Escribiendo…

El pasado viernes presenté por segunda vez mi última novela juvenil en valenciano, pero, al contrario que Umbral, yo no “vengo a hablar de mi libro” sino del poder de la escritura.

Nunca imaginé ponerme al otro lado del lector. Yo que utilizaba todas mis horas libres a leer, a adentrarme en las aventuras que otros creaban y a perderme entre los personajes imaginando cómo serían siguiendo las indicaciones del narrador. En cambio, un día un alumno me retó y —conocido en el mundo entero es que un profesor no puede negar un desafío— lo rechacé en primera instancia ya que no me veía capaz de salir de aquella zona de confort que me provocaba ser el receptor de las historias que leía. Pero, tengo que reconocer que abrió una grieta en aquella coraza que ni siquiera sabía que llevaba. Y cuando digo que lo mejor de ser “seño” es que no paras de aprender de cada uno de tus alumnos, son ejemplos como este que lo demuestran.

Aquel alumno, junto con los ánimos de otros compañeros, hicieron que me picara la curiosidad y me hizo ponerme en movimiento. ¿Por qué no? No perdía nada por intentarlo. Me armé de valor y me puse a ello. Auné mi experiencia como profesora y mis recuerdos para averiguar qué tipo de libro podría crear para que gustase y motivase a leer a unos adolescentes que habían perdido la esperanza en encontrar algo que realmente les interesase y les atrapara tanto como para llegar hasta el «Fin». Así nació Princesa d’Or, la primera novela.

Sabía que era complicado que una editorial publicara una historia de alguien que no conocía nadie y estaba convencida que acabaría en el cajón de la mesita de noche. Pero, Tabarca Editorial me llamó interesándose en hacerlo y siempre les estaré agradecida por ello porque lo hicieron posible.

Hoy en día aún me sorprende la buena aceptación de la novela. No me acostumbro a los elogios, me sorprenden las críticas positivas y saber que, adultos que no están acostumbrados a leer en valenciano, o que han dejado de usarlo desde que salieron del colegio, han vuelto a leer en nuestra lengua gracias a esta primera novela. O alumnos que no se terminaban ninguna de las lecturas que los profesores les recomendábamos leer, los oigas decir “El primer libro en valenciano que me termino”; o que vengan a buscarte alumnas que aún no les has dado clase para decirte que les ha encantado la historia y que están deseando leer la segunda parte (que no existe, aún); u otros que te dicen que no les ha gustado nada el final… Y te lo apuntas porque de todo se aprende, de lo bueno, pero también de lo malo… Porque quien escribe tiene el poder de elegir cómo será la historia, cambiar el final tantas veces como sea necesario, por ejemplo, hasta llegar a la seguridad de que ese es el acertado.

Pero también tiene el poder de hacer sentir a los lectores las mismas emociones, o no, que le hicieron sentir mientras escribía aquellas letras; o de reunir a gente que tienen algo que ver contigo o que no te conocen personalmente pero sí a través de tus historias y tienen curiosidad por hacerlo. Y eso pasó el viernes. Muchos de los presentes ya habían estado en la presentación de Papallona de Cristall en la pasada Fira del Llibre de València, a los que llamo cariñosamente «el meu club de fans» y que, a pesar de seguir todo lo que hago, aún se asombran porque siempre surge contar algo nuevo. Contestar preguntas sorprendentes de una niña, hija de una compañera que me ve casi diariamente en mi faceta de profe, curiosa por saber cómo era capaz de escribir libros. O que algunos de tus alumnos elijan venir a verte un viernes por la tarde en vez de pasarlo con sus amigos… Emociona e ilusiona. El poder de la escritura no solamente hace milagros con los lectores sino también con quien escribe. A pesar de los momentos de frustración, de las horas de soledad, del sacrificio, del poco tiempo disponible para crear o de las musas juguetonas y caprichosas que no siempre aparecen cuando tú estás delante del ordenador ni te hablan de las historias que, en un inicio, quieres contar… A pesar de todos los inconvenientes, me hace feliz hacerlo.

 

Cuando voy a los colegios a dar charlas sobre lectura, como en mis clases, me gusta observar y escuchar lo que los alumnos tienen que decir. He aprendido a discernir a quiénes les gusta leer o a quiénes les haría ilusión convertirse en escritor antes de preguntarlo abiertamente y siempre los animo a perseguir sus sueños. A intentarlo. Si me ha pasado a mí, puede pasarle a cualquiera.

Intento reflejar en ellos la suerte que he tenido al encontrarme a personas que me han alentado y demostrado que TODO ES POSIBLE, simplemente hay que luchar por lo que quieres y aprender del camino con pasión.

 

Sigo escribiendo…

¿Tienes un hijo adolescente y necesitas algún recurso para lidiar con esa personita que va creciendo en tu casa? 

 

Laura nos da herramientas para que con imaginación ataquemos el día a día, y podamos encontrar soluciones, a las situaciones con las que nos podemos encontrar, e incluso, porque no? adelantarnos a las mismas.…. te apetece conocer más de Laura, te invito a que te sumes a  la inquietud de Laura por un mundo mejor en la educación, también en Facebook

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