La caída de las plumas

Laura Borao - La caída de las plumas

Si una tarde lluviosa de junio me descubro perdiéndome entre las lágrimas que se deslizan por la ventana, es que mi subconsciente me está pidiendo que pare, respire y oxigene mi mente. Son técnicas de distracción que utiliza para aliviar el excesivo trabajo de corrección que los docentes tenemos cada poco tiempo (y más en estas fechas). La verdad es que lo tiene fácil conmigo ya que no opongo demasiada resistencia. Seguro que bien oxigenada rindo más y mejor.

 

Esto me recuerda una ilustración (que seguro que han visto en alguna de las redes sociales o en algún grupo de whatsapp) de un búho profesor en dos momentos diferentes del curso, en septiembre y en junio. Cómo empieza el curso con su birrete, sus gafitas y bien peinado; y cómo lo termina, sin birrete ni gafitas, con las pocas plumas  que le quedan y la mirada de psicópata. Graciosa por lo acertada.

Muchos de nosotros, lamentablemente, nos sentimos identificados con este dibujo ya que empezamos cada curso con la ilusión de un año más, llenos de propósitos, proyectos, ganas de conocer a tus alumnos, llenos (ellos y nosotros) de aspiraciones y motivaciones. Incluso yo soy de las que, unos días antes, visito la papelería y huelo sus estanterías con los mil y un cachivaches,  me compro material de escritorio nuevo, mis bolígrafos de colores, rotuladores, libreta y agenda para estar preparada; la noche anterior duermo inquieta, nerviosa y emocionada por empezar. Ver sus caritas al día siguiente, algunas asustadas, otras dormidas y otras desafiantes. Un reto más, comienza el curso. “Empezamos en 3, 2, 1,…”.

 

¿Qué ocurre durante esos meses para que acabemos el curso “sin plumas” como el búho?

Cada uno de nosotros vivimos unas circunstancias en las aulas pero, con vuestro permiso, voy a generalizar. El ritmo acelerado del día a día, acabar el temario (porque si no se da hasta la última página del libro se abre un agujero en el suelo indicando el fin del mundo), formarse y buscar nuevos métodos para llegar y apasionar a nuestros alumnos, la frustración que supone no conseguirlo, la indisciplina del alumnado, la diversidad que encontramos en el aula y los pocos recursos para poder atender a todos nuestros alumnos, la adquisición de responsabilidades que le corresponden más a las familias, la cantidad de burocracia que la administración nos demanda, el escaso reconocimiento de nuestra profesión, el cambio de valores y el robo de energía son algunas de las causas de nuestra “caída de plumas”.

 

Hablemos de junio. ¿Ya? ¡Si hace dos días estábamos en marzo! Así sin más nos hemos plantado en el último mes de clases. Tercera evaluación, correcciones, Evaluación Final, correcciones, Festival, Graduación, preparar la convocatoria extraordinaria, últimas excursiones, viaje de fin de curso, juntas de evaluación, entrega de notas, etc. ¿Os suena? Además de lidiar con las circunstancias personales de cada uno, porque, aunque en ocasiones no lo parezca, somos personas, y todo esto se concentra solamente en un mes.

Por esta y otras razones siempre digo que la profesión del docente hay que vivirla desde la pasión…o como les gusta llamarlo a otros, desde la vocación. De otra manera sería imposible sobrellevarlo cada día.

Y es cuando piensas que ya no puedes resistirlo más, que no vas a sobrevivir al final de curso, que se te acerca uno de tus adolescentes (de los guerreros, de los que has invertido muchas más horas que con el resto para salvarlo de la nube de hormonas que le han acechado durante todo el curso) y te dice “Seño, ¿puedo darle un abrazo?”. Tardas unos segundos en reaccionar y entrecierras los ojos sospechando alguna maldad, confías en él y acabas dando el abrazo. Te sorprende porque lo mantiene, además es de los buenos, de los de oso. Y, justo cuando ha derribado la barrera de seguridad, acaba diciéndote “Gracias”. Una simple palabra que te da las fuerzas necesarias para seguir adelante y terminar.

Acaba junio (y para algunos julio) sin plumas pero satisfecho por involucrarte, arriesgarte y dedicarte a la profesión más bonita del mundo.

 

 

¿Tienes un hijo adolescente y necesitas algún recurso para lidiar con esa personita que va creciendo en tu casa? 

 

Laura nos da herramientas para que con imaginación ataquemos el día a día, y podamos encontrar soluciones, a las situaciones con las que nos podemos encontrar, e incluso, porque no? adelantarnos a las mismas.…. te apetece conocer más de Laura, te invito a que te sumes a  la inquietud de Laura por un mundo mejor en la educación, también en Facebook