"La niña que vencía monstruos y olía las flores"

Mami me ha prometido que con las gafas mejorará mi visión, que podré ver detalles que nunca he llegado a alcanzar e incluso estudiaré mejor porque leeré sin forzar la mirada. Podré dejar de enmascarar mi dificultad para leer al no ver las letras y de disimular mis dolores de cabeza. O eso me dijo el médico que cura los ojos.

 

-Eso no significa que no tengas que estudiar y que solamente con leer a la primera será suficiente. Deberás esforzarte, superarte cada día y ser mejor en aquello por lo que sueñas…llevando gafas o no. La única diferencia es que ahora te será más fácil. Llevar lentes no te da súper poderes, o sí, pero no como los que salen en los cómics. 

Mamá siempre me explica las cosas con mucha calma para que yo las entienda.

 

He quedado con ella para que me recoja después de clase para ir a la óptica y me ha dicho que me dejará escoger modelo , previa selección hecha por ella (mis padres son mucho de “previa selección”). Le he pedido ir después al museo y comprobar esos detalles de los que habla mami.

 

-Papi, ¿te gustan?

-¿El qué, hija? No hagas como mamá que me hace ese tipo de preguntas para pillarme.

-Luego jugamos a pillar tú y yo si ella no quiere. Me refiero a las gafas rojas que mami me ha comprado.

-Perdona, princesa, papi te ha visto, te ha besado y te ha encontrado tan guapa y tan linda como siempre. –Me dice con una sonrisa enorme.

-Pues he ido a la tienda de gafas y mami me ha dejado escoger de entre 10 modelos de diferentes colores. El señor que me las ponía llevaba unas de color muy chillón que no me gustaban nada. Me he mareado un poco al principio, pero, cuando me he acostumbrado a llevar 2kg de peso sobre mi nariz ha sido fácil. Hasta he visto desde el otro lado del mostrador a una señora que tenía un grano en la barbilla. ¿Te das cuenta que antes de llevarlas no lo hubiera visto?

-¿No se lo habrás dicho? Que tú eres capaz. –Me interrumpe papi con cara de asustado.

-Te prometí que no lo volvería a hacer y casi se me olvida, pero, mami me ha lanzado una de sus miradas recordatorias y me he tragado la frase.

No sé por qué se ríe papá y sigo contándole.

-Luego hemos ido al  museo y el guardia no me ha tenido que reñir por acercarme tanto al cuadro para ver los trazos o “para oler las flores” como siempre me dice él. Me he mantenido en la barrera.

Mamá dice que no dan súper poderes pero yo estoy como si los tuviera.

-Papi, ¿vienes a mi cuarto después de cenar y te leo un cuento?

-Claro, princesa. –Me dice papi con una gran sonrisa. Él también está contento porque soy como Superman y su visión rayos X.

 

Papá se asoma a mi habitación y me dice que viene para que le lea el cuento prometido. Se sienta a mi lado y me da a elegir entre sus favoritos. Esta vez se lo leeré yo. 

Estaba tan entusiasmada que no me he dado cuenta que se había quedado dormido. Toca irse a dormir. Me quito las gafas, las guardo en la funda para que no se estropeen y me recuesto con papi.

 

Después de la euforia inicial y de una dosis de realidad, esta mañana no la veo de la misma manera (y no es que los cristales de mis gafas los tenga sucios).

-Mami, ¿y qué haré cuando los niños me llamen “cuatro ojos”?

-Cielo, no te preocupes por eso. Estoy segura que sabrás cómo reaccionar o qué contestar a aquellas personas que no les importe tu felicidad. Confirmame una cosa…desde que llevas estas preciosas gafitas rojas, te has encontrado un mundo nuevo que tienes que seguir descubriendo. Un mundo sin distorsiones en el que anteriormente estaba guardado para los ojos de los demás y no para los tuyos. –Solamente puedo asentir mientras ella continua hablando. –Seguro que estás contenta con todas las novedades que te encuentras por el camino. Así que, convencida de ello, solo importa que seas feliz.

Me miro en el espejo antes de salir de casa para ir al colegio y la verdad es que las gafas rojas resaltan mis ojos, los agrandan y me dan un aire interesante. Soy como Peter Parker cuando no es Spiderman.

 

 

Bajo del autobús del cole con una sonrisa de oreja a oreja porque mis amigas no le han dado importancia, incluso se las han querido probar y saber cómo les quedaban.

Cuando nos dirigimos a la puerta del centro, un compañero empieza a chillar para que lo oigan el resto.

-Monstruo gafudo, ¿tu padre te ha hecho esas gafotas con el culo de la botella? Mirad a la nueva empollona de la clase. –Dice riéndose.

-¿Qué pasa si llevo gafas? No me importa que me llames “cuatro ojos” porque las cosas realmente importantes se ven desde el corazón y, si tú solamente ves un monstruo en mi, será que tú no lo tienes. ¿Realmente te sientes bien metiéndote con tus compañeros? Pues que sepas que no me afecta en absoluto porque lo importante es que he dejado de ver monstruos a mi alrededor.

 

 

¿Tienes un hijo adolescente y necesitas algún recurso para lidiar con esa personita que va creciendo en tu casa? 

 

Laura nos da herramientas para que con imaginación ataquemos el día a día, y podamos encontrar soluciones, a las situaciones con las que nos podemos encontrar, e incluso, porque no? adelantarnos a las mismas.…. te apetece conocer más de Laura, te invito a que te sumes a  la inquietud de Laura por un mundo mejor en la educación, también en Facebook