Flippeando en 3, 2, 1…​

Andaba noviembre de 2016 cuando los profesores Rafa Ávila y Pepe Arcos impartieron uno de los módulos de posgrado de Maecenas Educación, Flipped Classroom. Hace ya año y medio de aquello y sigue tan presente porque… Funciona.

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Hoy empiezo el artículo con una frase de César Bona que, todo aquel que se dedique a la educación por vocación, estará de acuerdo con él: “Educar es un acto de amor”.

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Como decía una canción del Dúo Dinámico (mis alumnos no los conocerán, pero es lo que tiene ser hija de una de sus fans), “Ha llegado el final…”

Nos falta tiempo, pero...

¿Demasiado ocupada? Llega el final de la evaluación, aumenta el ritmo, los nervios a flor de piel, pisas el acelerador mientras haces malabarismos para llegar hasta el último contenido programado y, además, estás metida en plena revolución educativa. Momento de cambios.“Llevas años ejerciendo la docencia, ya tendrías que estar acostumbrada. Mejor si te dejas arrastrar por la inercia… Llegas, das clase y te vas. “, me dice, de vez en cuando, el diablillo que se posa en mi hombro. Sería lo más fácil ya que, ¿qué nos decían en la universidad que debíamos de hacer cuando ejerciéramos nuestra profesión? En mi caso, nadie nos habló de emociones, de disciplina, de familias o de (la infinita) burocracia; simplemente se limitaron a llenar de contenidos mi mochila para que hiciera yo lo mismo con mis futuros alumnos.  Ya entonces debía de ser la rebelde de mi promoción porque pedía más. No entendía que una licenciatura donde el 80% de los estudiantes se dedicaría a la docencia, no nos contaran cómo dar clase, qué nos podríamos encontrar o cómo podría llegar hasta el corazón de los adolescentes que en breve iba a tener delante.Sigo con mi rebeldía porque no me conformo con dar clase (que ya es mucho), quiero más, lo quiero todo. Quiero el entusiasmo y la curiosidad por aprender, la motivación, el contacto con los compañeros, el trabajo en equipo, hablar, compartir; pero, sobre todo, las sonrisas sinceras que recibimos por un trabajo bien hecho. Es nuestra recompensa, nuestra carga de batería.Pero, para todo ello necesitamos tiempo. Tiempo para reunirnos, coordinarnos, compartir experiencias, aprender juntos, investigar e innovar. ¿Demasiado ocupada para innovar? Sinceramente, pienso que los docentes (comprometidos) llevamos siglos innovando. Es decir, introduciendo novedades en nuestra forma de dar las clases… Va por defecto en nuestra personalidad.La única diferencia es que ahora disponemos de la tecnología para hacerlo y es de gran ayuda gozar de dispositivos móviles, aplicaciones u ordenadores para que los alumnos se sientan interesados en aprender. Aunque podemos llamar su atención de igual manera con, una pajita, dos vasos y agua para demostrar la ley de los vasos comunicantes, por ejemplo.Como he dicho antes, estamos en plena revolución educativa y nos interesamos por introducir en nuestros colegios las nuevas metodologías inductivas (ABP, Flipped Classroom, Gamificación, etc.), formarnos para dar lo mejor de nosotros, pero la Educación no es una cuestión de modas.Como dijo un profesor que tuve de ABP (de esos que quieres escuchar siempre), “Si no pescas, no culpes al pez y revisa el cebo pues tiene que gustar al pez y no al pescador”. Y en esa búsqueda me encuentro, pero con cuidado de no convertir a mis alumnos en animales de laboratorio con los que experimentar. Sí que podemos realizar pequeños cambios, de manera progresiva y seguir el binomio “prueba-mejora”. Una combinación de ambas metodologías, inductivas y deductivas, será la solución, en mi opinión, para ver crecer a nuestro alumnado. A pesar de las preocupaciones, las horas corrigiendo, preparando las clases, pensando en nuevas estrategias para el aula, en las reuniones con las familias, en la formación continuada en busca del Santo Grial o en la revisión y la evaluación de los diferentes programas y sus respectivos planes de mejora... A pesar de todo eso, nos falta tiempo (para lo que realmente es importante), pero… ¡Somos felices! No solamente lo digo yo, también un informe PISA que dice que poco más del 91% de los profesores están satisfechos con su ejercicio docente. Estoy de acuerdo, es una profesión totalmente vocacional y, a pesar de todos los inconvenientes, yo añadiría que: somos felices cuando nuestros alumnos lo son. La felicidad se contagia, ¿te atreves?  ​

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