¿Cómo aprendemos?

Hace unos días cuidaba una clase de Matemáticas sustituyendo a un compañero y, después de darles las directrices de trabajo, decidí sentarme en uno de los pupitres (como una alumna más) a observar y escuchar hablar de números, operaciones y planes.

No sé si habéis podido comprobar o si os ha pasado lo mismo en alguna ocasión, pero, cuando me senté, desaparecí de su radar de alarma y dejaron rienda suelta a su ser de aprendizaje. Estaban concentrados realizando la tarea que su profesor les había dejado. Algunos absortos trabajando en solitario, a su ritmo; otros, repasando en grupo pidiendo que alguno de ellos les explicara el ejercicio; y, alguno que otro de los que les gusta que repita su nombre para volverlo a conectar a la tarea porque «sin saber cómo» se va de mini vacaciones en un suspiro (que también los hay).

Cuando quedaban quince minutos de clase, el más valiente me pidió repasar otra asignatura para el examen que tenían a continuación. De repente, todos me prestaban atención esperando mi respuesta. No hace falta decir que emplearon todas sus técnicas de seducción y no me pude negar. Cada uno repasó «a su manera»: explicaban en voz alta, escuchaban, redactaban el resumen del resumen, volvían a elaborar esquemas, etc.

Si miramos a nuestro alrededor y no dudamos de que las personas somos diferentes, tampoco tenemos por qué cuestionarnos que no aprenden de la misma manera.

Esto me llevó a pensar en el profesor Howard Garnerd que, con su «teoría de las Inteligencias Múltiples» en 1983, destapó la caja de Pandora e impulsó la renovación de las metodologías utilizadas en el aula para poder tratarlas. Su teoría no consiste en monopolizar con una de ellas a un alumno si observamos que se le da mejor una inteligencia que otra, sino que se deberían desarrollarlas todas. Realizar trabajos, explicaciones, etc. desde las diferentes perspectivas y así poder fomentarlas todas. Con esto quiero decir que no son bloques estancos donde nos tengamos que posicionar, sino que fluyen entre sí para poder desarrollar las potencialidades en nuestros alumnos, aunque siempre se les dará mejor unas que otras.

Es una labor que se dificulta con grupos numerosos de alumnos, pero las nuevas metodologías como el aprendizaje basado en proyectos, problemas o retos, la clase invertida, la gamificación o el trabajo cooperativo, ayudan a su desarrollo.

No quiero robots con el mismo programa de ejecución en mis clases. Ellos han aprendido en cursos inferiores, por ejemplo, qué son y cómo se hacen resúmenes, esquemas o mapas conceptuales para poder estudiar. Pues como su profe, no puedo obligarles a que tomen apuntes de una determinada manera, o como a mi me funciona, porque ellos ya saben qué se les da mejor y no pasa nada si no es el mismo método que yo empleo. Nosotros también estamos en el proceso de enseñanza-aprendizaje y debemos amoldarnos también a las necesidades de nuestros alumnos.

Como siempre digo, el profesor tiene que servir de guía en este camino conjunto.

¿Qué pasa si un alumno necesita comprender lo que lee antes de memorizarlo? ¿De qué sirve memorizar sin entender si lo va a olvidar en cuanto lo vomite? ¿Qué pasa si cada alumno ha confeccionado su propio block de apuntes a su forma? Si un alumno no entiende un concepto y nos pide ayuda, ¿de qué sirve volvérselo a explicar diez veces más de la misma manera?

 

Os dejo algunas actividades para desarrollar cada una de las Inteligencias Múltiples en el aula:

 

Las exposiciones orales, la lectura y escritura; leer en voz alta y modulando la voz en la lectura de obras de teatro, preparar un programa de radio, elaborar un periódico o poemas colaborativos (a dos voces, por ejemplo) se adecuaría a la verbal.

Excursiones en las que los alumnos estén en contacto con la naturaleza, dibujar en el mismo lugar, plantar o recolectar (si se pudiera), confeccionar un herbario para observar el proceso de crecimiento de las plantas, o un proyecto de reciclaje en el aula corresponde a la naturista.

Los alumnos de secundaria expliquen los valores a sus compañeros de primaria, a través de los cuentos trabajar la empatía (por ejemplo) o visitar la ONG del barrio para conocer las diferentes penurias que viven niños de la misma edad que tus alumnos. Saber trabajar en equipo, ser un líder positivo o saber comunicarse con eficacia son algunas de las capacidades que te permite la inteligencia interpersonal.

Autoevaluarse para conocer sus debilidades y fortalezas, redactar un diario en el que se explique de manera clara sus emociones y cómo se han gestionado, o, a través de la lectura, hacer una reflexión expresando los sentimientos y opiniones que te ha producido la misma, estaríamos trabajando la intrapersonal.

Inventar una canción con los conceptos de la asignatura, escuchar canciones en diferentes lenguas o trabajar una canción con una letra en concreto que se quiera trabajar en clase correspondería a la musical.

Los crucigramas matemáticos, creación de símbolos para crear códigos de comunicación, acertijos o juegos de pensamiento desarrollan la inteligencia lógico-matemática.

Preparar gymkanas con los diferentes conceptos para que los alumnos se muevan y toquen, representar una obra de teatro o utilizar juegos de mímica para que adivinen conceptos representaría la cinética-corporal.

El diseño de un robot (por ejemplo, utilizando las diferentes figuras geométricas) por ordenador, crear una infografía o un mapa conceptual serían algunos ejemplos para trabajar la visual-espacial.

 

 

 

 

 

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