Entra en el mundo de Laura Borao y déjate llevar por su fantasía…

 

Para aprender educando. Para ver a través de los ojos de un niño... Vive sus historias y sumérgete en sus personajes...

Conoce a  Laura

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Su primera novela

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El Futuro depende mucho del brazo que te agarra...

El Blog donde volver a ser niño

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Huele a libro, a lápiz y cuaderno por estrenar.

SIEMPRE HAY UN MOTIVO

 Si a María le hubieran preguntado por su alumno Alejandro, hubiera puesto la mano en el fuego por él. Jamás hubiera pensado que este alumno en concreto pudiera dar un cambio de 180º.María había sido su tutora durante el último ciclo de primaria y le sorprendió que la nueva tutora  le pidiera referencias sobre su actitud durante el curso anterior.  No podía creerse la información que le dio sobre él y los problemas de disciplina que estaba teniendo en su nueva etapa. Hablaba de líder negativo, nuevas amistades que le habían perjudicado, falta de estudio, reacciones violentas, ausencia de respeto e incluso sospechas de consumo de drogas y alcohol. Casi se desmaya del susto. A María le costaba entender que todo aquello fuera por la entrada  en la adolescencia. Tenía que haber algo más. ¿Dónde estaba el Alejandro cariñoso, buen estudiante y respetuoso que ella conoció? No podía dejar de pensar en él, incluso se fue a casa con aquel alumno dentro de su cabeza. Siempre había defendido que las personas que se dedicaban a la docencia nunca dejaban de preocuparse por sus alumnos, como si fueran sus hijos. No tenían un horario donde cerrar la “persiana” a las seis de la tarde y mente vacía hasta el día siguiente. Y ella era prueba de ello, no podía evitar llevarse en su maletín todas esas preocupaciones. Estaban educando personitas y tenía su parte de responsabilidad (junto con las familias) en la educación de aquellos niños. Después de darle muchas vueltas, le envió un correo a su compañera de secundaria pidiéndole permiso para hablar con Alejandro al día siguiente e intentar sonsacarle qué le estaba ocurriendo, intentar averiguar si había algo más detrás.Al día siguiente se levantó más temprano ya que María estaba dispuesta a encontrarse con él y tener una charla que aclarara su cambio de comportamiento para buscar soluciones.Cuando pasó con el coche por la puerta del colegio en busca de aparcamiento, lo vio con su nuevo grupo de amigos . “¡Qué mayor está!”, pensó. Pero notó en los rasgos de su cara que se habían endurecido, estaba enfadado, con rabia. “Adolescentes enfadados con el mundo que les atormenta”, pensó y no pudo más que sonreír al verse reflejada en aquel sentir cuando tenía la edad de Alejandro.Al girar la esquina del colegio se alarmó al ver a un grupo de chicos increpando a otro que se mantenía en el centro. No pudo evitar preocuparse porque le pareció distinguir en el centro de aquel grupo a Alejandro. Estaban haciéndole daño. Eran muchos contra él y tenía que ayudarle. Antes de que pudiera decirles nada, el repiqueteo de los zapatos en el suelo les puso en aviso y acabaron dispersándose dejando el círculo abierto. Allí estaba Alejandro de espaldas a María, firme, tenso, con la mano izquierda cerrada en un puño y la derecha…¿y la derecha? Su mano derecha agarrando el cuello de otro compañero, tan fuerte que los nudillos los tenía blancos. -Alejandro, suéltale, por favor. No puedes reaccionar de la misma manera que ellos. Lo solucionaremos de otro modo. Por favor, Alejandro. –Intentó convencerlo.Cuando Alejandro se dio cuenta que alguien le hablaba y le tocaba el hombro, se dio la vuelta con tanta furia que solamente le faltó tirar fuego por la nariz. Estaba tan concentrado en amargarle la existencia a aquel compañero que no se dio cuenta de quién se trataba.María se quedó paralizada al ver por fin la cara de su antiguo alumno y dejó abierta la visión del otro compañero, el dueño del cuello que Alejandro intentaba estrangular. Ella no pudo evitar dirigir la mirada a aquel chico. ¿Era pánico lo que veía en sus ojos? ¿Esperanza al ver a una profesora? ¿Se sentía a salvo ante su salvadora? ¿Qué estaba pasando allí? Automáticamente miró a Alejandro y era odio lo que reflejaban los suyos. María empezó a entender la situación y no era tal y como la había imaginado en un principio. Él no era el acosado sino el maltratador. Las palabras de su compañera prendían vida en aquel momento.-Alejandro, ¿qué estás haciendo? ¡Suéltale ya! Le estás haciendo daño.-María, no te metas en esto, no es asunto tuyo. –Le contestó Alejandro soltando al compañero que le faltaron segundos para escapar de allí.-¿Ahora soy María? ¿Dónde quedó “Señorita”?-¡Déjame en paz, te he dicho! –Le gritó con tal despreció que congeló todo a su alrededor.A María le pareció ver arrepentimiento por unas décimas de segundo, pero duró tan poco que le hizo dudar si había sido su imaginación. Antes de que pudiera replicarle, Alejandro se marchó. Ella no se dio cuenta de la tensión que había producido aquel episodio hasta que sacó todo el aire que había mantenido en sus pulmones. Respiró hondo un par de veces más para tranquilizarse.No le quedó otro remedio que buscar a la tutora de Alejandro y contarle la escena que había presenciado. A ella no le sorprendió pues llevaba un tiempo comportándose de aquella manera y las sanciones no le servían de mucho. No se lo podía creer, pero lo había vivido en primera persona. Esa mirada, ese odio retenido. Debían poner medidas. Solucionar aquella situación, que Alejandro fuera consciente que en cada acción hay una reacción. Era imposible hablar con él, se había cerrado en banda con puerta acorazada y huella ocular para poder entrar.¿Qué podía haber ocurrido en unos pocos meses de diferencia? ¿Qué fue de aquel “Señorita, la echaré de menos” con el que se despidió en su último día de curso? ¿Cómo había podido convertirse en un acosador? ¿Dónde había enterrado todos aquellos valores que le habían enseñado? ¿Y sus padres? Debían estar destrozados. Ver a un alumno que ha cambiado tanto era duro, pero…¿y para sus padres? Saber que tu hijo causa daño voluntario, le quita la sonrisa a otra persona, que se ha convertido en el antagonista de la película, debía ser horrible. Debían estar tan perdidos como ella.María no podía dejar de darle vueltas a todo aquello, pero también estaba muy enfadada con Alejandro. Aquella falta de respeto y aquel desprecio para su persona eran irreconocibles en el que fue su alumno…pero no lo había soñado, no, fue él.Le pidió a su compañera, tutora de Alejandro, que la mantuviera informada y se ofreció a ayudarla en todo lo que ella pudiera hacer, pero sabía que no era labor suya inmiscuirse en la tutoría de otra profesora. Pasaron los días y María intentó volver a la normalidad de su clase. Se cruzó con Alejandro en varias ocasiones y en todas ellas le pareció que él iba a decir algo cuando se encontraba a su altura. Como no se atrevió, no se dijeron nada. María quería darle una lección, quería que supiera que no todo se arreglaba con una sanción, que cuando haces daño a alguien, cuando le decepcionas, se le clava una espina en el corazón que cuesta de sanar. Es muy difícil volver al mismo punto dónde te encontrabas. Ella sabía que su pasividad hacia Alejandro a él le molestaba. Si lo que él pretendía era llamar la atención comportándose de aquella manera, no lo iba a conseguir con María. Ella se mantendría en sus trece hasta que aquel muchacho se cansara de estar en “el lado oscuro de la fuerza” y volviera a la luz. Había una razón, estaba segura. Pero, ¿cuál? Una tarde, María se encontraba aún en su clase corrigiendo y preparando las clases del día siguiente. Ya era tarde, no quedaría nadie en el centro y se sobresaltó al oír que alguien llamaba a su puerta.-María, eh, digo, Srta. María, ¿puedo pasar? –Asomó Alejandro la cabeza desde la puerta.Ella disimuló e hizo como que no lo había escuchado. Incluso tuvo que girar levemente su cabeza para esconder con mechones de su cabello su sonrisa. Sabía que reaccionaría. Sabía que quedaba algo bueno dentro de él, solamente debía esforzarse, luchar y encontrarlo.-Ggrr, ggrr. –Tosió para hacerse oír. –Srta. María, ¿podría hablar con usted?María levantó la cabeza lentamente y le miró directamente a los ojos. Tardó varios segundos en hablar ya que quería asegurarse que (su) Alejandro había vuelto y era el que tenía delante.-Hola Alejandro, hace días que te espero. –Le dijo María mientras él se acercaba hacía su mesa.-Es-to, Srta. María, quería, yo quería disculparme. Sé que no debí hablarle de aquella manera, pero…hay veces que no lo puedo evitar. Y…quería que supiera que he venido por mi propia voluntad. Aunque mis padres insistieron que lo hiciera, lo he hecho cuando he estado preparado porque quería que fuera de verdad.María dejó su bolígrafo encima de la mesa y se levantó despacio para ponerse a su lado. Para Alejandro todos aquellos movimientos pasaron a cámara lenta. María le importaba y aquella mirada de decepción cuando lo encontró peleándose con un compañero le provocó una punzada en el corazón. “Otra más” pensó en aquel momento, pero estaba harto de que las entrañas le dejaran sin respiración. Tenía que contar todo lo que llevaba dentro todos aquellos meses. No entendía lo que le ocurría y por qué reaccionaba de aquella manera.-A ver, acepto tus disculpas. Sé que al nuevo Alejandro le estará costando mucho esta conversación pero quiero que mi alumno vuelva y que me cuente lo que le pasa realmente. Para cualquier mortal tienes una mala adolescencia, pero a mi no me engañas, muchacho. Si has venido hasta aquí y te has disculpado, serás capaz de soltar aquello que te hace ser tan distinto a la personita que hemos educado.Alejandro abrió la boca varias veces haciendo amago a hablar. Abría con la esperanza de que las palabras salían y la volvía a cerrar. Como costaba hacerlo. Había escondido tan adentro aquel sufrimiento que ahora costaba salir. Agachó la cabeza, respiró hondo varias veces y empezó a llorar en silencio. Ningún sollozo. Cada lágrima derramada le escocía el alma. Llevaba meses sin hacerlo y era…depurador.Cuando tuvo fuerzas para levantar la cabeza en busca de los ojos de comprensión de María se la encontró allí, a su lado. Le puso una mano en la espalda que la notó con calor. Ella era la única que sería capaz de descongelarlo.-Alejandro, ¿me lo vas a contar? Sé que no será fácil, estará anquilosado en lo más profundo de tu interior. Pero debe ser importante para que te haya arrastrado de aquella manera.-Lo siento, señorita. Mi tutora insiste en hablar conmigo, en que le cuente mis cosas, pero…no sé…-No tienes la suficiente confianza. –Le interrumpió María al darse cuenta que no encontraba las palabras. -¿Y a tus padres? Te quieren y seguro que estarán preocupados. Ellos te escucharán, no debes tener miedo.-Exacto. Solamente la conozco unos meses y no soy capaz de abrirme con ella. Usted me dijo en una ocasión que los tutores o tutoras que tenga serán las personas que cuidarán de mí, pero, me cuesta porque no sé si confiará en mí lo suficiente. Ella ya me ha conocido siendo así y no sé si creerá que había un Alejandro distinto a este. Y ¿mis padres? No quiero hacerlos sufrir más.-Sabes que siendo el nuevo Alejandro estás destrozándoles, ¿verdad? Para ellos no hay nadie más importante que tú y si te ven mal, ellos también lo están.Volvió a agachar la cabeza avergonzado. María era importante para él y no quería defraudarla…ni a sus padres tampoco. Pero aquel cambio le daba una tregua a su agonía.-Sí, es cierto. Pero quiero volver a serlo. No quiero ser la persona que esté sufriendo y tenga que hacer sufrir a los demás. Me duele tanto dentro que no puedo más que castigarme haciendo daño a los demás.-¿Y qué te provoca ese dolor tan intenso que te hace reaccionar de esa manera con el resto de la humanidad? –Le guiñó el ojo para que fuera consciente que estaba exagerando.-Pues la culpa…Mi tío murió este verano por mi culpa. Mis padres están destrozados y yo no soy capaz de reconocerlo delante de ellos. Están distantes, lloran a escondidas y quiero que me griten, que se desahoguen… Si yo no hubiera insistido que jugase conmigo un rato más a la consola, se hubiera ido antes a casa y no hubiera tenido el accidente. ¿Lo entiende? Es mi culpa, yo le insistí y ya no está aquí conmigo, con mis padres. Lo siento tanto. Si pudiera volver a aquella tarde… Y siento rabia, mucha rabia que necesito sacar. Esa es la que me obliga a hacer daño a la gente que me rodea. Pero no me gusta ser así. No quiero ser así. Y me di cuenta cuando intentó separarme de aquel compañero.En ese momento se oyó a alguien sollozar detrás de ellos. Ambos se giraron asustados pues no esperaban que hubiera nadie allí. Cuando María reconoció a la madre de Alejandro e hizo un gesto para que se acercara a ellos. “Ha llegado el momento de abrirte con mamá. Ella también sufre y no se lo merece”, le dijo María al oído antes de levantarse y alejarse unos pasos de Alejandro. Él se levantó de su pupitre y con temor dio el par de pasos que le restaban para abrazarla.-Mamá, lo siento, fue culpa mía. Lo siento tanto. Ojalá hubiera sido yo, mamá. Os vi sufrir tanto… Duele mucho, aquí dentro.-Cariño, no digas eso ni en broma, ¿de acuerdo? El tío murió porque el hombre que conducía el otro coche iba borracho y se saltó el semáforo. No es culpa tuya, amor. Todos estos meses creyendo que fue por tu culpa…Lo siento, cariño. La muerte de uno de los nuestros te rompe el alma, te destroza y descuidé tus sentimientos. Quise pensar que eras más fuerte que yo y que podrías hacer este camino solo. Me equivoqué y lo siento, Alex. Te queremos con todo nuestro ser. Jamás se nos ha pasado por la cabeza que aquello fuera culpa tuya, de verdad. Te encuentras en una etapa de cambios físicos y, sobretodo, emocionales y no has sabido canalizar ese dolor. Es muy difícil, a mi me cuesta. Debemos pasar el duelo. Juntos. Buscaremos apoyo si es necesario. No tienes que preocuparte más, ya está aquí mamá. No podía creer que lo hubiéramos hecho tan mal contigo durante todo este tiempo que te hubieras convertido en una mala persona. Me alegra saber qué es lo que te pasa realmente. Siempre hay una razón.María emocionada no podía apartar la mirada de aquella escena. Era tan íntima que le supo mal invadir ese espacio. Cuando madre e hijo se abrazaron, Alejandro abrió los ojos y vio como María, muy discreta, salía del aula. Sus miradas se cruzaron durante unos segundos y de la boca de su alumno, del de siempre, pudo leer un “Gracias” que le llegó hasta lo más profundo de su corazón. 

¿Y SI FUERA TU HIJO?

Cuentos para combatir el acoso escolar. Os presento la entrada que el pasado jueves se publicó en el blog de SM Conectados y a los que estoy eternamente agradecida.  Para todo aquel que se dedique a la docencia sabe que la palabra “hijo-a” también engloba el sentido de “alumno-a”. ¿Cuántas veces no se les ha escapado un “mamá” cuando querían decir “seño”? Para ambos roles, las personas más importantes son ellos, nuestros alumnos-as o nuestros hijos-as. Nos sacrificamos por y para su educación, poder estar orgullosos de su evolución (independientemente de su elección como profesión en un futuro), verlos sonreír, disfrutar de los momentos vividos…en definitiva, si ellos son felices, nosotros lo somos más.            ¿Qué ocurre cuando algo trunca esa felicidad? Pierden la sonrisa, ya no quieren ir al colegio, ponen mil excusas, se esconden por ser diferentes, no quieren ser insultados, marginados o agredidos o, por el contrario, dan una mala contestación, un acto que no nos gusta, unas risas fuera de lugar, la poca sensibilidad ante un acontecimiento triste…Todo esto son pistas de que algo ocurre. ¿Qué hacemos ahora que somos conscientes? Son nuestra responsabilidad.Es necesaria una labor conjunta para con tus hijos/alumnos ya que, a pesar de que los colegios son los lugares más seguros, los últimos estudios constatan el  aumento de la violencia física y verbal en los centros. Muchas de estas agresiones son un reflejo de lo que ocurre fuera de los colegios. Los problemas de convivencia pueden venir incrementados por la incorporación de la tecnología y el mal uso de las redes sociales en las vidas de los menores que quieren imitar a los adultos (sin serlo).Tanto el ambiente del colegio como el de la familia deben ser generadores de comportamientos sociales y crear un clima sano para estos.La falta de respeto, la humillación, la intimidación o la carencia de valores pueden provocar un clima de violencia y son características esenciales del agresor.¿Qué ocurre cuando estas agresiones se producen fuera del aula? ¿Y si el agresor espera a estar en el pasillo, en el patio o en el comedor, siempre fuera del alcance de un adulto? ¿Qué ocurre si lo hace a través de las RRSS? ¿Qué sucede cuando el agredido no se atreve a confesar la agresión? ¿Aquellos que permiten y callan se convierten en agresores? ¿Cómo puede el adulto detectar y ayudar a aquellos que se sienten humillados? ¿Dónde queda la educación en valores como posible solución? ¿Cómo gestionar la envidia? ¿Y el miedo?Como docente, me encuentro en la obligación de aportar mi granito de arena para poder ayudar, reflexionar y contribuir a la mejora de la convivencia tanto en los centros como en casa. ¿Qué mejor que la lectura de historias que nos hagan reflexionar y empatizar? Estos cuentos, dirigidos a un lector adulto, surgen de dos necesidades absolutas: por un lado, encontrar soluciones a las cuestiones planteadas anteriormente conjugando la lectura de ficción con la educación emocional, ya que muchos de los problemas de base del gran número de las agresiones ocurridas en los centros es la falta de educación en valores, siendo la falta de respeto el mayor problema; y  por otro, la implicación de la lectura de padres-hijos o profesores-alumnos como parte esencial en la educación. La lectura de los cuentos, por ejemplo, en las sesiones de tutoría donde se pueda hacer un ejercicio de visualización, de reflexión con lo acaecido en el cuento, darle vida con algún episodio ocurrido en el aula, etc.Ayudar a padres y profesores a detectar, prevenir y gestionar cualquier tipo de acoso en el rol que hayan adoptado sus hijos o alumnos es el objetivo principal de este proyecto. E incluso la lectura de estos cuentos por adolescentes donde puedan verse identificados en alguno de los personajes y así poder cambiar su comportamiento.Tanto para padres como para profesores, la educación de sus hijos o de sus alumnos es lo más importante. Y en ocasiones se les escapan de entre los dedos por no saber cómo gestionar el crecimiento y evolución (y todo lo que lo envuelve) de sus hijos o alumnos. A través de las vivencias de los personajes de estos cuentos pueden llegar a ser conscientes de lo que realmente ocurre a su alrededor y así poder encontrar una posible solución.Desde  excusas como “son cosas de niños”, “era de broma” o tener miedo a confesar una agresión por ser el siguiente receptor de las burlas o las humillaciones; trabajo de visualización para padres y agresores; valorar el esfuerzo, fomentar la empatía, la confianza, el compañerismo, la superación, el respeto, el cambio o el amor, son algunos de los temas tratados en los diferentes cuentos que podéis encontrar en:  www.lauraborao.com/blog.html

¡GRITA!

No me queda otro remedio que resguardarme detrás de este árbol en la esquina que da al colegio. He parado en seco al darme cuenta que las “chupiguays”  (como las llamamos el resto de mortales insignificantes) se han vuelto a reunir. Por los abrazos que veo, la separación del verano no ha mermado su amistad, ¿lo habrá hecho su maldad?Pilar, Olga, Sara, Lidia y Andrea llevan juntas desde los seis años y cada vez más fuertes. Son las “brujas” del centro. Hoy es el primer día de clase después de vacaciones, empezamos ilusionados otra etapa…bueno, yo estaba ilusionada hasta que las he visto a ellas. Desde su trono, altivas y poderosas tienen engañados a todos en el colegio, menos a sus propios compañeros que somos los que sufrimos su presencia. Son inteligentes y responsables con los estudios. Todo lo que tienen de listas, lo son de malvadas. ¿No se supone que los adultos son más listos que nosotros? ¿Cómo no ven lo que hacen con todo aquel que no les baila el agua? -Hija, ¿qué haces ahí quieta? Con lo que has corrido para llegar al colegio, pensaba que ya estarías sentada en primera fila esperando al profesor. Bea, Beatriz, ¿no me oyes? –Me pregunta papá al llegar a mi altura sacándome de mi ensoñación.-¿Eehh? Ah, sí, perdona, sí te oigo, sí. Es que he corrido tanto que me ha dado una rampa en el gemelo y he tenido que parar a estirar. –Le digo haciendo alarde de todos los estiramientos que conozco.-Deja de estirar y vamos dentro. Aún llegarás tarde como no te des prisa. –Me regaña por la posibilidad.Odio mentir a mis padres. Pero intento autoconvencerme que es por su bien, ya que se preocuparían más de la cuenta y no quiero darle más importancia al asunto. Aunque me siento mal por hacerlo ya que es tal la confianza que depositan en mí, que se creerían cualquier cosa. Incluso la posibilidad de la abducción.Si lo analizáramos detenidamente no le he engañado (mucho). Me ha dado un tirón, no de correr, pero sí un tirón de pánico al verlas.Ando detrás de papá y de Celia, protegiéndome de sus miradas. Mi hermana pequeña se gira extrañada ante mi comportamiento, pero es que no quiero que tengan ninguna excusa para atacarme, “es que me has mirado con dos ojos” o “es que estabas respirando mi mismo aire”…bueno, igual no es exactamente así, pero sí igual de ridículas que éstas.En cursos anteriores no han perdido ninguna oportunidad de burlarse o agredir y humillar a todo aquel ente que no perteneciera a su clan. Muchos de mis compañeros optaron por unirse a su séquito para no ser saco de boxeo de las arpías. Prefirieron callar y ser partícipes de sus fechorías antes que enfrentarse a ellas o ser blanco de su diana. Quedamos pocos valientes (¿valientes?) que estamos en la resistencia. Otros años, siendo más pequeña, les confesaba a mis profesores cómo me sentía con las burlas de alguna de ellas, pero me cansé. Me cansé porque no acababan de ver malicia en aquellos comportamientos e incluso en alguna ocasión se insinuó que había sido yo  la causante de aquella situación. Aprendí a aguantar y a guardar silencio.-Lidia y Pilar, ¿es verdad lo que me cuenta Bea?-Era broma, profe. No queríamos que le sentara mal, simplemente era un juego y nosotras pensábamos que ella también estaba jugando con nosotras. –Le dijo Lidia al profesor, con aquella carita tan ensayada de niña buena que cambiaba a la del muñeco diabólico en cuanto nuestro profesor se giraba.-Oohh, Bea, ¿podrás perdonarnos? Ha sido un malentendido. Era de broma. –Me djjo Pilar pestañeando muy rápido.“Será falsa”, pensé. Tardé más de la cuenta en contestar, cosa que hizo que me ganara una mirada de reprimenda por parte del profesor. No lo culpé, simplemente ellas eran muy buenas actuando. A partir de ese momento entendí lo que significaba “Lobos en la piel de corderitos”. Ellas eran los lobos, claro está. Ahora que lo pienso, en la nueva etapa seguro que aprovechan para mezclarnos. Espero no caer en la misma clase que algunas de ellas. Sería horrible. Por favor, por favor, por favor, que se alineen todos los astros para que eso no pase. Creo que estoy hiperventilando. “No podrán contigo, Bea”, “Eres fuerte”…¿si me lo repito muchas veces, acabaré creyéndomelo? Después de creer desfallecer, no ha ido tan mal como yo pensaba. De las cinco, solamente tengo de compañera a Andrea. Con ella nunca he tenido problemas. Siempre han sido Pilar y Lidia las cabecillas. Pero, aun así, pertenece al grupo y eso me hace desconfiar, ponerme en alerta.Creo que no esperaba que la separaran. Se ha quedado blanca cuando ha ido oyendo los nombres de sus amigas que completaban otras clases. Solamente le ha faltado llorar y seguramente no lo habrá hecho por vergüenza. De todas formas al resto de su grupo parece que le ha dado un poco igual que ella no estuviera en sus clases. No han ido ni siquiera a consolarla. Si cuando digo que no tienen sangre en las venas… Andrea lleva un par de días intentando relacionarse con la clase. La mayoría somos “víctimas” de sus amigas y no nos hace ninguna gracia tener que entablar conversación con el enemigo. Incluso algún compañero ha comentado que es una espía de las brujas. Aún así, me da un poco de lástima. Parece que sea sincera y se ha quedado sola. No soy yo quién tenga que juzgar si se lo merece o no, pero si me diera igual significaría que me habría convertido en una de ellas y eso es lo último que quiero. -Hola, ¿estás bien? –Me decido a preguntarle en un intercambio al verla en su pupitre con la mirada fija (y  perdida) en sus apuntes.-¿Ehh? ¿Disculpa? Ah, sí, bueno, no. Es que, es que nadie quiere sentarse conmigo, nadie me habla…y, y, no lo entiendo.¿¡Qué no lo entiende?! Esta sí que es buena… Espera, ¿lo dice en serio? Sí, lo dice en serio porqué así lo cree.-Tienes que darnos un poco de tiempo, Andrea. Nos lo habéis hecho pasar muy mal. Sobretodo tus amigas. –Me atrevo a confesarle.-¿Cómo? Yo no he hecho nada a nadie. No era mi intención si se (o te) lo hecho pasar mal. Lo siento, de verdad. –Me dice con aquella cara de “no entiendo nada, es como si hubiera vivido en una realidad paralela a la que me estás contando”.Pues sí, reina, debe ser y a nosotros nos tocó vivir la peor de las dos realidades. Si me dice que “era broma”, no respondo. No, no lo hace (afortunadamente) y, además me mira con los ojos anegados, aprieta los labios para que no se le escape el sollozo y a mí se me rompe el corazón. Realmente lo siente. A partir de ese momento intenté por todos los medios que Andrea encajara dentro del grupo de clase. Estuvo dos días enteros pidiendo perdón, incluso intentó conciliar entre los “dos grupos” del curso para que simplemente se convirtiera en uno. “La unión hace la fuerza”, nos decía…Pero aquella idea no gustó a Pilar, Olga, Sara y Lidia. Claro, ceder a la unión significaba renunciar a su puesto de reinas y con personas como ellas, no iba a resultar. Andrea se empeñaba y me confesó que le habían puesto en el aprieto de “o con ellas o sin ellas”, sin término medio. No hizo falta que me dijera qué había elegido, simplemente me cogió la mano y sonrió. -¿Qué haces aquí, niña? –Me dice Pilar cuando entra en el baño y me encuentra allí lavándome las manos después de miccionar.-No creo que te tenga que explicar lo que hacemos en un servicio, ¿no?-Mira, Lidia, la niña nos ha salido listilla. Me huele a mí que te está vacilando. A mi amiga nadie le vacila, ¿lo entiendes? –Me dice dándome un empujón.-Sí, la listilla ha puesto a Andi en nuestra contra.Otro, golpe y otro hasta que me meten dentro del baño a empujones.-¿Por qué no haces como el resto de tus compañeros y te mantienes al margen? Métete en tus asuntos y deja las cosas como estaban. Todos vivíamos mejor.“Ese ‘todos’ se referirá a ellas”, pienso mientras me quedo acurrucada, llorando, lamiéndome las heridas (las físicas y las emocionales). Otra vez han ganado. Oigo voces en la puerta de los servicios, no me atrevo a mirar.-Si hablas, serás tú la siguiente. –Le dice Lidia a…no sé a quién, una más del resto de la humanidad a la que tienen atemorizada.Alguien se acerca y me muero de vergüenza que me vean así, derrotada. Alguien me acaricia el pelo, intentando reconfortarme. No puedo evitar levantar la mirada aunque me cuesta enfocar a causa de las lágrimas que barren mis ojos. Es ella, es Andrea. Hace escasas semanas hubiera pensado que vendría a pegarme, reírse y humillarme como el resto del clan. Pero, ahora sé que ya no. Odia a la Andrea que era, a la que consentía y no se daba cuenta de lo que realmente pasaba, y no quiere volver a serlo. No para de mirarme primero a los labios y después a los ojos.-Bea, habla. No podemos dejar esto así.Estoy tan nerviosa, aterrada que no puedo abrir la boca, ni siquiera para contestarle, como si la tuviera cosida.-No puedo, Bea. Ya lo intenté muchas veces y no resultó. Hasta tú las creíste pensando que eran cosas de críos, bromas y juegos que no hacían con maldad.-Habla, Bea. Rompe esos hilos que cosen tu boca y te impiden confesar lo que ocurre. “GRITA, GRITEMOS” para hacernos oír. –Dice Andrea en una mueca de dolor. –No más “vergonzosos silencios”.​

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