La dura vida del estudiante…

Laura Borao - La dura vida del estudiante...

Una vez superado el inicio de curso, la siguiente vaya que debemos saltar los alumnos (y los docentes), son los primeros controles realizados con el fin de comprobar qué nivel de asimilación han adquirido durante estas semanas.

 

Una reacción, la risa por el pesar con el que entona tal afirmación y me da por pensar en todo aquello que perderá cuando empiece su vida de “adulto”. Una mirada furibunda me hace entender que lo cree realmente así y que lo está pasando mal, que lleva un gran peso a sus espaldas. Es su peso y lo siento.

 

Casualmente, días después, hablando de los hijos (en general) con una muy buena amiga, saca este tema. Me sorprende oírla hablar así de la estresante vida que llevan sus hijos (y, en consecuencia, ellos) aun siendo mucho más pequeños que mis alumnos. No puedo evitar remontarme a mi época estudiantil de primaria, sonrío pues solamente pasan imágenes de auténtica felicidad: juegos, compañeros, anécdotas de clase, profesores, … Intrigada le pregunto por ello ya que pienso que debí estudiar en otra dimensión paralela donde mis recuerdos no emanan aquel “tétrico mundo” que se supone que viven hoy en día los estudiantes.

Escucho atentamente la descripción que hace de un día cualquiera de sus hijos: clases, a la salida, extraescolares, algo de deporte para luego llegar a casa y hacer los deberes y trabajos para el día siguiente, resistiendo a la fuerza sobrehumana que tiene el cansancio y que intenta apoderarse de sus almas.

Me explica, anteponiéndose a mi siguiente pregunta, que no pueden prescindir de ninguna de las actividades que realizan después de las clases ya que las extraescolares de idiomas las considera esenciales para su (competitivo) futuro y que, el deporte, ha sido por petición de los propios niños, además de ser saludable y trabajar valores que, su marido y ella, consideran esenciales.

Ante tal argumentación no puedo más que asentir y contarle el episodio con aquel alumno que se lamentaba de su vida estudiantil. “Tal vez la vida de estudiante universitario sea la buena… “, me dice.  “¿Qué tendrían que decir a esto los universitarios?”, pienso.

Nos fundimos entre nuestros pensamientos y el ronroneo del mar. Visualizo a mis alumnos (sí, en día festivo también están en mi mente), a los responsables, a los que trabajan, se preocupan y se esfuerzan. A los que compiten por conseguir el máximo, ¿cómo les afecta todo ese estrés? ¿Y a los que no hacen nada y les da igual cuatro que cuarenta? ¿No se merecen que nos preocupemos? ¿Y si bajáramos el ritmo de trabajos para casa? ¿Y si les hiciéramos más divertido todo ese tiempo que pasan en el aula? ¿Se “engancharían” y les motivaría para seguir investigando en casa? ¿Cambiarían de opinión?

Flashes de mi época de estudiante, noches durmiendo un par de horas, pasar los apuntes a limpio, estudiar, sudores fríos, lágrimas, dolor de barriga, hacer el resumen del resumen del resumen para comprobar una y mil veces que lo he entendido. Qué selectiva es la memoria que nos hace acordarnos solamente de lo bueno.

Creo firmemente en el trabajo duro y en el esfuerzo para conseguir nuestros objetivos. Está claro que no podemos tener a nuestros alumnos (hijos) en una urna de cristal, protegidos de lo que les vendrá.  ¿Podemos facilitarles las formas? ¿Podemos entender esa angustia? Si queremos que aprendan a empatizar,  ¿no deberíamos hacerlo nosotros con ellos?

Si yo he tenido la suerte de trabajar en una profesión que me apasiona y aun así acabo agotada. Aquellas personas que tienen trabajos que odian y que a duras penas resisten el día, ¿cómo se sienten aquellos alumnos que no les gusta estudiar, que no se sienten motivados o valorados por sus profesores o por sus padres?

Parte de mi responsabilidad, como docente, es hacer que mis alumnos disfruten, no solamente de mis clases, sino también de la vida del estudiante. Les hará trabajar más y mejor.

 

¿Tienes un hijo adolescente y necesitas algún recurso para lidiar con esa personita que va creciendo en tu casa? 

 

Laura nos da herramientas para que con imaginación ataquemos el día a día, y podamos encontrar soluciones, a las situaciones con las que nos podemos encontrar, e incluso, porque no? adelantarnos a las mismas.…. te apetece conocer más de Laura, te invito a que te sumes a  la inquietud de Laura por un mundo mejor en la educación, también en Facebook