Un lugar que te haga respirar

Cierra los ojos. Recuerda tu escuela, donde estudiaste cuando eras pequeño. Ahora, ábrelos y mira a tu alrededor. Observa los detalles, los espacios. Mira las paredes. Respira, huele. Compara ambas ¿Cuánto ha cambiado la estructura arquitectónica de los colegios? O mejor, ¿Cómo han cambiado sus aulas, la biblioteca, los pasillos, el comedor, la recepción o los talleres?Miedo me dan las respuestas a estas sencillas cuestiones ya que soy consciente de que no hemos sabido adecuar los espacios educativos a las nuevas metodologías. Si llevamos años (décadas) intentado innovar en educación, ¿porqué seguimos manteniendo las clases rectangulares, estrechas, con los pupitres dobles y situados en fila mirando hacia la pizarra? ¿Por qué hay tanta diferencia entre un aula de infantil a una de primaria? ¿Qué pasaría si utilizamos un proyector móvil que pueda hacer cambiar la distribución del aula cada vez que lo consideremos? ¿Y si damos clase en el patio? ¿Y si no hubiera pasillos?En esta revolución que intentamos provocar en educación, nos hemos quedado cojos al no dotar de la importancia que se merece el diseño de los lugares en los que enseñamos (y aprendemos). ¿Qué nos hace sentir los espacios cerrados, con poca luz natural, sin ventilación, con mesas inamovibles y con una idea estática de cómo utilizarlas? A mí, estrés, claustrofobia, tensión, desilusión, tristeza, insatisfacción o nerviosismo. ¿Cómo influye en nuestras emociones? ¿Y en la de nuestros alumnos? ¿Quién no ha pensado, en alguna ocasión, que una determinada aula estaba maldita, tenía malas vibraciones o estaba construida sobre un cementerio indio que provocaba que, quien entrara allí, como poco, saliera con sarpullidos? Cada vez estoy más convencida que el entorno influye en el aprendizaje. Deberían ser espacios que despierten la curiosidad, la atención, la creatividad, los juegos, las emociones, el respeto, la colaboración, la comunicación, etc. Lugares hechos para niños… ¿Por qué la mayoría de los alumnos no llegan al mostrador de recepción? ¿O a la mesa de profesor? Por cierto, ¿qué función tiene la mesa de profesor? Actualmente, ¿qué sentido tiene? Solamente pienso en el espacio libre que dejaría para (des)montar el aula y hacer estructuras diferentes. Según la European Schoolnet, en la descripción de su proyecto sobre las aulas del futuro (Future Classroom Lab) nos dan las directrices que favorecen el desarrollo integral de las competencias en sus discentes, diferenciando las zonas necesarias en el aula: Zona para “investigar” (Investigate): Espacio para trabajar en grupo, explorar e investigar. Resolución de problemas o programación de robots.Zona para “Interactuar” (Interact): Con pizarra interactiva. Fomento de la interacción y la participación.Zona para “Desarrollar” (Develop): Realizan manualidades, ver vídeos, escuchar podcasts o experimentar con app.Zona para “Crear” (Create): Creación de vídeos y presentaciones.Zona para “Intercambiar” (Exchange): Trabajo en pequeños grupos, ABP y habilidades para la dirección de proyectos.Zona para “Presentar” (Present): Área para presentar sus trabajos que favorece la participación y el debate. ¿Cuándo es futuro? La escuela debe ser un lugar que transmita la esencia y los valores de la institución y no ser contradictorios. Espacios que transmitan paz, calidez, ilusión, y serenidad harán centrar nuestra atención y la de nuestros alumnos.¿Cómo nos sentimos cuando estamos en un lugar que nos recuerda algún momento feliz, un espacio abierto, con luz natural, en el que puedas respirar? ¿Cómo afecta a nuestro cerebro? Referente a esto, ha nacido un nuevo concepto, “Neuroarquitectura” donde se pretende adecuar el entorno arquitectónico a una mejora en el proceso de enseñanza/aprendizaje. Mejores espacios, mejor rendimiento. Es una asignatura pendiente igual de importante que el resto de innovaciones educativas. “La arquitectura es la voluntad de la época traducida a espacio.” Mies van der Rohe (1886 – 1969).​

Todos los caminos llevan a Roma

Primer día de colegio, abrazos, sonrisas, presentaciones y cuentacuentos estivales. Empiezan las clases y con ello, las indicaciones que les damos de cada asignatura a nuestros alumnos. Para muchos (demasiados), las mismas directrices de cada curso. Distintos alumnos, mismos quehaceres.Todos te observan expectantes para conocer las novedades que les puedes ofrecer. En ese momento son tan inocentes que incluso piensan que este año puede ser distinto al resto de los cursos pasados dónde los roles entre docentes y discentes se repartían las funciones de orador y simples espectadores. ¿Adivinas quién es quién?Pero, ¿se pueden hacer las cosas de manera diferente? ¿Lo intentamos?Es más simple de lo que pensamos y muchos (no los suficientes) lo hacemos sin saberlo porque no ha llegado alguien para decirte que lo que estás, o llevas haciendo desde hace años, forma parte de la innovación educativa que está “revolucionando” el sistema.Si notas movimiento bajo tus pies, puedes empezar por pequeños detalles, incluso por entrar sonriendo a la siguiente clase porque tus alumnos no se merecen que pagues con ellos lo que otros te han provocado. ¿Es innovador? Tal vez no, pero sí efectivo (para ambas partes). Un simple gesto que provocará que estén más receptivos y abiertos a lo que pretendas enseñarles.¿Has probado con poner los pupitres en grupo para que trabajen en cooperativo? ¿En utilizar el juego como base de aprendizaje? ¿Usar tecnología móvil como herramienta en clase? ¿Unir varias asignaturas y diseñar un proyecto conjunto que les lleve a hacer “real” lo que intentamos enseñarles? ¿Grabarte en vídeo explicando el apartado que quieres que aprendan y que lo vean desde casa tantas veces cómo necesiten?Si estás leyendo un artículo de este tipo es que te preocupas por mejorar tu papel dentro del ámbito educativo. Es más, estoy segura que muchas de estas cuestiones son afirmativas y las has puesto en marcha en tus aulas. Y ahora te pregunto, ¿qué pasa con la evaluación? ¿Seguimos haciendo exámenes “tradicionales” con carpeta azul (la de siempre) en medio de pupitres dobles (seguramente verdes) para intentar evitar que se copien pero que sus cuerpos ya sobresalen tres cuartos por encima? ¿No es un poco incongruente querer innovar en tus clases pero después seguir evaluando como siempre? Hay infinidad de técnicas e instrumentos de evaluación a los que puedes acceder y que se adecuan a la mejor opción para el aprendizaje de tus alumnos.Esa “revolución” de la que muchos hablan debe de empezar por la evaluación. Pensar en cómo medir el aprendizaje de nuestros discentes es esencial. Intentar evitar que aprendan de manera memorística, que lleguen al examen, vomiten sobre un papel en blanco y que no sepan ni lo que están escribiendo. ¿De qué nos sirve? Y no hablo de eliminarlos por completo ya que considero que es parte fundamental del aprendizaje el entrenamiento de la memoria, pero, estoy hablando de poder combinarlo con otros instrumentos.La evaluación, en el sentido más amplio, nos tiene que hacer crecer, transformar, reflexionar y cambiar el mundo. Los debates, la investigación, el pensamiento crítico, los portafolios, los cuadernos de los alumnos, llegar a la solución final a través de la gamificación, etc. Pueden servir de pruebas / muestras de su aprendizaje donde nosotros podremos registrarlo a través de la observación, las rúbricas, las dianas, listas de cotejo o las escalas de calificación.¿Podemos combinar los dos estilos? No son contrarias, podemos convivir con ambas. Todas ellas nos llevarán a través del camino... Porque todos los caminos llevan a Roma.¿Lo intentamos?​

De otro planeta​

De otro planeta (o es lo que me parece a mí) somos algunos (muchos) profesores / maestros a los que nos apasiona nuestro trabajo, la educación; disfrutamos con nuestros alumnos y no nos importa crecer con ellos, es más, nos lo pide el cuerpo.Pues sí, debemos ser extraterrestres venidos de algún planeta aún por descubrir. Más de uno seguro que lo piensa en el sentido amplio de la palabra, pero, ¿qué le vamos a hacer? Somos de aquella clase de personas que invertimos tiempo (más del aconsejado) durante las vacaciones, los fines de semana, las tardes e incluso en sueños y que intentamos maquinar diferentes formas de llegar a Ellos. Y, sin embargo, somos felices intentándolo, esforzándonos, porque, en nuestro contexto educativo, son lo más importante y nosotros, los responsables (o al menos, uno de ellos).Hemos pasado el verano (o parte de él, porque también necesitamos descansar y desconectar) programando, creando, organizando e investigando la fórmula de la eterna juventud, digo…, la fórmula para conectar con nuestros alumnos.¿Es sano? Algunos (tal vez muchos, demasiados) dirían que no, pero a los “extraterrestres” nos apasiona crear recursos nuevos, creer que es posible entusiasmar a nuestros alumnos, sea cual sea la materia que se imparta, y crecer (en todos los sentidos) al mirarles a los ojos y verles ilusionados por aprender, por querer saber qué les puedes aportar (y no solamente hablo de conceptos).Y después de todo eso, aún así, viviremos un nuevo curso lleno de incertidumbres aplicando “fórmulas” antiguas, otras mejoradas y las de nueva creación, sin saber con exactitud cuáles funcionarán mejor ya que nos guardan muchas sorpresas que nos irán descubriendo y, todo ello, será lo que haga tan interesante nuestra labor. Lo importante es (querer) estar preparado.Estos días de final de verano, los grupos de whatsapp se llenan de “memes” introducidos por “Para los profes del grupo” sabiendo, antes de descargar la imagen, qué es lo que vamos a encontrar.Los que somos de otro planeta, ponemos los ojos en blanco y escribimos con total sinceridad: “Pues a mí me apetece volver”. Volver a sentir el bullicio, los reproches, el estridente ruido al arrastrar una silla o un pupitre, los balonazos en el patio, los objetos lanzados cuando piensan que no miramos, las correcciones, las imitaciones que hacen de sus profes, las faltas de ortografía, la apatía, las hormonas revoloteando y llenándolo todo de una esencia espesa,…, pero también, deseosa de sentir el compañerismo, las sonrisas, los juegos, la pasión, las ansias por aprender, los retos, la ilusión, los abrazos y el crecimiento mutuo.Sentir…Cómo, días antes al inicio de curso, nos encontramos en nuestros lugares fetiche (papelerías y librerías) y nos reconocemos en una mirada de soslayo, nos sonreímos y afirmamos con la cabeza. “Sí, yo también”, pensamos cargados con un sinfín de material en el carrito de la compra, preparados para organizarlo todo.Cómo nos animamos, ilusionamos y motivamos si alguno de nosotros desfallece ante las inseguridades que provocan, en ocasiones, las nuevas tecnologías o nuevas asignaturas o, incluso, el nuevo curso. Porque ante todo somos habitantes de otro planeta, especie a la que investigar que, como buenos “hermanos”, juntos somos invencibles.Cómo cogemos de la manita a uno de nuestros alumnos el primer día de clase, para acompañarlo al aula y algo te impide avanzar. Hasta que eres consciente que es su mamá/papá que agarra fuerte su otra manita por miedo a abandonarlo allí. Te mira a los ojos y te pide en silencio que confía en ti lo suficiente para dejarte a su tesoro más preciado el resto del día. Sonríes. Lo suelta  y te conviertes en su mamá del cole a partir de ese instante.Cómo vivimos la enseñanza desde la pasión. Es increíble dedicarse a la profesión más bonita del mundo… Aunque seamos de otro planeta, ¿verdad? ¡Qué la fuerza nos acompañe! (Por lo menos hasta final de curso).​

Laura Borao - HOLIDAYS

Holidays

¡Por fin vacaciones! Ah, no, espera un poco que no, que no nos vamos todavía. Voy a confesaros algo, resulta que aquello de “¡Qué bien viven los profesores con tres meses de vacaciones!” , es mentira. Un familiar siempre me decía: “El mejor empleo del mundo es el trabajo de un cura, el sueldo de un ministro y las vacaciones de un maestro”.Para las nuevas generaciones de futuros maestros, no escojáis nunca la educación por las supuestas vacaciones que se tienen. No os compensarán si realmente no lo hacéis de corazón. Seguramente muchos de los que lean estas líneas conocerán a más de un docente que ya esté de vacaciones, haberlos haylos, pero no hay que generalizar ya que hay muchos otros que seguimos trabajando en el centro o en casa o en la playa o en el pueblo de los abuelos…Porque, quien es profesor de vocación (de los de verdad), le resulta muy complicado desconectar, dejar de preparar sus clases para el curso que viene, mejorar aspectos que no le funcionaron, innovar para sus futuras clases o se plantea (debería siempre) algunos cambios aunque el curso pasado haya funcionado…Porque ser profesor no es solamente “tener muchas vacaciones”. Están formando y colaborando estrechamente con las familias (las que se implican que, afortunadamente son muchas) para educar personas que el día de mañana serán nuestros mecánicos, ingenieros, dependientes, médicos o granjeros, que, casualmente, son los hijos de la gente que infravalora esta profesión. Aún queda un poco más. Un último esfuerzo. Un último empujón. Un último intento. Solamente quedan unas recuperaciones, unas pocas memorias más, unas cuantas programaciones, muchas reuniones, no nos olvidemos de la confección de los distintos planes de mejora de los anteriores planes de mejora o unas revisiones de todos los planes confeccionados durante el curso, que no ganamos para todas las siglas que utilizamos.Por favor, hagan llegar unos sacos de automotivaciones. Unos “Tú puedes” (o “You can” que parece que si te lo dicen en inglés lleva doble dosis), unos más de “Eres bueno” o  “Ellos no podrán contigo” no estarían nada mal en estas fechas en las que nos encontramos. Quien es padre/madre sabe lo que cuesta educar a un hijo. Lo que cuesta que adquiera unas habilidades, que sea respetuoso, amable, constante, que además estudie, etc. Todas esas labores, dependiendo de la etapa (cada una tiene su aquel, no nos confiemos), que se trabajan en casa y que la escuela colabora a seguir adelante y en muchas ocasiones esa labor no es valorada lo suficiente por tener “muchas vacaciones”. Y es curioso que cuando más se acuerdan de ellos es en la época estival, durante las vacaciones que comparten con sus hijos, cuando pasan más tiempo con ellos que dicen “¡Qué ganas tengo de que empiece el colegio!” ¿Ah, si? Otros, afortunadamente, empatizan con la labor docente sabiendo las dificultades que ellos encuentran teniendo uno, dos o tres hijos. ¿Qué pasa cuando entras en clase con 25 o 30 personitas tan diferentes entre ellos? ¿Cómo resuelves esa ecuación? Pues de la mejor manera posible, respirando hondo, sonriendo, aplicando el sentido común y recordando por qué te hiciste profesor…Para aprender de cada uno de ellos mientras intentas enseñarles algo. Quien tiene un docente cerca o convive con él (tiene un tesoro), seguro que habrá lanzado frases como: “Siempre estás trabajando”, “¿Qué haces con esas cartulinas?”, “Deja de corregir y descansa” o “Apruébales a todos”. Y ellos te habrán contestado, “Sí, acabo ya. Es que tengo que prepararme la clase de mañana para hacerla más motivadora”, “Es que tengo a Pepito que no sé qué le pasa y estoy investigando para ver cómo puedo llegar a él” o “Espera que conteste este correo de la madre de Pepita y voy a cenar”. Yo soy una privilegiada, y no por las vacaciones, sino por poder trabajar en lo que me apasiona y saber que cada uno de mis alumnos se lleva un pedacito de mí (y yo de ellos). ¡Seguimos luchando!  ​

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