¿DE QUÉ HUYES?

Toda la familia se había reunido alrededor del árbol muy temprano. Aunque su hermana y ella ya eran mayores, a sus padres les gustaba mantener aquella tradición. Ver la ilusión en los ojos de sus hijas no tenía precio. Sabían que, siendo una familia humilde, les pertenecía un regalo a cada una. “No os falta de nada, todo lo demás son caprichos que no nos podemos permitir”, les decía su padre cada vez que pedían compulsivamente todo el catálogo que les llegaba a sus manos.

Nuria, la mayor, era la encargada de coger cada paquete, leer la etiqueta y entregárselo a su dueño. Ella prefería esperar y abrir el suyo la última para poder disfrutar de las miradas llenas de luz del resto de su familia. Cuál fue su sorpresa al abrir el paquete cuando encontró un móvil, de segunda (o tercera) mano, pero un móvil. Nuria no podía hablar, las palabras se le habían quedado apelotonadas en la garganta. No podía ser, sus padres odiaban “esos cacharros”, como ellos lo llamaban.

Con lágrimas en los ojos, no podía dejar de mirar aquel aparato. Por fin tenía un móvil. Llevaba un par de años pidiéndoselo a sus padres, pero nunca llegaba ese regalo tan esperado. Ser la única compañera de la clase que no tenía teléfono móvil no era nada popular. Bueno, popular sí, pero de una forma peyorativa. Odiaba ser la “apartada”, pero nunca había dicho nada a sus padres sobre cómo se sentía. Respetaba sus decisiones, aunque no le gustaran.

Nuria estaba convencida que a partir de ese momento, todo iba a cambiar. Con este regalazo podría ser partícipe de las mil y una aventuras de sus compañeros con la tecnología y en la que ella estaba excluida…”hasta ese instante”, pensó Nuria.

Durante los días libres en casa y con su teléfono nuevo, se puso al día en las redes sociales, agregó a sus compañeros y compartió su contacto con ellos. En dos días, y de forma autodidacta, aprendió lo básico para poder gestionar una vida social digital.

En cambio, era directamente proporcional el entusiasmo de Nuria con el desasosiego de sus padres por la misma cuestión. Eran puntos de vista totalmente distintos. Ellos cuestionaban continuamente su decisión pero Nuria sabía perfectamente cómo y cuándo utilizar esos ojos tiernos, además de ser muy insistente. Sabían que había llegado el momento de reconciliarse con la tecnología…y darle un voto de confianza.

 

El administrador le ha agregado al grupo “Más vale tarde que nunca”.

 

-Mami, mami, mira. Me han añadido en un grupo de clase. Estoy tan contenta, mamá. –Le dijo Nuria a su madre incluso con lágrimas en los ojos.

Ante tal efusividad, su madre no pudo ponerle peros. Simplemente pedía que todo saliera bien.

Estaba realmente emocionada. Era la primera vez que podía participar en las conversaciones virtuales de las que siempre se había sentido repudiada.

 

Hola, chic@s. Muchas gracias por agregarme al grupo de clase.

Nuria, este grupo está creado en tu honor. De ahí el nombre, has sido la última en tener móvil y te tenemos que poner al día.

Sí, me encantaría. Estoy aprendiendo mucho en las redes sociales. Por cierto, también daros las gracias por aceptarme como amiga. No sabía bien si lo haríais porque en el colegio tampoco hablamos mucho.

No te preocupes, Nuria. Ya verás como lo pasaremos muy bien. Nos vamos a divertir mucho. Lo que tienes que hacer es subir fotos tuyas a las redes sociales, que todos puedan verte. Así conseguirás popularidad y cada vez tendrás más seguidores.

Oh, muchas gracias. Pensé que las fotos de paisajes eran bonitas. Ahora mismo subo algunas.

 

-Sres. Martínez, me gustaría, como tutora de Nuria, hablar con ustedes. Si toman asiento, les explico. Hemos observando una conducta nada común en su hija. Ella no cuenta demasiado y por eso les hemos avisado. 

-Discúlpeme, pero no entendemos el motivo de su llamada. Nuria no nos ha dicho nada al respecto. ¿Es por las notas? Ella siempre ha sido buena estudiante. –Intentó entender su padre.

-Nuria lleva unos días llegando tarde a clase. Al principio no le di importancia, pero, observando su comportamiento, empecé a sospechar que lo hacía a propósito. Como si se esperara a que todos entraran para hacerlo ella. Además, no sale al patio ni va a hacer deporte con el resto de sus compañeros. Dice que se torció el tobillo y le duele mucho. He intentado sonsacarle información, pero se mantiene en “No pasa nada”. Es como si provocara un aislamiento voluntario, como si no quisiera tropezarse con sus compañeros, nada más que lo esencial.

-No nos ha dicho nada del tobillo, pero podría ser que le molestara de verdad. Y lo de llegar tarde, puede ser casualidad. –Intentó su padre encontrarle una explicación al extraño comportamiento de su hija.

-Además, está muy contenta desde que tiene móvil y la han incluido en los grupos. Ahora tiene más amigos que nunca. –Le explicó su madre.

-Ciertamente puede ser casualidad, pero, si les he llamado es porque Nuria ha dejado de tener luz en su mirada. Está triste. Mi sensación es que huye de algo que no nos quiere contar. Tal vez haya pasado algo en las redes. Es bastante habitual entre ellos. Surgen conflictos por hacer un mal uso de ellas. Seguramente Nuria no sepa como gestionarlo. ¿Han visto algún comentario, alguna conversación, que nos tenga que preocupar? –La tutora les preguntó. Estaba segura que aquello podría ser el motivo real.

-La verdad es que no podemos ayudarla en ese sentido. Nosotros no utilizamos las redes sociales y el teléfono móvil simplemente lo utilizamos para lo que sirve: llamar y recibir llamadas. Sucumbimos a sus peticiones ya que “es la nueva forma de relacionarse, comunicarse y buscar información”, nos decía. Tanto su padre como yo, teníamos miedo. Siempre se tiene ante algo nuevo y desconocido (para nosotros), pero le hacía tanta ilusión. Llevaba desde los 10 años pidiéndonoslo. Es culpa nuestra. No debimos aceptar. –Le dijo abatida.

-No tienen por qué culparse. Es normal que cedieran. Además Nuria ha sido la última en tenerlo. Pero, cuando son tan pequeños, deben tener un control y unas normas de uso. Ahora los teléfonos son mini ordenadores, con una ventana abierta al mundo que hace que sea una herramienta de trabajo y comunicación fascinante. En cambio, puede ser peligroso si su uso no está restringido por un adulto. No dejan de ser niños, aunque se crean muy mayores. Por lo que me cuentan, sospecho que Nuria pueda estar sufriendo ciberacoso. Hablen con ella. Intenten sonsacarles información. Cuanto antes lo confirmemos, mejor. Así podremos ayudarla. Nuria nunca ha sido una niña que destacara por relacionarse con los demás, tenía pocas amistades. Es extraño que de repente las tenga, aunque sean virtuales. Si mis sospechas se confirman, necesitaremos pruebas. Deberían tener acceso a las redes sociales de su hija e incluso estar al día de las últimas tendencias en aplicaciones sociales. Cada día hay cientos de aplicaciones nuevas que los niños utilizan para interactuar. Aunque estas pueden utilizarse para burlarse, hacer bromas e insultar. Vamos, lo mismo que puede pasar en el día a día, trasladado a la magnitud del mundo digital. No se preocupen, les ayudaremos. Lo importante es que Nuria se sienta segura.

 

Cuando Nuria llegó a casa, le extrañó encontrarse con sus padres. “¿Qué extraño?”, pensó. No era muy frecuente. Algo pasaba y estaba segura que pronto lo iba a averiguar. ¿Habrían notado algo en ella? ¿Habrían visto los comentarios en su perfil? No, no, eso era imposible. Sus padres no sabían utilizar las redes sociales…

-¿Qué pasa, papás? ¿Qué hacéis aquí? No es normal veros tan temprano en casa. –Intentó ganar tiempo y averiguar qué pasaba.

-Necesitamos hablar contigo. ¿Cómo llegas tan tarde del colegio? Hace media hora que deberías estar aquí. Empezábamos a estar preocupados, Nuria.

Comenzaban a ver señales dónde antes no las veían. La conversación con la tutora les había abierto los ojos. Su padre le hizo una señal para que se acercara y se sentara a la mesa. Necesitaban hablar con ella, saber qué le pasaba. Qué había pasado para que se estuviera apagando.

-¿De qué huyes, Nuria? –Preguntó su madre sin pensar demasiado.

Nuria abrió los ojos más de lo que nunca hubiera imaginado posible. Aquella frase le horrorizaba. Alternaba la mirada entre su padre y su madre. A punto estuvo de contestar “Nada”, pero estaba cansada de esconderse. Empezó a notar su labio temblar. Se hizo insoportable el escozor en sus ojos por aquellas lágrimas que querían salir y que había retenido durante días, intentando hacerse la fuerte. “Puedo con esto. Se solucionará pronto.”, se decía. Pero no fue así. Todo era nuevo para ella y no sabía cómo salir de aquel laberinto.

-Mamá, papá. Lo siento. Lo. Siento. Mucho. –Dijo como pudo hipando por los sollozos retenidos durante unas semanas.

Respiró. Se armó de valor y les contó a sus padres lo que estaba ocurriendo. Había llegado el momento.

-Sabéis la ilusión que me hacía tener un móvil, ¿verdad? Pues al principio todo fue bien. Bien, no, genial. Pero, lo que yo creía que eran nuevas amistades y que me estaban ayudando a relacionarme y moverme por las redes, se convirtió en una pesadilla. Lo que querían era burlarse, malmeter y ponerme en contra de otros compañeros. Utilizaron fotos que yo misma subí para modificarlas y que la gente se riera de mí. No servía de nada que yo la eliminara, siempre había alguien que la recuperaba y añadía alguna soez respecto a mi cuerpo. Yo ni siquiera sé cómo hacerlo. Lo peor fueron los comentarios subidos a la red, los insultos de gente que incluso no conozco personalmente. Yo contestaba e intentaba arreglarlo, pero aun lo estropeaba más. Incluso había gente que alentaba una posible pelea. Me salía del grupo y me volvían a añadir. Simplemente ver "Escribiendo" hacía que entrara en pánico. Yo no quiero conflictos con nadie, pero los compañeros, hasta de otros cursos, propiciaban ese posible encuentro. No quiero pelearme. Siempre me habéis dicho que la violencia no soluciona nada, lo empeora. Por eso tramé un plan de huida. Me esperaba en la esquina del colegio a que sonara el timbre para entrar yo y no encontrarme por los pasillos con los compañeros. Me inventé que me dolía el tobillo para no ir al patio porque todos esperaban que se produjera el conflicto. Por favor, os pido perdón por pediros el móvil. No debí hacerlo.

-El problema no es solo de ese regalo. Nosotros debimos informarnos antes de lanzarnos a la piscina y saber lo que suponía este mundo de las redes sociales y haberte enseñado a hacer un buen uso de ellas antes de entregártelo. Después de hablar con tu tutora y que nos explicara todas las posibilidades y el rendimiento que se puede obtener de estos cacharros, estamos seguros que fue una buena decisión. Hay que aprender cómo utilizarlos y aprenderemos. Lo bueno es tener las pruebas guardadas de todas esas conversaciones e imágenes manipuladas. No debes borrar nada. Se lo llevaremos a la tutora para que el centro tome las medidas oportunas.   -Le explicaba su padre.

-Cielo, lo que queremos decirte es que confiamos en ti y tú debes hacer lo mismo con nosotros. Lo que nos preocupa es que no nos pidieras ayuda cuando te viste acorralada en aquel callejón.  Cuando te sientas atrapada y no encuentres la salida por ti misma, no debes tener miedo, sabes que siempre estaremos aquí para ayudarte. La vida es un continuo aprendizaje, ¿aprendemos juntos?. 

 

 

 

¿Tienes un hijo adolescente y necesitas algún recurso para lidiar con esa personita que va creciendo en tu casa? 

 

Laura nos da herramientas para que con imaginación ataquemos el día a día, y podamos encontrar soluciones, a las situaciones con las que nos podemos encontrar, e incluso, porque no? adelantarnos a las mismas.…. te apetece conocer más de Laura, te invito a que te sumes a  la inquietud de Laura por un mundo mejor en la educación, también en Facebook