Un lugar que te haga respirar

Cierra los ojos. Recuerda tu escuela, donde estudiaste cuando eras pequeño. Ahora, ábrelos y mira a tu alrededor. Observa los detalles, los espacios. Mira las paredes. Respira, huele. Compara ambas ¿Cuánto ha cambiado la estructura arquitectónica de los colegios? O mejor, ¿Cómo han cambiado sus aulas, la biblioteca, los pasillos, el comedor, la recepción o los talleres?Miedo me dan las respuestas a estas sencillas cuestiones ya que soy consciente de que no hemos sabido adecuar los espacios educativos a las nuevas metodologías. Si llevamos años (décadas) intentado innovar en educación, ¿porqué seguimos manteniendo las clases rectangulares, estrechas, con los pupitres dobles y situados en fila mirando hacia la pizarra? ¿Por qué hay tanta diferencia entre un aula de infantil a una de primaria? ¿Qué pasaría si utilizamos un proyector móvil que pueda hacer cambiar la distribución del aula cada vez que lo consideremos? ¿Y si damos clase en el patio? ¿Y si no hubiera pasillos?En esta revolución que intentamos provocar en educación, nos hemos quedado cojos al no dotar de la importancia que se merece el diseño de los lugares en los que enseñamos (y aprendemos). ¿Qué nos hace sentir los espacios cerrados, con poca luz natural, sin ventilación, con mesas inamovibles y con una idea estática de cómo utilizarlas? A mí, estrés, claustrofobia, tensión, desilusión, tristeza, insatisfacción o nerviosismo. ¿Cómo influye en nuestras emociones? ¿Y en la de nuestros alumnos? ¿Quién no ha pensado, en alguna ocasión, que una determinada aula estaba maldita, tenía malas vibraciones o estaba construida sobre un cementerio indio que provocaba que, quien entrara allí, como poco, saliera con sarpullidos? Cada vez estoy más convencida que el entorno influye en el aprendizaje. Deberían ser espacios que despierten la curiosidad, la atención, la creatividad, los juegos, las emociones, el respeto, la colaboración, la comunicación, etc. Lugares hechos para niños… ¿Por qué la mayoría de los alumnos no llegan al mostrador de recepción? ¿O a la mesa de profesor? Por cierto, ¿qué función tiene la mesa de profesor? Actualmente, ¿qué sentido tiene? Solamente pienso en el espacio libre que dejaría para (des)montar el aula y hacer estructuras diferentes. Según la European Schoolnet, en la descripción de su proyecto sobre las aulas del futuro (Future Classroom Lab) nos dan las directrices que favorecen el desarrollo integral de las competencias en sus discentes, diferenciando las zonas necesarias en el aula: Zona para “investigar” (Investigate): Espacio para trabajar en grupo, explorar e investigar. Resolución de problemas o programación de robots.Zona para “Interactuar” (Interact): Con pizarra interactiva. Fomento de la interacción y la participación.Zona para “Desarrollar” (Develop): Realizan manualidades, ver vídeos, escuchar podcasts o experimentar con app.Zona para “Crear” (Create): Creación de vídeos y presentaciones.Zona para “Intercambiar” (Exchange): Trabajo en pequeños grupos, ABP y habilidades para la dirección de proyectos.Zona para “Presentar” (Present): Área para presentar sus trabajos que favorece la participación y el debate. ¿Cuándo es futuro? La escuela debe ser un lugar que transmita la esencia y los valores de la institución y no ser contradictorios. Espacios que transmitan paz, calidez, ilusión, y serenidad harán centrar nuestra atención y la de nuestros alumnos.¿Cómo nos sentimos cuando estamos en un lugar que nos recuerda algún momento feliz, un espacio abierto, con luz natural, en el que puedas respirar? ¿Cómo afecta a nuestro cerebro? Referente a esto, ha nacido un nuevo concepto, “Neuroarquitectura” donde se pretende adecuar el entorno arquitectónico a una mejora en el proceso de enseñanza/aprendizaje. Mejores espacios, mejor rendimiento. Es una asignatura pendiente igual de importante que el resto de innovaciones educativas. “La arquitectura es la voluntad de la época traducida a espacio.” Mies van der Rohe (1886 – 1969).​

Fueron felices y comieron perdices​

 Megan no esperaba que la reunión general de padres de principio de curso le pudiera traer problemas con sus compañeros.Habían empezado el “cole de mayores” hacía unos días, los suficientes para construir ilusiones, compartir risas y, a los padres, crear un grupo de whatsapp de la clase. Todo parecía… ¿Normal?Al día siguiente Megan acudió a clase igual de entusiasmada que siempre. Tenía que reconocer que le gustaba el colegio y estaba muy orgullosa de estar en primaria, de tener maestros nuevos, asignaturas… Si hasta estaba contenta por tener que estudiar para sus primeros controles.Podría decirse que era una niña feliz, todo lo feliz que podía ser una niña a los 6 años. Tenía una familia que le quería, un abuelito que le cuidaba en forma de estrella y, Jerry, su mascota a la que sacaba a pasear a diario porque se comprometió con su mami que así lo haría. Le gustaba su vida.Entró en clase con su peculiar sonrisa, saludó a su maestra y le dio un abrazo “mañanero”, igual que había hecho con su mamá minutos antes para despedirse hasta la tarde que viniera a recogerla. Colgó su mochila y su chaqueta en la percha que le correspondía y se sentó preparada para empezar.Sus compañeros tardaban más de lo habitual pues siempre tenían tiempo de hablar unos minutos antes de que Mercedes, su maestra, diera el aviso del comienzo del día. Pero aquel día, no.  Cuando entraron todos juntos, “se habrán encontrado en la puerta”, pensó Megan, se quedaron parados frente a la mesa dispuesta en equipo. La miraban y cuchicheaban entre ellos. Cuando ella quiso preguntarles qué pasaba, Mercedes se giró y les llamó la atención para que tomaran asiento y así poder empezar.El día fue raro. Sus compañeros eran los que se estaban comportando de una manera extraña y a Megan se le escapaba el por qué. -¿Qué te pasa, tesoro?-Nada mamá. Estoy muy cansada. La vida en el colegio es muy dura. Nos hacen trabajar mucho. –Contestó a su madre cuando fue a recogerla a la salida del colegio.Carmen se quedó tan extrañada con la contestación de su hija que no supo qué contestarle y lo dejó pasar. Sí que podía haber notado el cambio de infantil a primaria y se tenía que acostumbrar al nuevo ritmo que le suponía haber cambiado de etapa. Su pequeña se estaba haciendo mayor.Al día siguiente fue un poco más raro. Sus compañeros ya no solamente no le hablaban, sino que  no querían juntarse con ella, no la elegían para trabajar en los equipos, no jugaban con ella en los descansos… ¿Por qué? Eso precisamente le hubiera gustado saber a ella.De la noche a la mañana, todo había cambiado. Incluso su carácter se enrareció, ya no existían sonrisas, ni abrazos, ni palabras. ¿Por qué la apartaban si ella no había hecho nada para provocar aquellos vacíos? -No te juntes con Megan que te puede contagiar. –Oyó decir a uno de sus compañeros.-Es una apestada. Mis padres dicen que es fruto del descaro y la perversión. –Dijo otra.-¿Qué es “perversión”? ¿Des qué? –Le preguntó Javier.-No lo sé, pero debe ser de las cosas más terribles que hay porque me lo dijeron mis padres. Mi mamá y mi papá. No como a Megan, que tiene dos monstruos como madres.“Ahí está el motivo”, pensó. Por fin salía a la luz el problema que ellos veían en ella. Se tuvo que reír porque le pareció lo más cómico que había vivido. ¿Cómo podían pensar que tener una mamá y una mami podía ser malo? ¿O contagioso?Aquellas risas provocaron la furia de sus compañeros y se lanzaron contra ella. Eran demasiados contra Megan. Se aprovecharon de la flaqueza de la individualidad ya que nadie le ayudó. Los que no se sintieron ofendidos por su risa, no actuaron de mejor manera pues se quedaron mirando a aquella niña que tenía dos mamás, tendida en el suelo, recibiendo los golpes y los insultos de unos cuantos y la mirada paralizada de otros. -¿Hoy no le das un abrazo a tu mami? –Le dijo Leonor cuando la recibió a la salida del colegio y la niña pasaba de largo.-Ah, sí, perdona mami. Es que… Mmmm… Es que me he caído  y me he hecho daño en el costado. Pero no  pasa nada. Siempre estoy bien para un abrazo.Megan reprimió un grito de dolor al abrazarla. Se mordió el labio donde quedó escondida la punzada que le atravesó su cuerpecito dañado. No quería preocuparla más. Ellas, Carmen y Leonor, su mamá y su mami, no se lo merecían y no quería que la culparan de llevar más dolor a casa. Si Megan no existiera, ellas vivirían en paz. No podía evitar sentirse culpable. Esa noche Megan no cenó, ni se levantó al día siguiente, ni al otro. Le pesaba demasiado su cuerpecito dañado. No quiso desayunar, ni comer… Solamente quería dormir, soñar que todo estaba bien, donde no le dolía ni los moratones, ni el alma.A mitad tarde, Megan oyó de fondo un teléfono ¿o lo soñó?-¿Sí? … Entiendo… Sí, muchas gracias por llamar. –Oía a su mamá Carmen muy lejos y se volvió a dormir. -Megan, tesoro, tenemos que hablar. Creo que nos tienes que contar lo que pasó en el colegio y por qué estás así. Sabes que te cuidaremos siempre, pero para ello debemos saber qué te pasa. –Le dijo Leonor cogiéndole la manita y acariciándosela con el pulgar.-¿Ya lo sabéis, verdad? No sé cómo lo hacéis, pero os enteráis de todo. No os lo conté antes porque no quería preocuparos. Yo… Es que ellos me apartaban y yo no entendía por qué. Llegué a pensar que era realmente una apestada, que me pasaba algo. Algo tan grave que mis compañeros no querían compartir ni tiempo ni espacio conmigo. Cuando me dijeron que era contagioso el tener dos mamás, me eché a reír porque lo decían como algo horrible y nunca lo he sentido así. Pero, si ellos me apartan…-Tú ya conoces la historia, cielo. Nunca te hemos querido engañar. Ya sabes que cuando naciste, tu padre se desentendió totalmente. Repudió de nosotras. No te quería… Y a mí, tampoco.  Encontrar a Leonor fue nuestra salvación. Empezamos a querernos como se quieren los protagonistas de tus cuentos y se convirtió en tu mami. Ella y yo te cuidamos cuando estás enferma, te protegemos, leemos contigo por las noches, te obligamos a comerte todas las verduras y te damos doble ración de besos y abrazos. –Le guiñó el ojo su mamá Carmen.-Megan, tesoro, ¿crees realmente que recibes menos cariño que tus compañeros? ¿Piensas que por tener un papá y una mamá son más felices? Las familias se forman porque sus miembros se quieren, se cuidan y se protegen… Y   nosotras lo hacemos, ¿no? –Intentó su mami Leonor hacerla reflexionar.-Ummm,… ¿Si tuviera un papá y una mamá, me dejarían comer menos verdura o jugar más tiempo antes de ir a la cama?Tanto Leonor como Carmen se echaron a reír ante la ocurrencia de su hija. Ellas tan preocupadas por la conversación con la pequeña y les salía con aquello.-Mamá, mami, … ¿Mañana podríais venir al colegio conmigo? –Les pidió Megan.-Claro, cariño. No tienes que tener miedo de tus compañeros.-No lo tengo, mamá. Solamente quiero presentaros a mis compañeros y que sepan la suerte que tengo de formar esta familia donde vivimos felices y comemos perdices.    ​

Todos los caminos llevan a Roma

Primer día de colegio, abrazos, sonrisas, presentaciones y cuentacuentos estivales. Empiezan las clases y con ello, las indicaciones que les damos de cada asignatura a nuestros alumnos. Para muchos (demasiados), las mismas directrices de cada curso. Distintos alumnos, mismos quehaceres.Todos te observan expectantes para conocer las novedades que les puedes ofrecer. En ese momento son tan inocentes que incluso piensan que este año puede ser distinto al resto de los cursos pasados dónde los roles entre docentes y discentes se repartían las funciones de orador y simples espectadores. ¿Adivinas quién es quién?Pero, ¿se pueden hacer las cosas de manera diferente? ¿Lo intentamos?Es más simple de lo que pensamos y muchos (no los suficientes) lo hacemos sin saberlo porque no ha llegado alguien para decirte que lo que estás, o llevas haciendo desde hace años, forma parte de la innovación educativa que está “revolucionando” el sistema.Si notas movimiento bajo tus pies, puedes empezar por pequeños detalles, incluso por entrar sonriendo a la siguiente clase porque tus alumnos no se merecen que pagues con ellos lo que otros te han provocado. ¿Es innovador? Tal vez no, pero sí efectivo (para ambas partes). Un simple gesto que provocará que estén más receptivos y abiertos a lo que pretendas enseñarles.¿Has probado con poner los pupitres en grupo para que trabajen en cooperativo? ¿En utilizar el juego como base de aprendizaje? ¿Usar tecnología móvil como herramienta en clase? ¿Unir varias asignaturas y diseñar un proyecto conjunto que les lleve a hacer “real” lo que intentamos enseñarles? ¿Grabarte en vídeo explicando el apartado que quieres que aprendan y que lo vean desde casa tantas veces cómo necesiten?Si estás leyendo un artículo de este tipo es que te preocupas por mejorar tu papel dentro del ámbito educativo. Es más, estoy segura que muchas de estas cuestiones son afirmativas y las has puesto en marcha en tus aulas. Y ahora te pregunto, ¿qué pasa con la evaluación? ¿Seguimos haciendo exámenes “tradicionales” con carpeta azul (la de siempre) en medio de pupitres dobles (seguramente verdes) para intentar evitar que se copien pero que sus cuerpos ya sobresalen tres cuartos por encima? ¿No es un poco incongruente querer innovar en tus clases pero después seguir evaluando como siempre? Hay infinidad de técnicas e instrumentos de evaluación a los que puedes acceder y que se adecuan a la mejor opción para el aprendizaje de tus alumnos.Esa “revolución” de la que muchos hablan debe de empezar por la evaluación. Pensar en cómo medir el aprendizaje de nuestros discentes es esencial. Intentar evitar que aprendan de manera memorística, que lleguen al examen, vomiten sobre un papel en blanco y que no sepan ni lo que están escribiendo. ¿De qué nos sirve? Y no hablo de eliminarlos por completo ya que considero que es parte fundamental del aprendizaje el entrenamiento de la memoria, pero, estoy hablando de poder combinarlo con otros instrumentos.La evaluación, en el sentido más amplio, nos tiene que hacer crecer, transformar, reflexionar y cambiar el mundo. Los debates, la investigación, el pensamiento crítico, los portafolios, los cuadernos de los alumnos, llegar a la solución final a través de la gamificación, etc. Pueden servir de pruebas / muestras de su aprendizaje donde nosotros podremos registrarlo a través de la observación, las rúbricas, las dianas, listas de cotejo o las escalas de calificación.¿Podemos combinar los dos estilos? No son contrarias, podemos convivir con ambas. Todas ellas nos llevarán a través del camino... Porque todos los caminos llevan a Roma.¿Lo intentamos?​

Persiguiendo la manada​

Cuando Candela aceptó la proposición de su amiga Nuria, no pensó en las consecuencias que le supondría romper la confianza de su madre. En aquel momento solamente visualizó que, tal vez así, Sonia y sus amigas por fin la aceptarían.Estaba jugando con fuego pero la sensación de formar parte del grupo, de no ser apartada o insultada o diana de sus bromas, le hizo expulsar un “De acuerdo, vamos” con cierto entusiasmo.Las dos niñas, ambas de 13 años e inseparables desde la infancia, describieron lo que, se suponía, un plan perfecto. No encontraban estrías que pudieran quebrar su asistencia a aquella fiesta en el parque con algunos compañeros de clase.¿Cuántas veces se había dicho que no importaba si no la querían en el grupo? ¿Cuántas veces había pensado que Nuria y ella eran suficientes? ¿Cuántas veces había llorado por las bromas e insultos por parte de sus compañeras?Tal y como se lo planteaba Nuria, aquel plan era su salvación. A partir de esa fiesta, ella sería una más del grupo. Estaba convencida.Estaba decidido, Candela dormiría en casa de Nuria aquel viernes en el que sus padres no estaban en la ciudad y se quedaba su hermano mayor al cuidado de aquellas adolescentes. Era la primera vez que Candela dormía en casa de Nuria sin que estuvieran sus padres.A Lola no le gustó la idea desde el principio, pero fue tal la insistencia de su hija primero y de ambas después, que no pudo negarse a aquella petición. Su pequeña se estaba haciendo mayor y debía de empezar a darle cierta libertad. Por mucho que Lola deseaba tenerla bajo su cobijo, protegida por sus alas o encerrada hasta los cuarenta, sabía que tenía que ir soltando ese cordón umbilical al que la tenía atada. Para ella, lo más importante era su hija, su felicidad y, en cambio,  su mayor preocupación era la inseguridad que le producía no saber si estaba educando correctamente a su hija.Aquellas pequeñas, que no se creían serlo tanto, sabían perfectamente cómo convencer a Lola para llevar a cabo su plan. Una vez conseguido el primer obstáculo, la visita aquella noche de la novia del hermano de Nuria facilitaría su distracción. Él no se enteraría jamás de la huida de su hermana y la amiga de ésta. Aguardaron a que el hermano de Nuria estuviera “entretenido” con su novia cuando él creía que las dos pequeñas estaban estudiando en su habitación. Eran buenas niñas, ¿por qué iba a desconfiar? Salieron sin hacer ningún ruido, casi bajo un entrenamiento ninja, cogieron el autobús que les llevaría a aquel parque donde se reunirían con las compañeras de clase. Fue más fácil de lo que imaginaron.Cuando llegaron, les sorprendió que hubiera tanta gente cargada con bolsas de plástico, repletas de alcohol y refrescos. Gente de su edad y más mayores. Adolescentes que buscaban alternativas para divertirse, reunirse y compartir aquellos momentos. Siempre formando grupos, “en manadas” pensó Candela y se sentía feliz porque, al fin, iba a pertenecer a una de esas manadas. Ella y Nuria formarían parte de un grupo de amigas, experimentarían juntas y demostrarían que dejaron atrás aquello de ser “las renacuajas” del grupo.Lo que no sabían Candela y Nuria que, por muy mayores que se creyeran, en realidad no lo eran. Por mucho que quisieran experimentar y probar cosas nuevas, no pensaron en los posibles daños colaterales que aquello les supondría.Al principio se divertían, se reían, bailaban, … Eran una más. Pero, alguna de aquellas compañeras se dio cuenta que no estaban bebiendo como el resto y ahí empezó la pesadilla.-Uy, uy, uy, que la Candelita y su amiga nos quieren tomar el pelo. Aquí no se viene a mirar. O estáis por completo o fuera.-Mira éstas, van de mayores pero siguen jugando con muñecas. –Dijo otra.-Tened. –Les ofreció Sonia una botella con líquido naranja.Las dos amigas se miraron aterrorizadas. Nunca habían probado el alcohol pero pensaron que si sus padres bebían alguna copa de vino en las cenas o en las celebraciones, tampoco pasaría nada si ellas también lo hacían. Al principio empezaron con algún trago de las botellas de refrescos que les ofrecían que, naturalmente, no era su único contenido. Empezaron a encontrarse mareadas, se les trababa la lengua y se reían por todo.-Candelita, ha llegado el momento de la prueba final. Después de esto, podrás pertenecer a nuestro grupo. Sé que lo estás deseando, pero para ello deberás obedecer y hacer lo que yo te diga. –Le ordenó la cabecilla.-No te vayas muy lejos que luego vas tú. –Le advirtió dirigiéndose a Nuria.Candela y Nuria sabían que ya habían bebido suficiente, empezaban a encontrarse incómodas y no querían seguir. Se sentían culpables por estar allí, pero…Si se iban, perderían aquella oportunidad y empeoraría la situación en el colegio.-Cande, Cande, Candelita se la va a beber enterita… -Empezaron a cantar, animándola a coger aquella botella.Candela cerró los ojos y con manos temblorosas se armó de valor y cogió la botella, esta vez rellena de un líquido amarillo. Empezó a beber. Oía a sus compañeras vitorear, animarla y  a aplaudir. Quería gustar, quería que, al menos, las dejaran vivir tranquilas, sin miedo a ser agredidas y apartadas. Aquello era su oportunidad. Al tercer trago empezó a encontrarse mal, bajó la botella y su cabeza empezó a dar vueltas.-Candelita, ¿demasiado para ti? –Le preguntó Sonia.-No me encuentro bien. Yo… –Dijo como pudo.-¡Dejadla en paz! –Gritó Nuria intentando defender a su amiga.Las chicas las rodearon y empezaron a increparlas. Para ellas ya no era divertido si Candela y Nuria no aceptaban sus propósitos. Empujones, insultos, algún estirón de pelo siguieron a las burlas. Estaban viviendo la peor de sus pesadillas, la situación había empeorado.Candela cada vez se encontraba peor. Su tez pálida contrastaba con la oscuridad de la noche, su cabeza no paraba de dar vueltas. Ya no se reía, solamente tenía ganas de cerrar los ojos y desaparecer. Intentó volver a beber de la botella que aún sujetaba, pero su cuerpo venció y cayó al suelo desmayada. Oía voces a lo lejos, risas y aplausos, Nuria llamándola, llorando. No podía abrir los ojos y a pesar de ello, solamente veía en su cabeza como sus compañeras la insultaban y se reían de ella. Dando vueltas y más vueltas. Silencio… Cuando Candela despertó un sabor agrio le hizo recordar algún momento de la noche anterior. El ardor en el estómago, la acidez, el cansancio o el malestar general le hicieron prometerse que nunca más. ¿Por qué lo había hecho? Ella no quería beber, solamente integrarse, que la aceptaran… ¿Cómo respondieron ellas? Cada vez que llegaban imágenes a su mente, se desesperaba porque cayó en la cuenta que solamente las invitaron para seguir con el propósito de divertirse a costa de su amiga Nuria y de ella. ¿Cómo podían haber caído en la trampa?Se tumbó de nuevo, miró a su alrededor. No estaba en casa de Nuria. Aquella era su cama. “Oh, no”, pensó. En ese instante recordó la mirada triste de su madre cuando la recogió del suelo de aquel parque, semiinconsciente. Se tapó los ojos con la almohada, avergonzada.-¿Cande? –Entró en ese instante su madre.-Mamá, yo… Lo siento mucho, mamá.-¿Qué pasó anoche? –Le preguntó Lola haciendo acopio de todas sus fuerzas para no gritarle que había sido una inconsciente. –Ayer me asusté muchísimo cuando me llamó Nuria para decirme que no reaccionabas. En ese momento noté cómo arrancaban mi corazón del pecho. Me gustaría que me lo contaras porque me quedaría más tranquila.Cuando Candela le contó a su madre todo lo acontecido aquella noche (o lo que recordaba de ella), no pudo evitar enlazar la historia con lo que estaba ocurriendo desde hacía semanas en el colegio. Lola estaba realmente angustiada con todo aquello que le estaba narrando su hija. ¿Por qué no le había dicho nada con anterioridad? ¿No confiaba en ella? Se levantó de la cama porque necesitaba ordenar sus pensamientos, respirar hondo y recordar todo aquello que había leído sobre cómo sobrevivir a un hijo adolescente.-Mira, cariño, siento mucho todo lo que te hacen esas niñas y cómo te hacen sentir… Hasta tal punto que te sientas en la “obligación” de beber para poder integrarte en el grupo. Debías de haber confiado en mí o, si querías resolverlo por tu cuenta, haber acudido a tu tutora. Ella también te podría haber ayudado y me hubiera informado. Tal vez hubiéramos evitado el episodio de anoche. Por ellas ya no te tienes que preocupar. El colegio y yo buscaremos soluciones.–Paró, respiró y continuó. –Pero debes aprender que las personas que buscan que hagas algo que tú no quieres hacer, no son buenas personas y no quieren lo mejor para ti. No quieren tu amistad y, en este caso, lo has comprobado por las malas. No vale la pena esforzarte por pertenecer a su grupo de amigas. Simplemente di “NO”. Cande, hija, siempre te he enseñado que cada uno elige el camino que quiere llevar y por ello es responsable de lo que eso conlleve. Por mucho que me duela, no puedo dejar pasar que ayer me engañaste, rompiste la confianza que tenemos y decidiste beber alcohol con 13 años. ¿Sabes las consecuencias de beber a tu edad? ¿Lo que puede llegar a hacer en tu cuerpo? En casa hay unas normas y, desde pequeña te he enseñado que se tienen que respetar. Hay unos límites que no hay que traspasar y que van acorde con tu edad. Sé que te vas sintiendo mayor, ya no tienes los mismos intereses que antes, quieres experimentar, probar, … Confía en mí, Cande. Pregúntame si necesitas saber algo que has oído o visto. Puedes hablar conmigo. Investigaremos y reflexionaremos juntas. Pero, ahora debes responsabilizarte de tus acciones.Candela la miraba con los ojos encharcados. Sabía que la había defraudado y decepcionado con su actitud. Sabía que lo había hecho mal y debía asumirlo con todas sus consecuencias. Además se encontraba fatal. Cada vez tenía más claro que Sonia y sus amigas no valían la pena. Su mejor amiga era Nuria y con eso le bastaba. Seguro que a lo largo de su vida conocería a otra gente y haría buenas amistades.-Tesoro, ahora ve a la ducha. Concédete unos minutos para la reflexión porque vas a ser tú quien te ponga el castigo. Lo hablamos luego, en el desayuno y llegamos a un acuerdo de responsabilidades. ¿De acuerdo? –Candela afirmó con la cabeza.-Anda, ven. –Le pidió Lola para fundirse en un abrazo que en ese momento no supo a quién le hacía más falta.​

Mi primera vez​

-…¡Lo-la! ¡Lola, tu hija, no reacciona! Por favor, ven.Las peores palabras que puedes oír a las dos de la madrugada la primera noche que tu hija duerme fuera de casa. El corazón se paraliza y a tu alrededor todo se tambalea.- ¡¿Cómo?! – Respondo al teléfono sin saber si estoy soñando. Por favor que sea un sueño, una pesadilla cruel que elige la peor de tus preocupaciones.-¡¿Candela?! Pero, ¿está bien? ¿Qué ha pasado? Nuria, ahora voy a tu casa.-Bueno, hemos bebido un poco. Es que… Creo que ella un poco más. No sé. Lola, ven ya. Pero no estamos en mi casa. Nos vinimos al parque de…Cuelgo el teléfono antes de que la mejor amiga de mi hija pueda decirme exactamente dónde se encuentran. Ahora la llamaré desde el coche, pero me imagino a qué parque se refiere…Ese al que no le dejo ir.No puedo pensar con claridad. Respiro de manera incontrolada, mi pequeña, ¿qué ha ocurrido? Todo mi cuerpo tiembla. No debería haberle dejado dormir en casa de Nuria sin estar sus padres en casa. No fue buena idea, lo sé, pero insistió tanto, tanto, tanto… Y me miró con aquella carita de inocencia perenne, con mirada de cachorro abandonado un día de lluvia que me pudo y me convenció.¿Dónde está el hermano de Núria? Era él el responsable de su cuidado. Él se quedaba en casa con las niñas y les ayudaría a estudiar.No puede ser, ¿en qué estaba pensando? Soy la peor madre del mundo. Si le ha pasado algo… Yo… Yo… Tendría que haberle dicho que no. Es sencillo, primero la N y luego la O, NO. Pero, con 13 años tiene un poder hipnotizador que borra la palabra de mi vocabulario. Yo confiaba en ella y, ahora, ¿Candela bebiendo alcohol? No me lo puedo creer, si es solamente una niña. Sí, una niña que encontraré ahogada entre botellas haciendo “botellón”. Todo por mi culpa. Lola, deja de darle tantas vueltas y muévete.Creo que nunca me he vestido tan rápido en mi vida, ni siquiera compruebo si los zapatos que he cogido son del mismo modelo. Lo importante es ella. Tengo que verla y asegurarme que está bien. Mi pequeña…Cuando llego al parque, mi primera vez, -la (mala) fama le hace justicia- aparco en segunda fila porque no quiero entretenerme en buscar un espacio libre. Me sorprendo al ver a la cantidad de gente, adolescentes, concentrada en aquel lugar y una tira de coches aparcados en doble fila con los cuatro intermitentes puestos. Seguramente de padres que vienen a recoger a sus hijos y se quedan en un segundo plano a esperar a que ellos se decidan a marcharse. Tienen taxi asegurado. Me quedo pensando en ello más de lo que me hubiera gustado ya que tengo que encontrar a Nuria y a Candela, pero, pronto seré una de esos padres que esperan para asegurarse que llegan bien a casa.Voy hacia la jauría de gente y me voy tropezando con botellas de todo tipo, niños tirados por el suelo, otros bailando música cuyas letras admiten hechos denigrantes, fumando cigarrillos que no huelen a cigarrillos, miradas de enfado por haber traspasado su santuario, … Pero todo aquello me da igual, yo solamente quiero comprobar que Candela se encuentra bien. Ya hablaremos después de todo lo que estoy viendo.Cuando llego hasta ellas, Nuria me mira con ojos culpables llenos de preocupación.-Es que no sabía qué hacer. Y yo no quería molestarte, pero, no sé, Candela no reaccionaba y me asusté. –Me dice su amiga y parece sincera.-¿Qué ha pasado? ¿Cande? ¡¿Cande?!Nuria intenta contarme todo lo que ha ocurrido, pero no puedo llegar a escucharla, me preocupo por mi hija, tirada en el suelo. Dormida.-…Justo antes de que llegaras, ha vomitado varias veces y parecía que se encontraba mejor. Pero sigue sin reaccionar. Yo… Yo, lo siento de verdad. No quería que esto pasara pero pensé que sería buena idea venir con unos amigos del colegio. Pero, es que…, Candela no supo frenar y yo no quise dejarla sola…-¿Dónde están esos amigos del colegio? –Le pregunto al darme cuenta que aquí, a nuestro alrededor, no hay nadie más. Estamos apartadas del bullicio.-Verás, es que…, se han ido. –Me dice con los ojos anegados en lágrimas. Realmente está asustada. La han dejado sola con mi hija, seguro que cuando vieron que la situación les vino grande. Le miro comprensiva y le estrecho la mano agradeciendo que se quedara con Cande.Cojo una botellita de agua de mi bolso y, llenándome la palma de la mano varias veces, le remojo la cara y la nuca. Le pellizco los mofletes e intento no zarandearla con demasiada potencia. Parece que reacciona, abre los ojos entornándolos, fija la mirada en los míos y sonríe, tranquila. Está a salvo y yo, también de darme un paro cardíaco.-Nuria, cariño, nos vamos a casa ¿vale? Avisa a tu hermano que duermes con nosotras y que mañana te acercaré yo misma. Que no se preocupe que estáis bien.-No puedo hacerlo, Lola. Me matará si se entera. Es que… Él… Él no sabe que nos hemos ido sin que se enterara.-¿Y no crees que será peor si te llevo a casa y te ve en estas condiciones? –Le digo aunque estoy convencida que el susto le ha bajado parte del alcohol a los pies.Asiente y escribe en su teléfono.Entre las dos levantamos a Cande del suelo, le sacudimos la ropa llena de polvo y restos de… Mejor no pensarlo. Cada una la coge de un brazo y disimuladamente, intentando no llamar demasiado la atención, atravesamos el parque para llegar hasta el coche y poder salir de allí. En el recorrido, oímos cuchicheos, vítores y aplausos, e incluso, algún “Bien hecho” o “La has pillado gorda. Así se hace.” Estoy a nada de parar en seco y ponerlos a todos firmes, darles bolsas de basura y que recojan toda aquella porquería antes de marcharse. De repente me doy cuenta que estoy hablando como lo haría mi madre. Dejo pasar los comentarios y nos vamos hacia el coche. Tenemos que salir lo antes posible de aquí porque acabaré vomitando yo.En el camino a casa, Nuria acaba durmiéndose también. Las observo y no puedo dejar de pensar en qué momento dejaron de ser unas niñas, mis niñas. Calcomanías, las llamábamos porque siempre querían hacer lo mismo que la otra, o ponerse la misma ropa e incluso peinarse igual. Y aunque cada una tiene su propia personalidad, son inseparables. Mira, incluso su primera borrachera ha sido juntas. Niego sola ante mi ocurrencia.Cuando llegamos a casa, entre Nuria y yo la llevamos a la habitación. Le presto un pijama y se acuesta.-Mi hermano me va a matar, Lola. ¿Me adoptarías?-No te va a matar, Cielo. Tranquila. Te adopte o no, tenemos una conversación pendiente que la dejo para mañana. Tu hermano te adora…-No, no, de verdad. Me acaba de contestar y me dice literalmente “Mañana te mato” y con muchos emoticonos de calaveras y cuchillos.No puedo evitar reírme ante la cara de pánico de Nuria. En las consecuencias deberían haber pensado antes de escaparse. Otra vez aparece la voz de mi madre. ¡Qué sabia era y yo no me daba cuenta!Cuando desvisto a Cande, su ropa y su piel huelen tan mal que decido darle un baño. Creo que quemaré la ropa en la hoguera en una ceremonia ancestral para pedir a todos los dioses que mi pequeña no vuelva a pensar que ya es adulta para tomar este tipo de decisiones.Como puedo, con mucho cuidado de no acabar yo haciendo el pino puente en la bañera, la meto despacio en el agua y la voy enjabonando como cuando era mi pequeña princesa. Aquella época en la que confiaba tanto en su madre que me contaba todo lo que le pasase por la cabeza. Ni cuando le enjuagaba el pelo y le caía agua por la cara paraba de hablar. ¿Dónde está aquella princesita? ¿Desaparece con un número indeterminado de lavados?Ahora, en este preciso instante, con su cuerpo lánguido, en un estado semiinconsciente, me permito derramar las lágrimas que han resistido salir.¿Cómo la he educado estos años para que acabe hoy así? Que los adolescentes tienen que experimentar lo tengo claro; que quieran demostrar ser más mayores, también; que quieran pertenecer a un grupo, de acuerdo… Pero, ¿tiene que ser bebiendo tal barbaridad de alcohol que le haga caer inconsciente? Mañana tengo que hablar seriamente con ellas, que me hablen de esas amistades, explicarles los peligros que conlleva el consumo de alcohol y drogas, sus consecuencias. Ojalá lo hubiera hecho antes. En fin, tendré que enfrentarme a ello mañana, hacerme a la idea de que se hace mayor y pedir que pase rápido.La cojo de nuevo en brazos para acostarla, es tan adorable que no puedo entender cómo ha cometido tal error esta noche. ¿Por qué?-Mmmm, mami… -Me dice al dejarla en la cama y vuelve a dormirse plácidamente. En unas horas despertará deseando arrancarse la cabeza…Otra de las consecuencias…-Cande no quería beber tanto, de verdad. Ellos la obligaron. Se reían de ella y luego se largaron.Nuria interrumpe mis pensamientos, pero al girarme, sigue dormida.¿Ellos? ​

...
...