sé qué pasó entre vosotros, pero me alegro de que ya no estéis juntos. Te apartaste de nosotras y solamente tenías ojitos para él. Empezábamos a no tener espacio en tu vida. Pero, afortunadamente, ya no es así.

- ¿Tanto cambié? –Pregunto a Raquel, sorprendida por sus palabras.

-Tía, ¿de verdad me lo preguntas? – Chasquea la lengua i continúa describiendo todas aquellas veces que tuve que anular nuestros encuentros, las veces que se quedó esperando contestación de sus mensajes, las malas contestaciones que recibía por mi parte cuando me insistía en mis cambios de humor.

La abrazo y un “Lo siento” susurrado es suficiente para aclararlo todo. No quiero contarle lo que detonó nuestra ruptura porque aún no estoy preparada, me da vergüenza. Pero, cuando lo esté, lo haré y sé que no me juzgará.

 

Por la tarde, Nieves nos cuenta el encuentro que ha tenido con Montse esta misma mañana y nos hacemos cruces. Ambas estaban muy enfadadas porque creían que era la otra la que les había dejado plantadas. Discutieron. “Desde niñas que Montse no me hablaba así. ¡Cómo le ha cambiado el carácter a la niña!”, nos dice apenada.

- ¿Cómo ha sido capaz de negarme que me dijo que no la molestara más? Oye, que hasta que no le he enseñado los mensajes seguía echándome la bronca por haberla dejado plantada el viernes. – Dice Nieves, aún alterada por el altercado de esta mañana.

- ¿Y qué ha dicho después de verlos? –Le pregunto sorprendida por lo que nos cuenta nuestra amiga.

- ¡Na-da! Se ha quedado pasmada, como si no supiera nada de verdad. Pensando un par de segundos y se ha ido. ¡Lo que me faltaba para enfadarme más! ¡Me ha dejado con la palabra en la boca!

- ¿Dónde vas, Ania? –Me pregunta Nieves, interrumpiendo su discurso cuando ve que me levanto del banco.

- Voy a buscar a Montse. Ella no te escribió esos mensajes.

Oigo a lo lejos cuchichear a mis amigas, pero no me importa. Tengo que encontrarla antes de que… Por favor, por favor, que no le haya hecho nada. ¿Por qué no dije nada? ¡Tendría que haberla avisado!

 

Cuando la encuentro dirección a los lavabos, intenta escabullirse y no encontrarse conmigo. Gira de dirección y vuelve por donde había aparecido. Corro detrás de ella, la cojo del brazo para frenarla y hace un gesto de dolor. Me quedo petrificada. ¿Le ha hecho daño? Me mira a los ojos y lo veo todo. Me veo a mí. Agarro su mano, entrelazo mis dedos con los suyos y la dirijo a una de las aulas que, a estas horas, están vacías.

Una vez dentro, rompemos a llorar. Nos abrazamos y, cuando se tranquiliza, le cuento mi historia. Veo en sus ojos que se siente reflejada con mis palabras, pero aún se resiste a reconocerlo.

-No es lo que piensas, Ania. Él me quiere. –Lo justifica. Yo también lo hacía.

-Lo sé. Eso es lo que nos dice: “Lo hago porque te quiero”. ¿Verdad?

-Sí. –Asiente Montse, incrédula.

-Pues yo lo aparté de mi vida porque ME quiero. Pero, algo hice mal y fue no contarlo. No contárselo a mis padres, a mi profesora o a mis amigas. Cuando él desapareció, empecé a ser yo de nuevo. Vamos, debemos hacerlo, juntas.

 

 

 

 

¿Tienes un hijo adolescente y necesitas algún recurso para lidiar con esa personita que va creciendo en tu casa? 

 

Laura nos da herramientas para que con imaginación ataquemos el día a día, y podamos encontrar soluciones, a las situaciones con las que nos podemos encontrar, e incluso, porque no? adelantarnos a las mismas.…. te apetece conocer más de Laura, te invito a que te sumes a  la inquietud de Laura por un mundo mejor en la educación, también en Facebook