Mi primera vez

-…¡Lo-la! ¡Lola, tu hija, no reacciona! Por favor, ven.

Las peores palabras que puedes oír a las dos de la madrugada la primera noche que tu hija duerme fuera de casa. El corazón se paraliza y a tu alrededor todo se tambalea.

- ¡¿Cómo?! – Respondo al teléfono sin saber si estoy soñando. Por favor que sea un sueño, una pesadilla cruel que elige la peor de tus preocupaciones.

-¡¿Candela?! Pero, ¿está bien? ¿Qué ha pasado? Nuria, ahora voy a tu casa.

-Bueno, hemos bebido un poco. Es que… Creo que ella un poco más. No sé. Lola, ven ya. Pero no estamos en mi casa. Nos vinimos al parque de…

Cuelgo el teléfono antes de que la mejor amiga de mi hija pueda decirme exactamente dónde se encuentran. Ahora la llamaré desde el coche, pero me imagino a qué parque se refiere…Ese al que no le dejo ir.

No puedo pensar con claridad. Respiro de manera incontrolada, mi pequeña, ¿qué ha ocurrido? Todo mi cuerpo tiembla. No debería haberle dejado dormir en casa de Nuria sin estar sus padres en casa. No fue buena idea, lo sé, pero insistió tanto, tanto, tanto… Y me miró con aquella carita de inocencia perenne, con mirada de cachorro abandonado un día de lluvia que me pudo y me convenció.

¿Dónde está el hermano de Núria? Era él el responsable de su cuidado. Él se quedaba en casa con las niñas y les ayudaría a estudiar.

No puede ser, ¿en qué estaba pensando? Soy la peor madre del mundo. Si le ha pasado algo… Yo… Yo… Tendría que haberle dicho que no. Es sencillo, primero la N y luego la O, NO. Pero, con 13 años tiene un poder hipnotizador que borra la palabra de mi vocabulario. Yo confiaba en ella y, ahora, ¿Candela bebiendo alcohol? No me lo puedo creer, si es solamente una niña. Sí, una niña que encontraré ahogada entre botellas haciendo “botellón”. Todo por mi culpa. Lola, deja de darle tantas vueltas y muévete.

Creo que nunca me he vestido tan rápido en mi vida, ni siquiera compruebo si los zapatos que he cogido son del mismo modelo. Lo importante es ella. Tengo que verla y asegurarme que está bien. Mi pequeña…

Cuando llego al parque, mi primera vez, -la (mala) fama le hace justicia- aparco en segunda fila porque no quiero entretenerme en buscar un espacio libre. Me sorprendo al ver a la cantidad de gente, adolescentes, concentrada en aquel lugar y una tira de coches aparcados en doble fila con los cuatro intermitentes puestos. Seguramente de padres que vienen a recoger a sus hijos y se quedan en un segundo plano a esperar a que ellos se decidan a marcharse. Tienen taxi asegurado. Me quedo pensando en ello más de lo que me hubiera gustado ya que tengo que encontrar a Nuria y a Candela, pero, pronto seré una de esos padres que esperan para asegurarse que llegan bien a casa.

Voy hacia la jauría de gente y me voy tropezando con botellas de todo tipo, niños tirados por el suelo, otros bailando música cuyas letras admiten hechos denigrantes, fumando cigarrillos que no huelen a cigarrillos, miradas de enfado por haber traspasado su santuario, … Pero todo aquello me da igual, yo solamente quiero comprobar que Candela se encuentra bien. Ya hablaremos después de todo lo que estoy viendo.

Cuando llego hasta ellas, Nuria me mira con ojos culpables llenos de preocupación.

-Es que no sabía qué hacer. Y yo no quería molestarte, pero, no sé, Candela no reaccionaba y me asusté. –Me dice su amiga y parece sincera.

-¿Qué ha pasado? ¿Cande? ¡¿Cande?!

Nuria intenta contarme todo lo que ha ocurrido, pero no puedo llegar a escucharla, me preocupo por mi hija, tirada en el suelo. Dormida.

-…Justo antes de que llegaras, ha vomitado varias veces y parecía que se encontraba mejor. Pero sigue sin reaccionar. Yo… Yo, lo siento de verdad. No quería que esto pasara pero pensé que sería buena idea venir con unos amigos del colegio. Pero, es que…, Candela no supo frenar y yo no quise dejarla sola…

-¿Dónde están esos amigos del colegio? –Le pregunto al darme cuenta que aquí, a nuestro alrededor, no hay nadie más. Estamos apartadas del bullicio.

-Verás, es que…, se han ido. –Me dice con los ojos anegados en lágrimas. Realmente está asustada. La han dejado sola con mi hija, seguro que cuando vieron que la situación les vino grande. Le miro comprensiva y le estrecho la mano agradeciendo que se quedara con Cande.

Cojo una botellita de agua de mi bolso y, llenándome la palma de la mano varias veces, le remojo la cara y la nuca. Le pellizco los mofletes e intento no zarandearla con demasiada potencia. Parece que reacciona, abre los ojos entornándolos, fija la mirada en los míos y sonríe, tranquila. Está a salvo y yo, también de darme un paro cardíaco.

-Nuria, cariño, nos vamos a casa ¿vale? Avisa a tu hermano que duermes con nosotras y que mañana te acercaré yo misma. Que no se preocupe que estáis bien.

-No puedo hacerlo, Lola. Me matará si se entera. Es que… Él… Él no sabe que nos hemos ido sin que se enterara.

-¿Y no crees que será peor si te llevo a casa y te ve en estas condiciones? –Le digo aunque estoy convencida que el susto le ha bajado parte del alcohol a los pies.

Asiente y escribe en su teléfono.

Entre las dos levantamos a Cande del suelo, le sacudimos la ropa llena de polvo y restos de… Mejor no pensarlo. Cada una la coge de un brazo y disimuladamente, intentando no llamar demasiado la atención, atravesamos el parque para llegar hasta el coche y poder salir de allí. En el recorrido, oímos cuchicheos, vítores y aplausos, e incluso, algún “Bien hecho” o “La has pillado gorda. Así se hace.” 

Estoy a nada de parar en seco y ponerlos a todos firmes, darles bolsas de basura y que recojan toda aquella porquería antes de marcharse. De repente me doy cuenta que estoy hablando como lo haría mi madre. Dejo pasar los comentarios y nos vamos hacia el coche. Tenemos que salir lo antes posible de aquí porque acabaré vomitando yo.

En el camino a casa, Nuria acaba durmiéndose también. Las observo y no puedo dejar de pensar en qué momento dejaron de ser unas niñas, mis niñas. Calcomanías, las llamábamos porque siempre querían hacer lo mismo que la otra, o ponerse la misma ropa e incluso peinarse igual. Y aunque cada una tiene su propia personalidad, son inseparables. Mira, incluso su primera borrachera ha sido juntas. Niego sola ante mi ocurrencia.

Cuando llegamos a casa, entre Nuria y yo la llevamos a la habitación. Le presto un pijama y se acuesta.

-Mi hermano me va a matar, Lola. ¿Me adoptarías?

-No te va a matar, Cielo. Tranquila. Te adopte o no, tenemos una conversación pendiente que la dejo para mañana. Tu hermano te adora…

-No, no, de verdad. Me acaba de contestar y me dice literalmente “Mañana te mato” y con muchos emoticonos de calaveras y cuchillos.

No puedo evitar reírme ante la cara de pánico de Nuria. En las consecuencias deberían haber pensado antes de escaparse. Otra vez aparece la voz de mi madre. ¡Qué sabia era y yo no me daba cuenta!

Cuando desvisto a Cande, su ropa y su piel huelen tan mal que decido darle un baño. Creo que quemaré la ropa en la hoguera en una ceremonia ancestral para pedir a todos los dioses que mi pequeña no vuelva a pensar que ya es adulta para tomar este tipo de decisiones.

Como puedo, con mucho cuidado de no acabar yo haciendo el pino puente en la bañera, la meto despacio en el agua y la voy enjabonando como cuando era mi pequeña princesa. Aquella época en la que confiaba tanto en su madre que me contaba todo lo que le pasase por la cabeza. Ni cuando le enjuagaba el pelo y le caía agua por la cara paraba de hablar. ¿Dónde está aquella princesita? ¿Desaparece con un número indeterminado de lavados?

Ahora, en este preciso instante, con su cuerpo lánguido, en un estado semiinconsciente, me permito derramar las lágrimas que han resistido salir.

¿Cómo la he educado estos años para que acabe hoy así? Que los adolescentes tienen que experimentar lo tengo claro; que quieran demostrar ser más mayores, también; que quieran pertenecer a un grupo, de acuerdo… Pero, ¿tiene que ser bebiendo tal barbaridad de alcohol que le haga caer inconsciente? Mañana tengo que hablar seriamente con ellas, que me hablen de esas amistades, explicarles los peligros que conlleva el consumo de alcohol y drogas, sus consecuencias. Ojalá lo hubiera hecho antes. En fin, tendré que enfrentarme a ello mañana, hacerme a la idea de que se hace mayor y pedir que pase rápido.

La cojo de nuevo en brazos para acostarla, es tan adorable que no puedo entender cómo ha cometido tal error esta noche. ¿Por qué?

-Mmmm, mami… -Me dice al dejarla en la cama y vuelve a dormirse plácidamente. En unas horas despertará deseando arrancarse la cabeza…Otra de las consecuencias…

-Cande no quería beber tanto, de verdad. Ellos la obligaron. Se reían de ella y luego se largaron.

Nuria interrumpe mis pensamientos, pero al girarme, sigue dormida.

¿Ellos? 

¿Tienes un hijo adolescente y necesitas algún recurso para lidiar con esa personita que va creciendo en tu casa? 

 

Laura nos da herramientas para que con imaginación ataquemos el día a día, y podamos encontrar soluciones, a las situaciones con las que nos podemos encontrar, e incluso, porque no? adelantarnos a las mismas.…. te apetece conocer más de Laura, te invito a que te sumes a  la inquietud de Laura por un mundo mejor en la educación, también en Facebook