La sonrisa del profesor, es contagiosa

Laura Borao - La sonrisa del profesor, es contagiosa

¿Qué quieres ser de mayor? Una de las cuestiones universales y recurrentes que familiares y profesores, cada cierto tiempo, nos preguntaban, preguntan (preguntamos) y preguntarán (preguntaremos).  Ésa y la de “¿Tienes novio-a?” cuando no has superado los seis años. A los trece no se pregunta por si la respuesta es afirmativa. Pero esa es otro asunto.

 

En mi caso, sorprendentemente mi primera opción no era la educación…”Menuda responsabilidad”, pensaba. Y mírame, aquí estoy, disfrutando de la mejor profesión del mundo: la docencia. Sí, sí, has leído perfectamente y no me he vuelto loca (o tal vez siempre lo he estado).

 

Muchos se sorprenderán ante tal gerundio utilizado en el 3º trimestre, a tres meses de terminar el curso, cuando las energías nos van fallando y parece que a nuestros alumnos se les multiplique… ¿”Disfrutando”? Pues sí, disfrutándolo, cada día. De hecho, ¿cómo quiero que mis alumnos disfruten de las clases si yo no las disfruto? Es mi labor contagiar ese entusiasmo, la pasión que siento por mi profesión y por la asignatura que imparto y la ilusión con la que me despierto cada día.

“Confirmado, está como una cabrá”, pensarán.

 

¿Por qué quieres ser profesora? Porque quiero hacer sentir a mis alumnos lo que algunos de mis profesores me hicieron sentir a mí. ¡Qué suerte tuve en encontrar profesores que me hicieron desear aprender!

 

Yo quiero ser una de esas profesoras que hagan sentir… Quiero despertar la curiosidad en mis alumnos, que se ensucien las manos si así llegan a una conclusión; que razonen, investiguen y jueguen; que sean capaces de amoldarse a cada circunstancia que les depare la vida; que se atrevan, que fracasen y que se levanten; que se ayuden entre ellos y se respeten; que se sientan seguros para afrontar los retos que les propongan, que encuentren el camino y que les enamore…que se sientan satisfechos de su papel en la escuela. En definitiva, que sean felices.

 

¿Somos conscientes de lo que podemos influir en nuestros alumnos? Somos su modelo a seguir, su guía, el espejo donde se miran e incluso su gasolina; en ocasiones, sus confidentes y aliados. Sonríe, tenemos una responsabilidad para con ellos que adquirimos cuando nos decidimos y optamos por dedicarnos a educar. Sigue sonriendo.

 

Menudo trabajo me he buscado. No es nada fácil ¿verdad? No podemos desistir. Piensa en aquellos alumnos de los que te sientes orgulloso. En todos ellos. Del que sabías que llegaría lejos desde que lo conociste y le diste alas para que volara. O al que le diste el material necesario para que las construyera (porque depende de las capacidades de cada alumno). Piensa también en aquel que se sentía incomprendido y su labor era “hacerte la vida imposible” y que, afortunadamente te/le preguntaste “¿Por qué?” y a partir de ese momento empezó una nueva aventura. O en aquel que, pasado el tiempo, aún viene al colegio y te recuerda y te da las gracias por todo lo que hiciste por él (y no sabes bien por qué). Y el que te dice “Le echo de menos, Srta.”  cuando ya no te tiene como profesora pero te lleva en el corazón porque simplemente un día le escuchaste, le sonreíste y le conquistaste. ¿Sonríes?

 

Nadie olvida que, además de profesores, somos personas. Las cosas que nos ocurren nos afectan, como a todos. Has ido a trabajar con fiebre, has pinchado una rueda del coche o se te ha escapado la libélula que tenías como mascota, no es excusa para que tus alumnos lo paguen. No pasa nada si les dices que tienes un mal día, lo entenderán. Depende de ti y de tu actitud que el día vaya a peor. Porque cuando le sonríes a un niño (a la vida), se contagia, fluye. Pero, cuando le frunces el ceño, es peor.

“¿Y tengo que actuar delante de mis alumnos si realmente no me siento feliz?” De la misma manera que ejerzo (sin titulación) de psicóloga, policía, enfermera, informática, bombera, consejera matrimonial, electricista o barrendera, puedo “interpretar” delante de mis alumnos que todo va genial.

Ellos no tienen la culpa o, en ocasiones, sí. Por eso tu sonrisa es contagiosa. Haz que sonrían y te alegrarán el día. Demuestra tu entusiasmo y se sentirán entusiasmados. Respétalos y escúchalos porque te admirarán de por vida. Juega, sonríe, diviértete y aprende con ellos y de ellos. Ríete con ellos. Ejerce de madrastra malvada cuando sea necesario, en un futuro te lo agradecerán aunque en ese momento te fusilen con la mirada. No importa, sabes que valdrá la pena.

 

Recuerda cuando eras estudiante (seguramente hoy sigas formándote). ¿Ya está? Pues sé ESE PROFESOR que te hubiera gustado tener (o que tuviste la suerte de tener), el que quieres que te dé clase en tus cursos de reciclaje o el que quisieras para tus hijos. Lucha por serlo, tiene recompensa.

 

Sigue sonriendo, depende de ti.

 

 

¿Tienes un hijo adolescente y necesitas algún recurso para lidiar con esa personita que va creciendo en tu casa? 

 

Laura nos da herramientas para que con imaginación ataquemos el día a día, y podamos encontrar soluciones, a las situaciones con las que nos podemos encontrar, e incluso, porque no? adelantarnos a las mismas.…. te apetece conocer más de Laura, te invito a que te sumes a  la inquietud de Laura por un mundo mejor en la educación, también en Facebook