¿A QUÉ SABEN LOS COLORES?

Para Felipe su día preferido de la semana era el domingo. Ese día era sagrado, reservado para él y para su querida abuela.

Todos los domingos iba  bien temprano a verla, se pasaba todo el día allí, observándola y conversando con ella. Le encantaba mirarla y empaparse de su cariño.  Hablar de su infancia, de su juventud, de sus sueños y de su familia.

Felipe la adoraba, le fascinaba su sentido del humor y su percepción de la vida en colores. Él le debía mucho y lo menos que podía hacer era visitarla cada semana, a pesar de los quilómetros que les separaban y pasar un rato con ella…aunque no le reconociera.

-Joven, ¿sabe que se parece usted mucho a mi hermano pequeño? Tiene sus hoyuelos. –Le dijo ella acariciándole con ternura la mejilla.

En ese instante Felipe respiró hondo, ladeó la cara de tal manera que pudiera retener unos segundos más su contacto.

-Usted tiene cara de haber ido a un buen colegio donde le enseñarían muy bien. ¿Podría leerme mi diario? Me encantaría escucharlo. –Le pidió ella con la ilusión de haber encontrado un alma caritativa que le leyera sus escritos.

 

Diario de Emma

15 de julio

Hoy he dibujado mi versión de Medusa. Ha sido un flash que ha hecho que tuviera la necesidad de conectar con mi mitad artística. Hoy le ha tocado dormir a la mitad economista. Esta trabaja demasiadas horas, pero, me encanta cuando la mitad más hippie se apodera de mi mente y de mi cuerpo. Entro en trance y pierdo la consciencia de lo que ocurre a mi alrededor.

Siempre me ha gustado dibujar pero nunca he pensado que lo hiciera demasiado bien como para dedicarme a ello. De hecho, cuando mi mano se pone en movimiento, mi primer pensamiento es negativo. Odio mis dibujos hasta que llegan al final del camino. Una vez terminados, en ese momento que parpadeo y vuelvo al mundo, me fascinan. Nunca sé cómo lo he hecho. Miro alrededor y no hay nadie que haya podido hacerlo por mí. Así que solamente he podido ser yo.

Mi inseguridad necesita de una segunda, tercera o cuarta opinión para asegurarse que el dibujo es bueno (o que al menos gusta). No lo daré por terminado hasta que pase el filtro de mi hermana y dos amigas más. Miedo me dan.

 

16 de julio

Hoy, mi amiga Inés me ha propuesto la posibilidad de ofrecerme como ilustradora en un concurso literario. Esta mujer alucina, yo la quiero mucho, pero creo que ella me quiere mucho más a mí si piensa que alguien podría aceptar que ilustrara un libro…o lo que fuera.

Ella es mi coach personal, siempre me anima y cree en mis posibilidades , pero yo no estoy tan segura.

A mi me encanta mi profesión…el mundo de los números están infravalorados, tienen su aquel. La gente no entiende que las dos mitades puedan convivir. En mi caso, se alimentan una de la otra.

Recuerdo que tenía una profesora que siempre me decía: “Ten cuidado con lo que sueñas…se pueden cumplir”. Mi mente analítica se tatuó a fuego esa frase.

¿Quiero realmente que se cumplan?

 

20 de julio

Inés no ha parado en todo el día de preguntarme si he mandado el mail a su contacto. A persistente no le gana nadie y hasta que no he escrito el correo delante de ella y lo he mandado, no ha parado. Ya sé que el “no, ya lo tengo” y que “no pierdo nada por intentarlo”. Pero no sé si sería peor, que me dijeran que no están interesados o que sí que lo están.

Cada vez que lo pienso, entro en pánico. Odio a Inés.

 

25 de julio

Hoy he amanecido con una gran noticia (o no). Me han contestado al correo del concurso literario. Les encanta mi Medusa y estarían encantados que ilustrara esta edición. Aún estoy en una nube, no me lo creo…Seré la ilustradora de “Los 7 colores del arcoíris”. Además con un reto añadido, los dibujos, a pesar de representar cada color del arcoíris, deben ser en blanco y negro.

Madre mía, voy a matar a Inés. ¿Dónde me ha metido? Ya sabía yo que no iba a salir bien. Lo tranquila que estaba yo con mis cálculos…

 

16 de diciembre

Acabo de llegar de la presentación del libro. Estos días atrás he estado muy tranquila, la verdad. Tampoco he tenido mucho tiempo para darle vueltas y mejor, porque ha sido entrar en la sala donde estaban expuestos los relatos ganadores con MIS dibujos en marca de agua y empezar a temblarme las piernas. Creo que ha sido de las cosas más bonitas que he visto…y más emocionante.

He dejado de odiar a Inés. Sé que sin ella no hubiera estado esta noche en la presentación y no hubiera visto mi nombre en la portada: “Ilustrado por…”

 

-¿No cree que es fantástico cumplir sueños? –Le interrumpió por sorpresa.

-Abuela, eso no te pasó a ti. Esta historia es inventada, solamente se ha generado en tu cabeza. Lo siento. –Tuvo que decirle Felipe con el corazón encogido.

Sabía que la enfermedad que sufría le jugaba malas pasadas y confundía la realidad con la ficción. Pero le consolaba pensar que ese disgusto le duraría un par de minutos, hasta que volviera  a su mundo de confusión.

De repente, su abuela lo miró a los ojos y se sorprendió al verlo allí. “Debe ser domingo”, se dijo. Ella sabía, porque así lo tenía apuntado en varios sitios estratégicos de la habitación del asilo, que los domingos era cuando su nieto iba a verla.

-Hoy te has retrasado, tesoro. Ya está atardeciendo. No quiero que vuelvas muy tarde a casa. –Le dijo con ese brillo característico en sus ojos.

Felipe sabía que era uno de esos pocos momentos en los que abandonaba ese mundo paralelo y cobraba la lucidez suficiente para que lo recordara.

-¿Qué tienes en las manos? ¿Es mi novela? –Le preguntó extrañada.

-Claro, me lo has dado para que leyera tu diario. Te estaba explicando que lo que cuentas aquí, nunca te ocurrió, abuela. Pero la historia es muy buena.

-La vida está llena de colores. Los colores del arcoíris que te hacen renacer después de la lluvia, que te sacan una sonrisa y te dan fuerza. Por supuesto que no me ocurrió a mí. La he escrito, poco a poco, durante varias semanas por si se me olvidaba decírtelo. Simplemente quería que la leyeras para que supieras que lo que cuento es lo que me hubiera gustado haber hecho con mi vida y no lo hice. No envié aquel correo, tal vez por miedo, por inseguridad o incluso por la comodidad que suponía la vida que llevaba y que perdería si esos sueños se cumplían. Ahora que soy viejecita y se me escapan los colores, no quiero que te pase a ti. No creas que no he sido feliz, no te confundas. Pero, siempre habrá una espinita clavada en mi ser que es la que me recuerda, “Y si…” o “¿Qué hubiera pasado?” Por eso, haz caso a esta vieja. Saborea el arcoíris, disfruta y haz lo que te haga sentir vivo en tus entrañas…esa es la receta de la tranquilidad, de vivir en paz. No te quedes con las ganas.

 

De repente, simplemente un pestañeo la devolvió a su mundo monocromático. Miró a Felipe y le preguntó:

-¿Qué hace con mi diario, joven?