SIEMPRE HAY UN MOTIVO

 Si a María le hubieran preguntado por su alumno Alejandro, hubiera puesto la mano en el fuego por él. Jamás hubiera pensado que este alumno en concreto pudiera dar un cambio de 180º.María había sido su tutora durante el último ciclo de primaria y le sorprendió que la nueva tutora  le pidiera referencias sobre su actitud durante el curso anterior.  No podía creerse la información que le dio sobre él y los problemas de disciplina que estaba teniendo en su nueva etapa. Hablaba de líder negativo, nuevas amistades que le habían perjudicado, falta de estudio, reacciones violentas, ausencia de respeto e incluso sospechas de consumo de drogas y alcohol. Casi se desmaya del susto. A María le costaba entender que todo aquello fuera por la entrada  en la adolescencia. Tenía que haber algo más. ¿Dónde estaba el Alejandro cariñoso, buen estudiante y respetuoso que ella conoció? No podía dejar de pensar en él, incluso se fue a casa con aquel alumno dentro de su cabeza. Siempre había defendido que las personas que se dedicaban a la docencia nunca dejaban de preocuparse por sus alumnos, como si fueran sus hijos. No tenían un horario donde cerrar la “persiana” a las seis de la tarde y mente vacía hasta el día siguiente. Y ella era prueba de ello, no podía evitar llevarse en su maletín todas esas preocupaciones. Estaban educando personitas y tenía su parte de responsabilidad (junto con las familias) en la educación de aquellos niños. Después de darle muchas vueltas, le envió un correo a su compañera de secundaria pidiéndole permiso para hablar con Alejandro al día siguiente e intentar sonsacarle qué le estaba ocurriendo, intentar averiguar si había algo más detrás.Al día siguiente se levantó más temprano ya que María estaba dispuesta a encontrarse con él y tener una charla que aclarara su cambio de comportamiento para buscar soluciones.Cuando pasó con el coche por la puerta del colegio en busca de aparcamiento, lo vio con su nuevo grupo de amigos . “¡Qué mayor está!”, pensó. Pero notó en los rasgos de su cara que se habían endurecido, estaba enfadado, con rabia. “Adolescentes enfadados con el mundo que les atormenta”, pensó y no pudo más que sonreír al verse reflejada en aquel sentir cuando tenía la edad de Alejandro.Al girar la esquina del colegio se alarmó al ver a un grupo de chicos increpando a otro que se mantenía en el centro. No pudo evitar preocuparse porque le pareció distinguir en el centro de aquel grupo a Alejandro. Estaban haciéndole daño. Eran muchos contra él y tenía que ayudarle. Antes de que pudiera decirles nada, el repiqueteo de los zapatos en el suelo les puso en aviso y acabaron dispersándose dejando el círculo abierto. Allí estaba Alejandro de espaldas a María, firme, tenso, con la mano izquierda cerrada en un puño y la derecha…¿y la derecha? Su mano derecha agarrando el cuello de otro compañero, tan fuerte que los nudillos los tenía blancos. -Alejandro, suéltale, por favor. No puedes reaccionar de la misma manera que ellos. Lo solucionaremos de otro modo. Por favor, Alejandro. –Intentó convencerlo.Cuando Alejandro se dio cuenta que alguien le hablaba y le tocaba el hombro, se dio la vuelta con tanta furia que solamente le faltó tirar fuego por la nariz. Estaba tan concentrado en amargarle la existencia a aquel compañero que no se dio cuenta de quién se trataba.María se quedó paralizada al ver por fin la cara de su antiguo alumno y dejó abierta la visión del otro compañero, el dueño del cuello que Alejandro intentaba estrangular. Ella no pudo evitar dirigir la mirada a aquel chico. ¿Era pánico lo que veía en sus ojos? ¿Esperanza al ver a una profesora? ¿Se sentía a salvo ante su salvadora? ¿Qué estaba pasando allí? Automáticamente miró a Alejandro y era odio lo que reflejaban los suyos. María empezó a entender la situación y no era tal y como la había imaginado en un principio. Él no era el acosado sino el maltratador. Las palabras de su compañera prendían vida en aquel momento.-Alejandro, ¿qué estás haciendo? ¡Suéltale ya! Le estás haciendo daño.-María, no te metas en esto, no es asunto tuyo. –Le contestó Alejandro soltando al compañero que le faltaron segundos para escapar de allí.-¿Ahora soy María? ¿Dónde quedó “Señorita”?-¡Déjame en paz, te he dicho! –Le gritó con tal despreció que congeló todo a su alrededor.A María le pareció ver arrepentimiento por unas décimas de segundo, pero duró tan poco que le hizo dudar si había sido su imaginación. Antes de que pudiera replicarle, Alejandro se marchó. Ella no se dio cuenta de la tensión que había producido aquel episodio hasta que sacó todo el aire que había mantenido en sus pulmones. Respiró hondo un par de veces más para tranquilizarse.No le quedó otro remedio que buscar a la tutora de Alejandro y contarle la escena que había presenciado. A ella no le sorprendió pues llevaba un tiempo comportándose de aquella manera y las sanciones no le servían de mucho. No se lo podía creer, pero lo había vivido en primera persona. Esa mirada, ese odio retenido. Debían poner medidas. Solucionar aquella situación, que Alejandro fuera consciente que en cada acción hay una reacción. Era imposible hablar con él, se había cerrado en banda con puerta acorazada y huella ocular para poder entrar.¿Qué podía haber ocurrido en unos pocos meses de diferencia? ¿Qué fue de aquel “Señorita, la echaré de menos” con el que se despidió en su último día de curso? ¿Cómo había podido convertirse en un acosador? ¿Dónde había enterrado todos aquellos valores que le habían enseñado? ¿Y sus padres? Debían estar destrozados. Ver a un alumno que ha cambiado tanto era duro, pero…¿y para sus padres? Saber que tu hijo causa daño voluntario, le quita la sonrisa a otra persona, que se ha convertido en el antagonista de la película, debía ser horrible. Debían estar tan perdidos como ella.María no podía dejar de darle vueltas a todo aquello, pero también estaba muy enfadada con Alejandro. Aquella falta de respeto y aquel desprecio para su persona eran irreconocibles en el que fue su alumno…pero no lo había soñado, no, fue él.Le pidió a su compañera, tutora de Alejandro, que la mantuviera informada y se ofreció a ayudarla en todo lo que ella pudiera hacer, pero sabía que no era labor suya inmiscuirse en la tutoría de otra profesora. Pasaron los días y María intentó volver a la normalidad de su clase. Se cruzó con Alejandro en varias ocasiones y en todas ellas le pareció que él iba a decir algo cuando se encontraba a su altura. Como no se atrevió, no se dijeron nada. María quería darle una lección, quería que supiera que no todo se arreglaba con una sanción, que cuando haces daño a alguien, cuando le decepcionas, se le clava una espina en el corazón que cuesta de sanar. Es muy difícil volver al mismo punto dónde te encontrabas. Ella sabía que su pasividad hacia Alejandro a él le molestaba. Si lo que él pretendía era llamar la atención comportándose de aquella manera, no lo iba a conseguir con María. Ella se mantendría en sus trece hasta que aquel muchacho se cansara de estar en “el lado oscuro de la fuerza” y volviera a la luz. Había una razón, estaba segura. Pero, ¿cuál? Una tarde, María se encontraba aún en su clase corrigiendo y preparando las clases del día siguiente. Ya era tarde, no quedaría nadie en el centro y se sobresaltó al oír que alguien llamaba a su puerta.-María, eh, digo, Srta. María, ¿puedo pasar? –Asomó Alejandro la cabeza desde la puerta.Ella disimuló e hizo como que no lo había escuchado. Incluso tuvo que girar levemente su cabeza para esconder con mechones de su cabello su sonrisa. Sabía que reaccionaría. Sabía que quedaba algo bueno dentro de él, solamente debía esforzarse, luchar y encontrarlo.-Ggrr, ggrr. –Tosió para hacerse oír. –Srta. María, ¿podría hablar con usted?María levantó la cabeza lentamente y le miró directamente a los ojos. Tardó varios segundos en hablar ya que quería asegurarse que (su) Alejandro había vuelto y era el que tenía delante.-Hola Alejandro, hace días que te espero. –Le dijo María mientras él se acercaba hacía su mesa.-Es-to, Srta. María, quería, yo quería disculparme. Sé que no debí hablarle de aquella manera, pero…hay veces que no lo puedo evitar. Y…quería que supiera que he venido por mi propia voluntad. Aunque mis padres insistieron que lo hiciera, lo he hecho cuando he estado preparado porque quería que fuera de verdad.María dejó su bolígrafo encima de la mesa y se levantó despacio para ponerse a su lado. Para Alejandro todos aquellos movimientos pasaron a cámara lenta. María le importaba y aquella mirada de decepción cuando lo encontró peleándose con un compañero le provocó una punzada en el corazón. “Otra más” pensó en aquel momento, pero estaba harto de que las entrañas le dejaran sin respiración. Tenía que contar todo lo que llevaba dentro todos aquellos meses. No entendía lo que le ocurría y por qué reaccionaba de aquella manera.-A ver, acepto tus disculpas. Sé que al nuevo Alejandro le estará costando mucho esta conversación pero quiero que mi alumno vuelva y que me cuente lo que le pasa realmente. Para cualquier mortal tienes una mala adolescencia, pero a mi no me engañas, muchacho. Si has venido hasta aquí y te has disculpado, serás capaz de soltar aquello que te hace ser tan distinto a la personita que hemos educado.Alejandro abrió la boca varias veces haciendo amago a hablar. Abría con la esperanza de que las palabras salían y la volvía a cerrar. Como costaba hacerlo. Había escondido tan adentro aquel sufrimiento que ahora costaba salir. Agachó la cabeza, respiró hondo varias veces y empezó a llorar en silencio. Ningún sollozo. Cada lágrima derramada le escocía el alma. Llevaba meses sin hacerlo y era…depurador.Cuando tuvo fuerzas para levantar la cabeza en busca de los ojos de comprensión de María se la encontró allí, a su lado. Le puso una mano en la espalda que la notó con calor. Ella era la única que sería capaz de descongelarlo.-Alejandro, ¿me lo vas a contar? Sé que no será fácil, estará anquilosado en lo más profundo de tu interior. Pero debe ser importante para que te haya arrastrado de aquella manera.-Lo siento, señorita. Mi tutora insiste en hablar conmigo, en que le cuente mis cosas, pero…no sé…-No tienes la suficiente confianza. –Le interrumpió María al darse cuenta que no encontraba las palabras. -¿Y a tus padres? Te quieren y seguro que estarán preocupados. Ellos te escucharán, no debes tener miedo.-Exacto. Solamente la conozco unos meses y no soy capaz de abrirme con ella. Usted me dijo en una ocasión que los tutores o tutoras que tenga serán las personas que cuidarán de mí, pero, me cuesta porque no sé si confiará en mí lo suficiente. Ella ya me ha conocido siendo así y no sé si creerá que había un Alejandro distinto a este. Y ¿mis padres? No quiero hacerlos sufrir más.-Sabes que siendo el nuevo Alejandro estás destrozándoles, ¿verdad? Para ellos no hay nadie más importante que tú y si te ven mal, ellos también lo están.Volvió a agachar la cabeza avergonzado. María era importante para él y no quería defraudarla…ni a sus padres tampoco. Pero aquel cambio le daba una tregua a su agonía.-Sí, es cierto. Pero quiero volver a serlo. No quiero ser la persona que esté sufriendo y tenga que hacer sufrir a los demás. Me duele tanto dentro que no puedo más que castigarme haciendo daño a los demás.-¿Y qué te provoca ese dolor tan intenso que te hace reaccionar de esa manera con el resto de la humanidad? –Le guiñó el ojo para que fuera consciente que estaba exagerando.-Pues la culpa…Mi tío murió este verano por mi culpa. Mis padres están destrozados y yo no soy capaz de reconocerlo delante de ellos. Están distantes, lloran a escondidas y quiero que me griten, que se desahoguen… Si yo no hubiera insistido que jugase conmigo un rato más a la consola, se hubiera ido antes a casa y no hubiera tenido el accidente. ¿Lo entiende? Es mi culpa, yo le insistí y ya no está aquí conmigo, con mis padres. Lo siento tanto. Si pudiera volver a aquella tarde… Y siento rabia, mucha rabia que necesito sacar. Esa es la que me obliga a hacer daño a la gente que me rodea. Pero no me gusta ser así. No quiero ser así. Y me di cuenta cuando intentó separarme de aquel compañero.En ese momento se oyó a alguien sollozar detrás de ellos. Ambos se giraron asustados pues no esperaban que hubiera nadie allí. Cuando María reconoció a la madre de Alejandro e hizo un gesto para que se acercara a ellos. “Ha llegado el momento de abrirte con mamá. Ella también sufre y no se lo merece”, le dijo María al oído antes de levantarse y alejarse unos pasos de Alejandro. Él se levantó de su pupitre y con temor dio el par de pasos que le restaban para abrazarla.-Mamá, lo siento, fue culpa mía. Lo siento tanto. Ojalá hubiera sido yo, mamá. Os vi sufrir tanto… Duele mucho, aquí dentro.-Cariño, no digas eso ni en broma, ¿de acuerdo? El tío murió porque el hombre que conducía el otro coche iba borracho y se saltó el semáforo. No es culpa tuya, amor. Todos estos meses creyendo que fue por tu culpa…Lo siento, cariño. La muerte de uno de los nuestros te rompe el alma, te destroza y descuidé tus sentimientos. Quise pensar que eras más fuerte que yo y que podrías hacer este camino solo. Me equivoqué y lo siento, Alex. Te queremos con todo nuestro ser. Jamás se nos ha pasado por la cabeza que aquello fuera culpa tuya, de verdad. Te encuentras en una etapa de cambios físicos y, sobretodo, emocionales y no has sabido canalizar ese dolor. Es muy difícil, a mi me cuesta. Debemos pasar el duelo. Juntos. Buscaremos apoyo si es necesario. No tienes que preocuparte más, ya está aquí mamá. No podía creer que lo hubiéramos hecho tan mal contigo durante todo este tiempo que te hubieras convertido en una mala persona. Me alegra saber qué es lo que te pasa realmente. Siempre hay una razón.María emocionada no podía apartar la mirada de aquella escena. Era tan íntima que le supo mal invadir ese espacio. Cuando madre e hijo se abrazaron, Alejandro abrió los ojos y vio como María, muy discreta, salía del aula. Sus miradas se cruzaron durante unos segundos y de la boca de su alumno, del de siempre, pudo leer un “Gracias” que le llegó hasta lo más profundo de su corazón. 

¿Y SI FUERA TU HIJO?

Cuentos para combatir el acoso escolar. Os presento la entrada que el pasado jueves se publicó en el blog de SM Conectados y a los que estoy eternamente agradecida.  Para todo aquel que se dedique a la docencia sabe que la palabra “hijo-a” también engloba el sentido de “alumno-a”. ¿Cuántas veces no se les ha escapado un “mamá” cuando querían decir “seño”? Para ambos roles, las personas más importantes son ellos, nuestros alumnos-as o nuestros hijos-as. Nos sacrificamos por y para su educación, poder estar orgullosos de su evolución (independientemente de su elección como profesión en un futuro), verlos sonreír, disfrutar de los momentos vividos…en definitiva, si ellos son felices, nosotros lo somos más.            ¿Qué ocurre cuando algo trunca esa felicidad? Pierden la sonrisa, ya no quieren ir al colegio, ponen mil excusas, se esconden por ser diferentes, no quieren ser insultados, marginados o agredidos o, por el contrario, dan una mala contestación, un acto que no nos gusta, unas risas fuera de lugar, la poca sensibilidad ante un acontecimiento triste…Todo esto son pistas de que algo ocurre. ¿Qué hacemos ahora que somos conscientes? Son nuestra responsabilidad.Es necesaria una labor conjunta para con tus hijos/alumnos ya que, a pesar de que los colegios son los lugares más seguros, los últimos estudios constatan el  aumento de la violencia física y verbal en los centros. Muchas de estas agresiones son un reflejo de lo que ocurre fuera de los colegios. Los problemas de convivencia pueden venir incrementados por la incorporación de la tecnología y el mal uso de las redes sociales en las vidas de los menores que quieren imitar a los adultos (sin serlo).Tanto el ambiente del colegio como el de la familia deben ser generadores de comportamientos sociales y crear un clima sano para estos.La falta de respeto, la humillación, la intimidación o la carencia de valores pueden provocar un clima de violencia y son características esenciales del agresor.¿Qué ocurre cuando estas agresiones se producen fuera del aula? ¿Y si el agresor espera a estar en el pasillo, en el patio o en el comedor, siempre fuera del alcance de un adulto? ¿Qué ocurre si lo hace a través de las RRSS? ¿Qué sucede cuando el agredido no se atreve a confesar la agresión? ¿Aquellos que permiten y callan se convierten en agresores? ¿Cómo puede el adulto detectar y ayudar a aquellos que se sienten humillados? ¿Dónde queda la educación en valores como posible solución? ¿Cómo gestionar la envidia? ¿Y el miedo?Como docente, me encuentro en la obligación de aportar mi granito de arena para poder ayudar, reflexionar y contribuir a la mejora de la convivencia tanto en los centros como en casa. ¿Qué mejor que la lectura de historias que nos hagan reflexionar y empatizar? Estos cuentos, dirigidos a un lector adulto, surgen de dos necesidades absolutas: por un lado, encontrar soluciones a las cuestiones planteadas anteriormente conjugando la lectura de ficción con la educación emocional, ya que muchos de los problemas de base del gran número de las agresiones ocurridas en los centros es la falta de educación en valores, siendo la falta de respeto el mayor problema; y  por otro, la implicación de la lectura de padres-hijos o profesores-alumnos como parte esencial en la educación. La lectura de los cuentos, por ejemplo, en las sesiones de tutoría donde se pueda hacer un ejercicio de visualización, de reflexión con lo acaecido en el cuento, darle vida con algún episodio ocurrido en el aula, etc.Ayudar a padres y profesores a detectar, prevenir y gestionar cualquier tipo de acoso en el rol que hayan adoptado sus hijos o alumnos es el objetivo principal de este proyecto. E incluso la lectura de estos cuentos por adolescentes donde puedan verse identificados en alguno de los personajes y así poder cambiar su comportamiento.Tanto para padres como para profesores, la educación de sus hijos o de sus alumnos es lo más importante. Y en ocasiones se les escapan de entre los dedos por no saber cómo gestionar el crecimiento y evolución (y todo lo que lo envuelve) de sus hijos o alumnos. A través de las vivencias de los personajes de estos cuentos pueden llegar a ser conscientes de lo que realmente ocurre a su alrededor y así poder encontrar una posible solución.Desde  excusas como “son cosas de niños”, “era de broma” o tener miedo a confesar una agresión por ser el siguiente receptor de las burlas o las humillaciones; trabajo de visualización para padres y agresores; valorar el esfuerzo, fomentar la empatía, la confianza, el compañerismo, la superación, el respeto, el cambio o el amor, son algunos de los temas tratados en los diferentes cuentos que podéis encontrar en:  www.lauraborao.com/blog.html

¡GRITA!

No me queda otro remedio que resguardarme detrás de este árbol en la esquina que da al colegio. He parado en seco al darme cuenta que las “chupiguays”  (como las llamamos el resto de mortales insignificantes) se han vuelto a reunir. Por los abrazos que veo, la separación del verano no ha mermado su amistad, ¿lo habrá hecho su maldad?Pilar, Olga, Sara, Lidia y Andrea llevan juntas desde los seis años y cada vez más fuertes. Son las “brujas” del centro. Hoy es el primer día de clase después de vacaciones, empezamos ilusionados otra etapa…bueno, yo estaba ilusionada hasta que las he visto a ellas. Desde su trono, altivas y poderosas tienen engañados a todos en el colegio, menos a sus propios compañeros que somos los que sufrimos su presencia. Son inteligentes y responsables con los estudios. Todo lo que tienen de listas, lo son de malvadas. ¿No se supone que los adultos son más listos que nosotros? ¿Cómo no ven lo que hacen con todo aquel que no les baila el agua? -Hija, ¿qué haces ahí quieta? Con lo que has corrido para llegar al colegio, pensaba que ya estarías sentada en primera fila esperando al profesor. Bea, Beatriz, ¿no me oyes? –Me pregunta papá al llegar a mi altura sacándome de mi ensoñación.-¿Eehh? Ah, sí, perdona, sí te oigo, sí. Es que he corrido tanto que me ha dado una rampa en el gemelo y he tenido que parar a estirar. –Le digo haciendo alarde de todos los estiramientos que conozco.-Deja de estirar y vamos dentro. Aún llegarás tarde como no te des prisa. –Me regaña por la posibilidad.Odio mentir a mis padres. Pero intento autoconvencerme que es por su bien, ya que se preocuparían más de la cuenta y no quiero darle más importancia al asunto. Aunque me siento mal por hacerlo ya que es tal la confianza que depositan en mí, que se creerían cualquier cosa. Incluso la posibilidad de la abducción.Si lo analizáramos detenidamente no le he engañado (mucho). Me ha dado un tirón, no de correr, pero sí un tirón de pánico al verlas.Ando detrás de papá y de Celia, protegiéndome de sus miradas. Mi hermana pequeña se gira extrañada ante mi comportamiento, pero es que no quiero que tengan ninguna excusa para atacarme, “es que me has mirado con dos ojos” o “es que estabas respirando mi mismo aire”…bueno, igual no es exactamente así, pero sí igual de ridículas que éstas.En cursos anteriores no han perdido ninguna oportunidad de burlarse o agredir y humillar a todo aquel ente que no perteneciera a su clan. Muchos de mis compañeros optaron por unirse a su séquito para no ser saco de boxeo de las arpías. Prefirieron callar y ser partícipes de sus fechorías antes que enfrentarse a ellas o ser blanco de su diana. Quedamos pocos valientes (¿valientes?) que estamos en la resistencia. Otros años, siendo más pequeña, les confesaba a mis profesores cómo me sentía con las burlas de alguna de ellas, pero me cansé. Me cansé porque no acababan de ver malicia en aquellos comportamientos e incluso en alguna ocasión se insinuó que había sido yo  la causante de aquella situación. Aprendí a aguantar y a guardar silencio.-Lidia y Pilar, ¿es verdad lo que me cuenta Bea?-Era broma, profe. No queríamos que le sentara mal, simplemente era un juego y nosotras pensábamos que ella también estaba jugando con nosotras. –Le dijo Lidia al profesor, con aquella carita tan ensayada de niña buena que cambiaba a la del muñeco diabólico en cuanto nuestro profesor se giraba.-Oohh, Bea, ¿podrás perdonarnos? Ha sido un malentendido. Era de broma. –Me djjo Pilar pestañeando muy rápido.“Será falsa”, pensé. Tardé más de la cuenta en contestar, cosa que hizo que me ganara una mirada de reprimenda por parte del profesor. No lo culpé, simplemente ellas eran muy buenas actuando. A partir de ese momento entendí lo que significaba “Lobos en la piel de corderitos”. Ellas eran los lobos, claro está. Ahora que lo pienso, en la nueva etapa seguro que aprovechan para mezclarnos. Espero no caer en la misma clase que algunas de ellas. Sería horrible. Por favor, por favor, por favor, que se alineen todos los astros para que eso no pase. Creo que estoy hiperventilando. “No podrán contigo, Bea”, “Eres fuerte”…¿si me lo repito muchas veces, acabaré creyéndomelo? Después de creer desfallecer, no ha ido tan mal como yo pensaba. De las cinco, solamente tengo de compañera a Andrea. Con ella nunca he tenido problemas. Siempre han sido Pilar y Lidia las cabecillas. Pero, aun así, pertenece al grupo y eso me hace desconfiar, ponerme en alerta.Creo que no esperaba que la separaran. Se ha quedado blanca cuando ha ido oyendo los nombres de sus amigas que completaban otras clases. Solamente le ha faltado llorar y seguramente no lo habrá hecho por vergüenza. De todas formas al resto de su grupo parece que le ha dado un poco igual que ella no estuviera en sus clases. No han ido ni siquiera a consolarla. Si cuando digo que no tienen sangre en las venas… Andrea lleva un par de días intentando relacionarse con la clase. La mayoría somos “víctimas” de sus amigas y no nos hace ninguna gracia tener que entablar conversación con el enemigo. Incluso algún compañero ha comentado que es una espía de las brujas. Aún así, me da un poco de lástima. Parece que sea sincera y se ha quedado sola. No soy yo quién tenga que juzgar si se lo merece o no, pero si me diera igual significaría que me habría convertido en una de ellas y eso es lo último que quiero. -Hola, ¿estás bien? –Me decido a preguntarle en un intercambio al verla en su pupitre con la mirada fija (y  perdida) en sus apuntes.-¿Ehh? ¿Disculpa? Ah, sí, bueno, no. Es que, es que nadie quiere sentarse conmigo, nadie me habla…y, y, no lo entiendo.¿¡Qué no lo entiende?! Esta sí que es buena… Espera, ¿lo dice en serio? Sí, lo dice en serio porqué así lo cree.-Tienes que darnos un poco de tiempo, Andrea. Nos lo habéis hecho pasar muy mal. Sobretodo tus amigas. –Me atrevo a confesarle.-¿Cómo? Yo no he hecho nada a nadie. No era mi intención si se (o te) lo hecho pasar mal. Lo siento, de verdad. –Me dice con aquella cara de “no entiendo nada, es como si hubiera vivido en una realidad paralela a la que me estás contando”.Pues sí, reina, debe ser y a nosotros nos tocó vivir la peor de las dos realidades. Si me dice que “era broma”, no respondo. No, no lo hace (afortunadamente) y, además me mira con los ojos anegados, aprieta los labios para que no se le escape el sollozo y a mí se me rompe el corazón. Realmente lo siente. A partir de ese momento intenté por todos los medios que Andrea encajara dentro del grupo de clase. Estuvo dos días enteros pidiendo perdón, incluso intentó conciliar entre los “dos grupos” del curso para que simplemente se convirtiera en uno. “La unión hace la fuerza”, nos decía…Pero aquella idea no gustó a Pilar, Olga, Sara y Lidia. Claro, ceder a la unión significaba renunciar a su puesto de reinas y con personas como ellas, no iba a resultar. Andrea se empeñaba y me confesó que le habían puesto en el aprieto de “o con ellas o sin ellas”, sin término medio. No hizo falta que me dijera qué había elegido, simplemente me cogió la mano y sonrió. -¿Qué haces aquí, niña? –Me dice Pilar cuando entra en el baño y me encuentra allí lavándome las manos después de miccionar.-No creo que te tenga que explicar lo que hacemos en un servicio, ¿no?-Mira, Lidia, la niña nos ha salido listilla. Me huele a mí que te está vacilando. A mi amiga nadie le vacila, ¿lo entiendes? –Me dice dándome un empujón.-Sí, la listilla ha puesto a Andi en nuestra contra.Otro, golpe y otro hasta que me meten dentro del baño a empujones.-¿Por qué no haces como el resto de tus compañeros y te mantienes al margen? Métete en tus asuntos y deja las cosas como estaban. Todos vivíamos mejor.“Ese ‘todos’ se referirá a ellas”, pienso mientras me quedo acurrucada, llorando, lamiéndome las heridas (las físicas y las emocionales). Otra vez han ganado. Oigo voces en la puerta de los servicios, no me atrevo a mirar.-Si hablas, serás tú la siguiente. –Le dice Lidia a…no sé a quién, una más del resto de la humanidad a la que tienen atemorizada.Alguien se acerca y me muero de vergüenza que me vean así, derrotada. Alguien me acaricia el pelo, intentando reconfortarme. No puedo evitar levantar la mirada aunque me cuesta enfocar a causa de las lágrimas que barren mis ojos. Es ella, es Andrea. Hace escasas semanas hubiera pensado que vendría a pegarme, reírse y humillarme como el resto del clan. Pero, ahora sé que ya no. Odia a la Andrea que era, a la que consentía y no se daba cuenta de lo que realmente pasaba, y no quiere volver a serlo. No para de mirarme primero a los labios y después a los ojos.-Bea, habla. No podemos dejar esto así.Estoy tan nerviosa, aterrada que no puedo abrir la boca, ni siquiera para contestarle, como si la tuviera cosida.-No puedo, Bea. Ya lo intenté muchas veces y no resultó. Hasta tú las creíste pensando que eran cosas de críos, bromas y juegos que no hacían con maldad.-Habla, Bea. Rompe esos hilos que cosen tu boca y te impiden confesar lo que ocurre. “GRITA, GRITEMOS” para hacernos oír. –Dice Andrea en una mueca de dolor. –No más “vergonzosos silencios”.​

CAROLINA, VE HACIA LA LUZ

No puedo dejar de mirarme los zapatos, me asusta mirar al frente y encontrarme de nuevo con más burlas, desprecios y vacíos.Aquí estoy en la puerta del nuevo colegio, ya con otra identidad. Aún así, soy incapaz de estar tranquila y segura. No puedo evitar tener mi cuerpo en tensión, los puños apretados y todo mi ser en alerta, preparándose para lo que pueda pasar. Respiro hondo, cojo aire y cuento hasta cinco;  expulso el aire y cuento hasta seis… como me enseñó mamá a relajarme. Es difícil romper con todo aquello, empezar una vida nueva y pensar que nunca más va a volver a pasarte nada. He aguantado mucho y ya no podía más. He sufrido siendo Alejandro y no quiero seguir padeciendo ahora que soy Carolina.Sé que debo estar contenta después de todo lo soportado hasta llegar a este momento, pero no puedo evitar que mi cuerpo tiemble ante la idea de que todo siga igual, que nada haya cambiado. Sí, nací siendo un niño. Lo sé. Ya me explicó mi mamá que nos clasifican según los genitales con los que hayamos nacido. A mí, en la ruleta me tocaron los masculinos. Se equivocaron. Nací de forma incorrecta ya que yo me sentía (y me siento) una chica. Tengo el cuerpo de un niño, pero el cerebro de una niña. Ahora lo tengo clarísimo, pero el camino hasta llegar aquí ha sido, digamos, “complicado”. -Mami, ¿puedo ponerme los vestidos de Vanesa? –Le pregunté refiriéndome a la ropa de mi hermana mayor.-Ya sabes, cielo, que solamente te los puedes poner cuando estés en casa y no tengamos visita. –Me contestó mamá mientras lavábamos los platos. Ni siquiera me miró, supongo que cansada de la repetida pregunta. Ella lo veía como un juego para imitar a mi hermana. –Intenta que papi no te vea. Ya sabes que no le gusta verte vestido con la ropa de Vanesa. En ese momento la que no se atrevió a levantar la mirada fui yo. Sabía que era difícil de entender. Yo misma pensaba que no era posible todo lo que estaba pasando en mi interior. Era una lucha continua conmigo misma. No sabía por qué me sentía así. Simplemente no me gustaba vestirme con ropa de chico, ni jugar con ellos. Era feliz haciendo las mismas cosas que mi hermana. Quería vestir como ella, pintarme las uñas o dejar que me hiciera mil peinados.En el cole siempre me ponían con los chicos para poder jugar con ellos…lo odiaba porque no estaba a gusto y ellos tampoco. Percibía sus miradas, sus comentarios sobre mí en voz baja y opté por aislarme, irme a la oscuridad. En ella solamente sufría yo.En casa era donde podía desplegar mi verdadero sentir. Aunque me rompía el alma pensar que papá no lo entendía. Mamá siempre fue más tolerante y comprensiva.Aunque yo tenía mi propia habitación, me gustaba quedarme en la de Vanesa. Estaba decorada y llena de todos los elementos que a mí me gustaban. Cuando mi padre me pedía que me fuera a la mía, era como volver a esa oscuridad donde solamente podía seguir siendo Alejandro…en su mundo gris de incomprensión e indiferencia. -Vamos, Álex, llegaremos tarde a clase por tu culpa.Me había entretenido más de la cuenta en el cuarto de baño. Me vestí deprisa, como un rayo para no hacerla enfadar. No quería que se enojara conmigo y que no me permitiera coger sus cosas. Cuando subí al coche ni siquiera me miraba y solamente pude optar por pasarme los quince minutos de trayecto hasta la escuela mirando por la ventana.Cuando llegué al colegio notaba como todo el mundo me miraba. Algunos intentaban disimular las risas, otros no tanto. Cuchicheaban a mis espaldas. Pero los más atrevidos, no había llegado aun hasta mi aula, me habían empujado, pegado y gritado “invertido, gay o monstruo” entre otras lindezas. Estaba más que acostumbrado a sus desplantes, comentarios y dudas. Pero ese día fueron mucho más notables.Mi primer instinto fue correr al cuarto de baño. Empujé la puerta y me tropecé con una de las compañeras mayores y me di cuenta que había entrado en el de chicas, odiaba miccionar de pie y me había acostumbrado a entrar a escondidas allí…cosa que sirvió para recibir más insultos. Finalmente entré en el de chicos, necesitaba desaparecen, que nadie se diera cuenta que existía. Mojarme la cara y respirar hondo. Apoyé mis manos en una de las pilas, cerré los ojos, agaché la cabeza y respiré hondo. Un estruendo me sobresaltó y solamente pude levantar la cabeza y mirar qué pasaba a mi espalda a través del espejo. Un grupo de compañeros, los que promovían la mayoría de los conflictos que existían en mi curso, estaban allí.-Nenaza, ¿que ayer participaste en Cabaret y no te dio tiempo a desmaquillarte? –Gritó uno de ellos.¿Desmaquillarme? ¿Qué estaba diciendo? Debió darse cuenta de mi confusión porque hizo un gesto con los labios y añadió:-No me digas que te has pintado los labios para darnos besitos a todos tus compañeros.De repente dejé de dirigir mi mirada a aquel compañero y me miré en el espejo. Primero a la boca, después a mis ojos horrorizados. Estaba muerta. Había salido con tanta prisa que no me di cuenta que todavía los llevaba pintados. ¡Qué horror! Sabía que ellos no lo entenderían. Nunca se habían parado a pensar lo que me podía estar pasando…ni siquiera yo lo sabía, ¿cómo iba a explicarlo? Y si se lo decía a alguien, se reirían de mí y ya tenía bastante con superar el día a día.-Mirad, ¡está temblando como una florecilla! –Se burló uno de ellos.-Sé un hombre y enfréntate a nosotros.-Él no sabe actuar como un hombre, ¿verdad, “Alejandra”?Era cierto, mi cuerpo temblaba sin poder remediarlo. No podía enfrentarme a ellos. Mi mundo ya no era gris. Todo era blanco y negro…mientras estaba en el suelo resistiendo los golpes, también era rojo. Blanco, negro y rojo. -Nadie te quiere “Alejandra”. ¿No te das cuenta? Podrías acabar con tu vida y nadie se daría cuenta. Nadie te echaría en falta. Lo sabes, ¿verdad? –Me susurraba uno de ellos en mi oreja mientras levantaba mi cabeza estirándome del pelo.Y era cierto. Si desaparecía nadie se daría cuenta. No valía nada, ni siquiera sabía quién era en realidad y por qué me sentía así. Si dejaba de luchar, ya no me dolerían las entrañas. Y de repente…oscuridad. Estuve dos días en casa, en reposo. Los golpes no me habían provocado ningún daño físico de importancia, pero sí moral. Aunque dudo que fuera por las patadas. Necesitaba explotar.Cuando me levanté de la cama estaba decidida a hablar con mis padres. Tenía muchas dudas y ellos eran los únicos que me podían ayudar. -Es una fase, Lidia. Alejandro tiene dudas, es normal a su edad. Está experimentando los primeros cambios en la pubertad y no sabe qué le ocurre. Si ni siquiera sabrá que es "gay". No le des más importancia de la que tiene, por favor. Lo que está claro es la agresión que sufrió en el colegio. Eso es lo único que me importa. Tiene que aprender a defenderse. Ya te dije que permitirle dejarle el pelo largo le traería problemas. –Le decía mi padre a mi madre.No le podía ver la cara pues estaba de espaldas a mí, pero su voz era de decepción. Le había decepcionado y no podía soportarlo. Me dolía más por él que por mí. No sé en que momento empecé a llorar y a arrastrar mi espalda por la pared hasta quedarme sentado en el suelo. Ya no tenía fuerzas. Si hablaba con papá, sería él quien sufriría. No me querría. Sería un monstruo para él igual que para mis compañeros. Escondí mi cabeza entre mis piernas abrazadas a mí e intenté por todos los medios que mis padres no me oyeran. Temblaba tanto que me era imposible levantarme y marcharme a la habitación. -Cielo, ¿qué haces en el suelo? ¿Estás bien, tesoro? –Dijo mi madre angustiada.Levanté la cabeza y allí estaban los dos. Sus caras lo decían todo. Estaban casi más asustados que yo.-¿Qué quiere decir exactamente “gay”?Los dos se miraron, asintieron y un “ha llegado el momento” de mi madre en un movimiento de labios casi imperceptible, los hizo reaccionar. Papá me cogió en brazos y me llevó hasta el sofá. Respiró hondo, me dio un beso en la frente que duró varios segundos y me explicó:-Mira, hijo, ser “gay” no es nada malo. Es aquella persona que se siente atraída por otra del mismo género. No pasa nada si a ti te gustan los chicos. Te apoyaremos en todo lo que necesites.-¿Los chicos? No, papá, no me gustan los chicos. O eso creo. No lo sé, la verdad.Los dos se volvieron a mirar. Estaban tan perdidos como yo.-Papá, mamá, creo que soy una chica. Quiero decir que mi cerebro se siente así, como una niña. Odio mis genitales masculinos, me gusta todo lo que tenga que ver con chicas…mi esencia es femenina. No puedo más siendo Alejandro. No sé cómo se llamará eso, pero no soy “gay”…va más allá. No sé cómo explicarlo. Dirigí cada una de mis manos a sus barbillas para que cerraran la boca. Estaban más confundidos que yo. -Cielo, nosotros nunca te vamos a obligar a sentir una u otra cosa. Si tu sientes que tu esencia es ser mujer, ve hacía esa luz. Ella te proporcionará la fuerza y la libertad que necesitas para ser feliz. Nosotros siempre te apoyaremos. Lo sabes ¿verdad? Arranca todo lo que no te pertenece, lo que no sientes como tuyo. –Me dijo mamá acunándome la cara con sus suaves manos.-Tengo que reconocer que me ha sorprendido tu confesión, no te voy a mentir. Y aunque no te lo creas, tu padre no lo sabe todo. Has hecho muy bien en explotar y por fin sacar todo lo que llevas dentro. Ojalá lo hubiera visto venir para poderte ayudar. Tendremos que consultar a un especialista que nos ayude en esta transición. –Dijo mi padre ofreciéndome una de sus sonrisas.Ahora sé que estaba triste por no saber cómo ayudarme, no por lo que sospechaba que era lo que me pasaba.-No te preocupes, papi. Cuando yo no sé algo  también lo consulto y le pregunto a alguien que sepa más que yo del tema. Podemos preguntar.Todavía no sé por qué aquel comentario le hizo estallar en una carcajada que hizo que la habitación se llenara de tranquilidad, de paz y de amor. -Mami, si de verdad hubiera nacido siendo niña, ¿qué nombre me hubieras puesto? –Le pregunté a la salida de la consulta del especialista.-Pues, había una película de mi época donde una de las protagonistas era una niña preciosa, con una melena larga y rubia…más rubia y más larga que la tuya, pero con unos preciosos ojos azules muy parecidos a los tuyos. El personaje se llamaba Carol Anne, pero durante muchos años pensé que era Caroline. Me hizo mucha gracia lo confundida que estaba respecto al nombre y siempre pensé que si tenía una niña la llamaría Carolina. Con tu hermana me ganó la batalla tu padre poniéndole Vanesa, en honor a tu abuela.-Pues, como el doctor me ha dicho que tengo que escoger un nombre en el que me sienta cómoda, con tu permiso, ya que los cromosomas se confundieron, me llamaré Carolina. ¿Te parece bien, mamá?Ella solamente se agachó para estar a la altura de mis ojos, los suyos estaban anegados en lágrimas, sonrió, asintió y me abrazó. Creo que la luz no solamente me había llegado a mí. Y aquí estoy, delante del nuevo colegio. Respirando hondo. Esperando a que mamá aparque. Quiere entrar a hablar (otra vez) con el Director. Tiene miedo, como yo. Los tres estuvimos de acuerdo con la recomendación del especialista referente al traslado de colegio. "Empezar de nuevo", dijo. -Preciosa, ¿estás preparada?-Por supuesto. Hoy empieza mi día en la luz de Carolina.  ​

CÓDIGO DE INMUNIDAD ENTRE HERMANAS

 Ha llegado el último día de vacaciones. Las primeras a orillas del mar. Para una pareja de ciudad de interior y veranos en el pueblo de los abuelos (aún más interior que la ciudad en la que residimos si cabe), el pasar más de dos días en la playa con las niñas iba a ser toda una aventura. Natalia y Yolanda no podían ser más diferentes, en todos los sentidos. No es que sea una mejor que la otra, simplemente son distintas. Perfectas en sus diferencias. Se llevan poco más de un año entre ellas, siendo Natalia la mayor aunque no lo parezca por su tamaño. Me paso el día observándolas. Me gustaría que no crecieran más, que se quedaran así para siempre. Que el tiempo se paralizara con ocho y nueve años…aunque, desde que cumplieron los cuatro y cinco años pido el mismo deseo y nunca ha sido concedido. Mis pequeñas crecen. Se hacen mayores. Cada vez necesitan menos mimos de su padre, es decir, yo. Tendrán pareja (o no), se irán de casa, viajarán (no sé si por ese orden o sí). Alarma, entro en barrena. Raúl, tranquilízate. Respira. Para ese momento aún quedan algunos años, décadas…¿tal vez un decasiglo? -Natalia, Yolanda, terminad vuestras maletas, por favor. En diez minutos nos vamos. Nos esperan unas cuántas horas de viaje en coche y ya se nos ha hecho tarde. –Les apremio ya que, con un poco de suerte, espero salir a la hora programada.Cuando entro en la que ha sido su habitación durante las vacaciones, me extraño al ver a Natalia cerrando su maleta ya que lo normal hubiera sido encontrar a Yolanda. Intentamos no hacer comparaciones entre ellas, pero cada día me sorprenden más.-¿Dónde está tu hermana, Nat? Ya debería tenerlo todo recogido. Por lo que veo te has dado mucha prisa.Si las miradas matasen, ésta sería una de ellas. Me da a mí que no le ha gustado nada la semana en la playa. Sé que no nos hará tranquilo el viaje de vuelta con sus quejas. -Yolanda, ¿qué haces aquí? –Le digo apresurado por los dos minutos interminables al no encontrar a mi hija pequeña en su habitación.-Estoy observando, papi. –Me dice sin girarse.-¿Y que observas, Yol?Mi pequeña se gira rápidamente sorprendida con la pregunta.-¿Pues qué va a ser? Es obvio. Pues el mar.No puedo evitar sonreír cuando pone los ojos en blanco y da un chasquido con la lengua. Cierto, es obvio. Sobretodo cuando llevamos una semana frente al mar y ella no ha pasado de querer mojarse en la orilla. Y ahora, cuando nos vamos, se queda observándolo maravillada. Las mujeres de mi preciosa familia me van a volver loco. Loco de amor. -¿Papi? ¿Mami? ¿Puedo pediros algo? –Interrumpe las quejas de su hermana.-Claro, cielo. Puedes pídenos lo que quieras. Ya sabes que tu madre y yo consideraremos si es posible. –Le digo mirando por el retrovisor a punto de llegar a nuestra casa.-Me gustaría aprender a nadar. Era la primera vez que pasábamos tanto tiempo en la playa y no he sido capaz de vencer el miedo que me imponía toda esa agua. No sé si volveremos a pasar las vacaciones junto al mar, pero no quiero sentirme incapaz de poder hacer algo que estoy deseando. No me gusta el miedo. El mar es precioso, la brisa, el tacto de la arena caliente, jugar, correr por la orilla, salpicarnos…pero me voy con el resquemor de no haber podido acariciarlo desde dentro.-Yol, no digas tonterías. No volveremos nunca, ha sido odioso: el sol quemándote, el calor, la arena siempre pegada al cuerpo. No sé cómo te ha podido gustar. -Iremos toda la familia a clases de natación. –Me sorprende mi mujer. –No es bueno dejar de hacer las cosas por tener miedo. Seguro que la próxima vez disfrutamos más. Todos. Algo que no sabemos hacer no debe de ser motivo de no intentarlo. Así que, con mucha paciencia y esfuerzo, lo conseguiremos. ¿Verdad, ca-ri-ño?Ese tono en su voz es para mí. Busca mi apoyo. “Verdad, cielo”.La última media hora en el coche la pasamos oyendo los bufidos de Natalia. No le ha gustado nada la idea. Cuando miro por el retrovisor, veo una mirada en ella hacia su hermana que no me gusta nada. Nota mental: conversación pendiente.Desde pequeñas han tenido sus rencillas. Son hermanas, es normal. Siempre les hemos dejado que lo resolvieran entre ellas, aunque nosotros estuviéramos atentos por si necesitaban nuestra ayuda para mediar. Pasan todo el tiempo juntas y los roces por la convivencia se notan. Me preocupa que esas peleas, ahora que son más mayores, lleven un trasfondo distinto y no puedan solucionarlo. Sé que se quieren con locura pero se hacen daño. Ha llegado el momento de empezar las clases de natación. Yolanda está entusiasmada, pero muy nerviosa y asustada. Está luchando con sus miedos y teme no vencerlos. Al contrario que Natalia que está tan tensa por tener que claudicar a una petición de su hermana y, por supuesto, en la que no está conforme, que no es consciente que va a meterse en el agua y va a aprender algo nuevo que le va a beneficiar. Incluso coinciden con algunas compañeras de clase.Natalia es la primera en meterse en el agua. Quiere demostrar que es la mayor y que no tiene miedo…eso lo deja para las “pequeñajas”, adjetivo que utiliza con su hermana para chincharla.La primera piscina donde la monitora las lleva no cubre (afortunadamente porque ya estaba pensando en ponerme en bañador y coger a mis pequeñas). Aún así, Yolanda está asustada y se coge a la barandilla con fuerza, inmóvil hasta que la profesora le coge la mano y la lleva junto a ella. Ya se siente a salvo. Ya puedo relajarme y volver a respirar con normalidad.La clase transcurre sin sobresaltos visto desde las gradas. Puedo  incluso leer el periódico y ponerme al día con el correo mientras mis dos princesas aprenden a nadar juntas. Levanto la cabeza de vez en cuando al oír risas, veo a Yolanda de espaldas riendo junto a su hermana y sus amigas delante de ella. Sonrío. Todo fluye. -Papi, no quiero volver a la piscina…ni a la playa nunca más. Podemos pasar las vacaciones siempre en el pueblo con los abuelos. Pasear por el monte, respirar el aire puro de las montañas, correr libremente por sus calles, ir en pantalón largo y camiseta de manga larga porque, aunque sea verano, refresca.Me sorprende el comentario que me hace mi hija pequeña. Nunca pensé que se rindiera tan fácilmente. No entiendo su cambio de opinión si la semana pasado le fue genial.-Yol, tesoro, no puedes rendirte ahora que estás rompiendo tus barreras. Esos miedos a los que quisiste hacerles frente, demostraste que fuiste muy valiente haciéndolo. Ahora no puedes dejar que  puedan contigo, cielo.-No es por eso, papá. –Me dice con los ojos tristes.Se queda mirando por encima de mi hombro. Giro lentamente la cabeza y veo a Natalia que ha llegado a nuestra altura con su grupo de amigas a las que despide con un gesto de mano. Ella se acerca a nosotros pero sigo hablando con Yolanda porque creo que es importante que entienda que no tiene que rendirse.-Papá, espera. No es lo que tú piensas. –Me susurra acercándose al oído. –No puedo seguir con las clases y ya está. No pasa nada.Se separa justo en el momento que llega su hermana para montarnos en el coche. Las observo. Algo ha pasado entre ellas. Natalia le da conversación, intenta hablar con ella pero Yolanda no le responde. Pero no es enfado lo que veo en sus ojos. Cuando terminamos de cenar aún no he conseguido averiguar qué está pasando y creo que a Natalia le pasa igual.-Me voy a la cama. Me duele un poco la cabeza. Ya he hecho todos los deberes, así que ya me puedo acostar. –Nos informa cuando vuelve de la cocina de haber recogido su parte de la mesa.Se me rompe el corazón verla así. No sé si estará decepcionada consigo misma. Para ella es una derrota.-No te acuestes sin preparar la bolsa para la clase de natación de mañana. –Le dice su hermana con intención de animarla, sin saber lo que realmente le pasaba.Ella se gira al escucharla. Abre la boca para decir algo, pero la vuelve a cerrar cerrando los ojos y volviéndose para salir del comedor.-¿Qué le pasa a la pequeñaja? Está más rara de lo normal. –Nos pregunta Natalia.-No la llames así, por favor, Nat. Es más pequeña que tú, cierto, pero empleas el término de una forma peyorativa y no me gusta que lo utilices con tu hermana. No sé cómo te lo tengo que decir. Puedes hacer más daño con las palabras que con un puñetazo. Tu hermana está muy triste y susceptible. Ponte en su lugar. Se propuso un objetivo, un reto y no lo ha conseguido. Intentó vencer el miedo al agua y no lo ha superado. Ha tirado la toalla y no quiere volver a las clases de natación. –Le explica su madre abatida al saber del sufrimiento de su pequeña. Mi mujer y yo nos miramos al ver cómo Natalia palidece tras saber qué le pasa realmente a Yolanda.Nos quedamos los tres en silencio. No entiendo qué pasa entre ellas pero es hora de que Natalia nos lo cuente.-Es culpa mía, sí, es culpa mía. Lo siento. No debí decir nada. Lo siento.-¿Qué es lo que sientes, Nat? –La interrumpo.-Papá, lo siento, pero es que no pude contener la rabia de que me obligarais a tomar clases de natación simplemente por el hecho de que a la pequeñaaajjj, digo, a Yol le diera el capricho. Pero, le tengo que dar las gracias porque me gusta mucho. Me veo más segura ahora que poco a poco voy a aprender a nadar. Lo siento, de verdad, no era mi intención. Le hice un comentario que no se merecía y, entonces…mis amigas, mis amigas, entonces…No sé qué me pasó. No quiero que se rinda. Ella es fuerte…aunque sea más pequeña que yo. Yo soy la mayor y debo cuidarla.  No lo hice. Soy un desastre.En ese momento, Yolanda entra en el comedor. Está llorando. Un llanto silencioso, del que te rompe el alma. Ha escuchado lo que su hermana estaba diciendo. Mi intención es levantarme y abrazarla. Está sufriendo y se me rompe el corazón. Afortunadamente mi mujer está mucho más serena que yo, me coge del brazo y me impide levantarme hacía ella.-Papá y yo nos vamos a la cocina, creo que debéis solucionar vosotras lo que ha ocurrido. –La miro sorprendido. No quiero dejarlas aquí. Quiero quedarme y lamerles las heridas. –Si necesitáis algo, estaremos aquí al lado. ¿De acuerdo?Natalia asiente y se dirige a su hermana.-Nat, me hiciste mucho daño. Me llamaste “gorda” delante de tus amigas.-No fue exactamente así. Solamente te dije que no te metieras de golpe en la piscina por si la vaciabas…, bueno, sí, puede ser que quisiera llamártelo. Lo siento, Yol.-Lo peor no fue que me dijeras todo aquello. Aunque me dolió porque sabías dónde clavar el cuchillo. Somos hermanas, tenemos un código de inmunidad. Lo peor fue que tus amigas me llamaran “ballena” después de tu comentario y no hiciste nada al respecto. Además te reíste  con ellas. Me abandonaste, Nat. Rompiste el cordón que nos une como hermanas. Se supone que tú tienes que cuidar de mí. Yo solamente quería ser tan valiente como tú, quería vencer mis miedos para parecerme a ti. Quería verme esbelta y ágil…parecerme a mi hermana mayor y me decepcionaste. Mi mujer me coge de la mano, no sé si para reconfortarme o para autoreconfortarse ella. Estamos con el corazón en un puño al escucharlas. -Es cierto, Yol. En el momento que vi como llorabas en la piscina noté una punzada en mi interior, como si me lo hubieran dicho a mí. Pero no me atreví a enfrentarme a ellas. No soy tan valiente como tú, Yol. Reconozco que estaba un poco enfadada contigo. Rabiosa, incluso. Yo soy tu hermana mayor, yo debo ser la valiente, la que te proteja…y ¿qué he hecho?  Te he hecho daño, mucho daño y a mí también me lo he hecho al verte así. Te prometo que a partir de ahora solamente yo podré meterme contigo y solamente tú conmigo. –Le dice Nat a su hermana pequeña con esa sonrisa tan tierna y esos ojos de corderito que nos pone a nosotros cuando quiere conseguir algo.-Espero que me puedas perdonar, pequeñaaajjj, digo, pequeña.Yol al oírla no puede más que sonreír. Están haciendo las paces.-Con una condición…Al año que viene, de vacaciones a la playa. –Le dice guiñándole un ojo y a mí...se me derrite el corazón.  ​

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