En LAURA se alinean la escritura y el dibujo. Es más, mantienen un pulso que está ganando el ARTE, en mayúsculas sí, repito, porque esa doble vertiente de su talento consigue la curvatura del círculo, es "un todo en uno" con el que romper el cascarón que se ha construido, que la envuelve y así liberar sus creaciones para que podamos disfrutarlas... 

Descubrir nuevas formas y disciplinas artísticas de la mano de #vidaescrita, hace que Laura se deje llevar por la Hippie e indomable Laura Borao…. ahora la pregunta, te la hago a ti,  ¿quieres conocer más de ella y su talento?

 

Continúa disfrutando en esta web, su casa. 

Solamente soy profe​

Hace unos días, una lectora del blog me preguntó si era la psicóloga del colegio. Me ruboricé (algo muy mío) ante los halagos,ya que considero que el papel de un psicólogo escolar es esencial para completar la educación de los alumnos. Ellos intervienen para mejorar la convivencia, se implican en las necesidades educativas, orientan y asesoran sobre su futuro, proponen actividades preventivas para evitar posibles problemas, ayudan a las familias y nos apoyan y orientan para crecer en nuestra labor. Que alguien, al leer mis cuentos, pensara que reflejaba todas esas funciones, me llena de orgullo… Pero:—Solamente soy profe –le contesté.—¿Solamente? –se extrañó. Cierto es que, quien elige dedicarse a la docencia, sabe que ser profe implica cambiar de rol cada segundo dependiendo de las necesidades de nuestros alumnos. Podemos ser: reporteros de contenidos, enfermeros, policías, directores de cine, papis, bomberos, magos, expertos en audiovisuales, ilusionistas, y …, también un poco psicólogos. Además, a todas estas profesiones que los profesores adoptamos en las aulas, cual actor con los papeles que interpreta, debemos de añadir el papel de coach. Término, en el ámbito educativo, relativamente nuevo en España aunque su máximo precursor fuera Sócrates con su “arte de conversar”, donde su método se llevaba a cabo mediante el diálogo hasta llegar a la idea adecuada. El secreto de su éxito estaba en saber escuchar (acción fundamental para llegar a ser un buen profesor).Tan sencillo como eso. Incluso, se dice que parecía que era él quien aprendía de sus discípulos. Estoy segura que también disfrutaba de ello. Transmitir ilusión y pasión por aprender puede llegar a ser agotador, pero te llena de satisfacción saber que has conseguido llegarles al corazón. Hace un par de semanas, en una formación en la que asistió el claustro de profesores, nos pidieron hacer un listado con las características que deberían de tener nuestros alumnos cuando terminaran su etapa en el centro. Me gustó saber que tener la batería cargada de contenidos, no era la primera opción para nosotros. En cambio, sí que lo fueron: ser capaz de adaptarse a los cambios, que fueran responsables de sus acciones, resolutivos, con pensamiento crítico, educados, capacidad de superación, inconformistas, curiosos o creativos, capaces de trabajar en equipo, entre otras. ¿Cómo conseguir que nuestros alumnos adquieran estas habilidades? ¿Recitando contenidos? ¿El coaching puede ayudarles?¿No queremos sacar el máximo potencial de nuestros alumnos? ¿No queremos que lleguen a cumplir sus metas o que sepan gestionar la frustración? Seguro que la mayoría de profesores, nos acercamos, hablamos y escuchamos a nuestros discentes; les motivamos, observamos y ayudamos a estructurarse; les llenamos de seguridad y confianza. Sin saberlo (o sí), contribuimos a la mejora del desarrollo del alumno para alcanzar su máximo potencial mientras adquirimos ciertas habilidades propias de la figura del coach. Aunque no somos profesionales del coaching, para serlo tendríamos que formarnos y profesionalizarnos, sí que, en muchos casos instintivamente, acompañamos (palabra clave) a nuestros alumnos en el camino de la vida. La labor del “entrenador” se ve muy bien reflejado en el cine. Películas como La vida es bella, Invictus, El Club de los poetas muertos, Hitch, El indomable Will Hunting, La leyenda de Bagger Vance, El guerrero pacífico o En busca de la felicidad y su “No dejes que nadie te diga que no puedes hacer algo, ni siquiera yo. Seguramente te lo dicen porque ellos mismos piensan que no pueden. Pero si tienes un sueño, tienes que perseguirlo”, son algunos ejemplos de la labor del coach que puede aplicarse a cualquier profesor . Quiero ser un Guido, un Mandela, un profesor Keating o cualquiera de los protagonistas de estas películas que hacen que sus coachee sean mejores personas y consigan sus objetivos.​

Hablemos de libros de texto

Hablar de los beneficios o no de utilizar libros de texto en las aulas, es cuanto menos controvertido. Sé que me estoy metiendo en un terreno movedizo del que me costará salir, pero el mundo está lleno de valientes… O eso dicen. El debate no lo he creado yo, ni mucho menos, está en el candelero desde hace años y será (casi) imposible llegar a una opinión unánime porque “de gustibus non est disputandum”, es decir, para gustos colores.Nosotros somos unos ochenta profesores en el centro y, estoy segura que, cada uno tendrá una opinión y un “pero”. ¿Cómo se va a poner de acuerdo toda una comunidad o un país? Diría que cada centro escogiera su mejor opción, la que mejor se adaptara a su línea educativa, pero, sin volverse locos ya que somos bastante radicales en nuestras decisiones.Tendemos a tomar decisiones drásticas cuando hablamos de cambio en educación. De hecho, cada vez hay más centros repartidos por el territorio español que han roto con las estructuras más tradicionales para transformar sus centros en los más innovadores (entiéndase como “introduciendo novedades”): sin aulas fijas, prescinden de asignaturas y de libros de texto, por ejemplo. ¿Es la solución? El Ministro de Educación en Gran Bretaña, Nick Gibb, en 2014 criticó la “ética anti-libros de texto” que había crecido en su país y la relacionaba con los bajos resultados en las pruebas PISA comparados con los de Finlandia o Corea del Sur. Gibb pidió a los profesores que utilizaran libros de texto en sus aulas y, a las editoriales, que produjeran libros de calidad.En cambio, un año después, Richard Culatta, asesor del presidente Obama, anunció que deseaba que en el 2020 los centros educativos prescindieran de los libros de texto.Y si me hubieran preguntado hace unos años, hubiera sido seguidora fiel del Sr. Culatta ya que siempre he pensado que los libros de texto han sido el paraíso dentro de la zona de confort para algunos profesores que han seguido a rajatabla cada contenido como si fuera el Santo Grial; totalmente herméticos dónde se han trabajado las asignaturas como compartimentos estancos sin ninguna relación entre ellas. ¿La culpa de trabajar así es totalmente de las editoriales? En mi humilde opinión, gran parte de la culpa ha sido del docente que se ha conformado con el material que le han presentado las editoriales. No han visto más allá y tampoco han querido asomarse y mirar el horizonte, las infinitas posibilidades. Creo que las editoriales (algunas) se han puesto las pilas para llevar la contraria al Sr. Culatta y no desaparecer en dos años.Como dice Luis Lajara, jefe de ventas de Santillana en la Comunidad Valenciana, son conscientes de la revolución educativa basada, sobre todo, en el cambio metodológico y que deben acompañar a los impulsores de este cambio, es decir, a los docentes. Para ello, el libro de texto ha sufrido una transformación. Ya no es simplemente un repositorio de contenido estructurado; son plataformas, aplicaciones, material audiovisual, recursos para trabajar las metodologías inductivas, etc. Ellos escuchan a los profesores que estamos en primera línea para llevar la información a los editores y, junto al departamento de i+d+i, diseñan el material que dará respuesta a nuestras inquietudes. Según su experiencia, Santillana interpreta leyes, crea materiales, maqueta, crea blogs, moodles, etc., para dar respuesta; además de acompañarnos mediante la formación para impartir las clases más dinámicas, competencial y significativa.El Sr. Lajara sigue explicando que “Santillana se reinventa cuando observa que los colegios apuestan por la formación en las nuevas metodologías. Cuando esa inversión comienza a dar sus frutos, toca trabajar por competencias, en cooperativo, por proyectos…. No es una quimera, es la realidad. En el idioma buscamos ser comunicativos, entender las matemáticas manipulándolas y hacer de las ciencias naturales y sociales una continua investigación. Estos son los pilares en los que se cimientan los nuevos proyectos, por no hablar del mundo digital. Aunque este mundo siempre tiene que ir acompañado de metodología si no solo es sustituir el papel por la tableta y no es lo que quiere nuestra editorial. Santillana cree en el cambio y acompaña en él. Ese es el futuro, continuar y reinventarse para dar respuesta de lo que esperan de nosotros.” Muchas de vuestras opiniones al respecto estarán fundamentadas por vuestra experiencia con las diferentes editoriales con las que habéis trabajado y, como en cualquier oficio, el contacto con la persona que se responsabiliza de “cuidarte” es fundamental. Las editoriales pueden tener los mejores materiales, recursos o programaciones, pero si el comercial no te da el servicio que tú necesitas, todo lo anterior pasará a un segundo plano. Y los directivos de las editoriales deberían preocuparse por el trabajo de calle que hacen sus trabajadores, si quieren convencer a los docentes que el libro de texto de calidad puede ayudar en el proceso de enseñanza-aprendizaje. En mi opinión, Santillana y Educamos SM, saben hacerlo muy bien. ¿Quién dice que no se pueda trabajar por proyectos, en colaborativo, Flipped Classroom o gamificación utilizando los libros de texto adecuados en las aulas? Lo que he aprendido estos últimos años es que los alumnos se cansan de todo y que, para ellos, realizar una determinada actividad más de dos veces, se convierte en rutina. Y las editoriales son conscientes de esta necesidad formando parte de la revolución educativa que, con sus nuevos materiales, nos pueden facilitar nuestra labor como docentes.​

El ayudante de Papa Noel​

—Mamá, ¿te has dado cuenta que desde que ha empezado el mes de diciembre, únicamente hay dos tipos de anuncios? Los que incitan a comprar… ¿Te creerás que, este mes, solamente tengo ganas de jugar con un montón de juguetes y de perfumarme continuamente? –Reflexionó Fernando mientras miraba la televisión junto a su madre.—Mmmm, ¿y qué otro tipo hay? –Preguntó sin poder evitar la risa ante las ocurrencias de su hijo.—Pues los de las ONG’s pidiendo ayuda para los niños hambrientos de África. ¿No te habías dado cuenta, mamá? –Se giró extrañado para mirar a su madre ya que, le sorprendía que no se hubiera dado cuenta y él sí.Marta abrió los ojos tanto como pudo y…—¿Por qué el mundo es tan injusto, mamá? –Le preguntó Fernando volviéndose de nuevo hacia el televisor, dejando a Marta boqueando, pero sin poder pronunciar palabra. Aquella noche Marta no pudo pegar ojo porque le dolía no haber podido contestar a su hijo, pero, sentía que no tenía respuesta. Ella pensaba lo mismo, el mundo era muy injusto, pero, no sabía cómo solucionarlo.—Fernando, respecto a lo de ayer, ¿quieres ayudar?—Mami, no nos podemos ir a África. Justo ahora empiezan los controles…Su madre lo miró sonriendo con ternura y pensó que más no lo podía querer.—Muy cierto, cielo. Pero algo se nos ocurrirá. –Le dijo guiñándole el ojo. —¿Qué vais a pedir para los regalos de Navidad? –Preguntó uno de los compañeros de Fernando mientras charlaban en el patio.—Rafa, ¡qué exagerado eres! Si aún faltan dos semanas para mandar la carta. –Le dijo otro compañero.—Este año no quiero llegar tarde que las Navidades pasadas, de los diez regalos que pedí, solamente me trajeron siete porque ni Papa Noel ni los Reyes Magos los encontraron porque se agotaron muy pronto. –Contestó Rafa aún molesto con el recuerdo de quedarse sin aquellos regalos.—¿Siete regalos? Buaj, eso no es nada. Yo ya tengo seleccionados unos veinte regalos porque en casa de mi mamá envío una carta, en casa de mi papá otra y, dos cartas más, en las de mis abuelos. –Les contó Lolo con los ojos brillantes por la emoción al imaginarse con todos los juguetes que le esperaban.Uno por uno, iban enumerando el sinfín de regalos que querían añadir en sus cartas, pero, también se daban ideas entre ellos para sumar a su listado.Fernando los miraba atentamente, desconcertado por darse cuenta que, hasta entonces, él era igual que aquellos amigos que no paraban de hablar de regalos, juguetes, comprar, pedir, pedir, pedir…—Bueno, Fernandito, ¿qué pasa que no dices nada? –Le preguntó Rafa al darse cuenta que su amigo se mantenía al margen de la conversación tan interesante que mantenían.—No, no, no me pasa nada. Creo que os pasa a vosotros.—¡¿Cómo?! –Chillaron todos a la vez pasmados ante tal comentario.—No sé cómo no os dais cuenta de la barbaridad de regalos estáis pidiendo cuando hay millones de niños que no tienen ni para comer. ¿Para qué queréis tantos juguetes si luego acabamos jugando con un par? Deberíamos de estar discutiendo de qué manera podemos ayudar…Fernando se calló al ver que sus amigos estaban sorprendidos, en silencio, escuchando todo aquello. Por fin estaban reaccionando. Él se dio cuenta solo, pero, a ellos les había hecho falta que alguien se lo dijera. No pasaba nada, lo importante es que algo les removiera por dentro. Incluso Fernando pensó que, entre todos, podían idear la mejor manera de poder ayudar a aquella gente que podía necesitar ayuda. Sonreía emocionado cuando, de repente, estallaron en carcajadas.—¡¿Estás alucinando?! No digas tonterías. –Habló Rafa entre risas.—Estás delirando si piensas que voy a renunciar a alguno de mis regalos. –Le dijo Lolo más seco al ver que su compañero hablaba muy en serio.—No digo ninguna tontería. ¿No estáis hartos de ver anuncios en la televisión de millones de niños africanos que no comen? Mi madre me explicó que aquí mismo, en nuestra ciudad, hay miles de niños que sus padres llevan mucho tiempo en el paro y no pueden permitirse el lujo de tener juguetes. ¿No os da pena que otros niños, como nosotros, no puedan disfrutar de las Navidades? –Empezaba a desesperarse.—Pues mi papá dice que esos padres que están en el paro es porque quieren. Que hay mucha gente vaga por el mundo y muy aprovechada. Eres tan tonto que te has creído que se mueren de hambre. –Le argumentó uno de sus compañeros.—¿Eres pobre, Fernando? ¿Por eso los defiendes? –Le preguntó Lolo, curioso.—Pu-es, mmm, no lo sé… –Confesó.—¡Fernando es pobre! ¡Fernando es pobre! ¡Fernando y sus padres son pobres y vagos! –Empezaron todos a gritar, burlándose de su compañero. Fernando no entendía cómo, una conversación que había empezado intentando hacerles reflexionar, había acabado con él en el suelo y sus amigos burlándose e insultándolo.Él había sido el primero en protestar otros años cuando sus padres seleccionaban un par de juguetes del listado que apuntaba para Navidades y dejaban el resto fuera de la lista. Él los quería todos, pero nunca fue así. Sus padres siempre habían intentado inculcarle el esfuerzo para conseguir las cosas que pedía, marcarse objetivos que tenía que luchar por alcanzarlos, el compartir, el respeto y el cuidado por los demás, pero también por las cosas materiales… Todo aquello empezaba a encajarle en aquella cabecita. Se sentía en la obligación de hacer algo. ¿Era eso también ser pobre? ¿Por qué sus compañeros no se daban cuenta de lo que en realidad eran? Días después, Fernando vagaba solo por el patio pues, cada vez que intentaba hablar con sus antiguos amigos, volvían a empezar los improperios y los empujones.—Mamá, ¿somos pobres? –Le preguntó cuando fue a recogerlo después de la llamada del Director.Marta había practicado el sermón que le daría a Fernando por haber empujado a otro compañero en cuanto llegase al colegio, pero la pregunta de su hijo le sorprendió antes de que pudiera empezar. Estaba claro que algo pasaba pues él nunca había tenido problemas en el colegio ni con ningún amigo.—¿Por qué dices eso?—Es lo que me dicen los compañeros de clase como insulto, como un ataque cada vez que intento explicarles que debemos ser más generosos y ayudar a la gente sin recursos. Pensaba que estaba haciendo las cosas bien, mamá, y mírame. Has tenido que venir a por mí porque he empujado a un compañero que quería cogerme el suéter y “dárselo a los pobres”, como ha dicho él.Fernando terminó de narrarle los acontecimientos de los últimos días y cómo había llegado a ese momento.—Cielo, no somos pobres…Aunque serlo no sería un insulto. Somos unos privilegiados porque tenemos una casa donde vivir, comida de sobra y juguetes para disfrutar. Todo el exceso, es un capricho. Entiendo que quisieras hacerles entender la necesidad que tienes de ayudar, pero, nunca ha de hacerse por la fuerza. Tú se lo explicaste, no lo entendieron y su mecanismo de defensa fueron los insultos. También puedo entender que lo ocurrido hoy, “ha sido sin querer” pero se había podido evitar si tú hubieras hablado conmigo o con tu tutora para ponerle en aviso de lo que te estaba pasando. Nunca debes callarte. Lo entiendes, ¿verdad?—Pero, es que eran mis amigos, mamá. No podía acusarlos. Yo solamente quería que entendieran que hay muchos niños de nuestra edad que no podrán jugar estas Navidades y, escucharlos enumerar todo lo que iban a pedir, me dio rabia que no se pudiera compartir.—Se me ha ocurrido una cosa… Ya sabes que papá y yo somos afortunados porque los dos tenemos un trabajo que además nos gusta. Hemos pensado que este año te vamos a dejar poner un juguete más en la lista…—Pero, yo no quiero más… –Le interrumpió Fernando.—No, hijo, no me refiero a eso. Puedes añadir un juguete más y ése lo llevaremos a una asociación de la ciudad donde se reparten juguetes.De repente, a Fernando se le iluminaron los ojos. Su madre había tenido la mejor idea del mundo.—¿Seremos ayudantes de Papa Noel? –Le preguntó con una radiante sonrisa. Pasaron los días y, aunque sus compañeros siguieron burlándose de Fernando, desistieron pronto al ver que a él no le afectaba de la misma manera volviendo, poco a poco, a la normalidad.El pequeño pasó los últimos días antes de Navidad, recogiendo antiguos juguetes que prácticamente no había utilizado y que ya no jugaba con ellos. Además de añadir un par de bolsas de ropa que se le había quedado pequeña.Sus padres estaban muy orgullosos de su hijo pues estaban haciendo un gran trabajo en su educación. Se había convertido en una personita responsable, respetuoso y generoso. La mañana de Navidad, Fernando despertó muy temprano a sus padres para poder abrir los regalos que Papa Noel había dejado bajo el árbol. Este año, había un regalo de más que sería el que llevarían a la asociación aquella misma mañana.Cuando llegaron cargados con bolsas de juguetes, ropa y comida, Marta se dio cuenta que su hijo se había quedado parado en la puerta cargando con una de las bolsas. Se había vestido de rojo y verde porque decía que así vestían los ayudantes de Papa Noel… Pero, allí estaba, triste y paralizado. Su madre se acercó con cautela ya que, no sabía qué le pasaba.—Hay mucha gente, mami.—Lo sé. Por eso estamos aquí, para ayudar y aportar nuestro granito de arena. Nos necesitan.—Nunca imaginé que tantos niños se quedaban sin su regalo en una fecha tan especial. Solamente pensaba en cuántos tendría yo.—No te pongas triste. No pasa nada, hoy estás aquí. –Intentó consolarlo.Marta lo abrazó, le cogió su manita y lo llevó a la sala que habían preparado para el reparto. Fernando no tardó ni dos minutos en acoplarse con el resto de niños, sonreír y jugar con ellos.—Fernandito, ¿qué le has contado a tu madre para que hable con la mía y reduzca mi lista de regalos y me obligue a venir aquí? –Le cogió Rafa del hombro obligándole a girarse.—¿Perdona? Rafa, te puedo asegurar que no le he dicho nada. Nuestras madres habrán hablado como hacen cada día. Supongo que a tu madre le habrá gustado la idea ya que nosotros somos muy afortunados de tener lo que tenemos y no nos cuesta nada hacerlo. Para ellos es muy importante.—Sí, claro ¿y qué recibimos a cambio? –Preguntó su amigo aún molesto.—Nunca hagas las cosas para recibir algo a cambio, pero, lo que recibirás hoy es más grande que cualquier juguete de Navidad. –Le explicó Fernando con una sonrisa.En ese momento se dio cuenta que una niña, algo más pequeña que ellos, estaba sola en un rincón.—Ve y dale a aquella niña este paquete. Ejerce de ayudante que es lo que has venido a hacer y deja de protestar por todo. –Animó a su amigo.Rafa cogió el paquete. Estaba blandito. Se acercó a aquella niña que estaba sola en un rincón. Sus ojos vagaban perdidos, sin luz, tristes. “¿Qué le habrá pasado a esta niña para que esté tan triste?”, se preguntó. Ella levantó su cabecita y alternó su mirada entre el regalo y los ojos de aquel niño que estaba plantado delante de ella. Éste alargó el brazo, pero la niña no lo cogió. Rafa se giró para mirar a Fernando y su amigo le insistió.Rafa seguía enfadado con aquella situación, pero, si no lo hacía, ni su madre ni Fernando pararían de insistirle. Se agachó, le cogió la manita y le dio el paquete. La niña seguía inmóvil. Rafa empezó a destapar el regalo y dejó al descubierto una oreja de peluche. Aquella pequeña reaccionó, sonrió y terminó de sacar aquel osito. Se le llenaron los ojos de lágrimas y se abrazó a aquel ayudante que le había llevado un regalo cuando no tenía nada. Marta sorprendió a su hijo cogiéndole de la mano mientras observaban aquella escena.—Ahí lo tiene, mamá.—¿El qué, cielo? –Le preguntó su mami extrañada.—Rafa iba buscando algo a cambio y acaba de encontrarlo. ​

Somos "lo más"...

 Esta semana, gracias a las RRSS, me ha llegado un artículo de la revista Educación 3.0, donde habla de los centros educativos más innovadores del mundo. Nos presentan nueve centros cuyo eje común es tener siempre presente la innovación educativa ya sea en las metodologías que aplican o en los espacios creados para mejorar resultados.Lo siento, no estamos en el listado. Ningún centro educativo español lo está.  De los nueve, seis son estadounidenses, uno sueco, otro holandés y, por último, uno brasileño. Seguramente haya muchos más centros que no han podido verse reflejados en este artículo, pero, éstos nos dan algunas ideas para sumarnos a las listas de centros más innovadores. ¿Por qué son considerados “Los más innovadores”? Pues, por ejemplo, el colegio de Educación Infantil en Estocolmo trata a sus alumnos a través del género neutro. Ponen mucha atención al lenguaje utilizado; El colegio situado en Silicon Valley aprovecha la cercanía de expertos, emprendedores e ingenieros para que los alumnos colaboren en algunos de sus proyectos; La escuela avalada por Bill Gates tiene el mismo tutor durante cuatro años y se centra en la tecnología; O, en Amsterdam que rompen con el concepto de “clase” y trabajan en equipos de trabajo de edades diferentes y que van cambiando cada día.Algunas sorprenden y tachamos de valientes, otras, puede que no sean tan “innovadoras” porque forman parte de nuestra rutina.En mi opinión, la innovación educativa debería ser aquel proceso que mueva los cimientos más tradicionales (que no todos) para introducir cambios tan poderosos que sean capaces de formar alumnos para el día de mañana. Para tal hecho, hoy en día es indiscutible la incorporación de la tecnología para llevarlo a cabo. ¿Nos preocupa no estar en ese listado? No hay que negar lo evidente: estar en el Top Ten de cualquier lista en positivo, da prestigio y satisfacción, cuanto menos, de un trabajo bien hecho y reconoce el esfuerzo realizado. ¿Qué nos lo impide? Tal vez, ¿las (diferentes) leyes de educación? ¿La inexistencia de un modelo de proyecto real, testado en colegios donde existan evidencias de éxito? ¿La falta de inversión en educación? ¿La formación necesaria para llevarla a cabo? ¿El miedo y las inseguridades que todo cambio provoca? ¿La falta de ganas de salir de la zona de confort en la que tenemos la forma de nuestro trasero en la silla del profesor? Todas ellas o ninguna en concreto.Y el objetivo no es estar en un listado de “Los más…”, eso es lo de menos (o lo de más). Nuestro objetivo debería ser educar buenas personas, que sepan desenvolverse en diferentes contextos, que se esfuercen por conseguir sus sueños, que caigan y sepan levantarse para seguir intentándolo, que (se) respeten y valoren lo que tienen, que se cuiden y cuiden de los demás y del entorno, que tengan curiosidad por aprender, que sean felices… Podría seguir añadiendo competencias que complementen a nuestros alumnos, pero, ¿qué diferencia hay con las que querían nuestros profesores hace diez, veinte o treinta años? El fin es el mismo, entonces, ¿qué cambia? El cómo.La escuela debería de estar en continua evolución, creciendo y adaptándose a las necesidades de nuestros alumnos. Ellos no aprenden de la misma manera que aprendí yo, por ejemplo. De hecho, ahora yo tampoco aprendo de la misma manera que entonces. ¿Cómo pretendo que mis alumnos lo hagan como lo hice yo? Tendré que crear clases en las que me gustaría participar como alumna y salga de ella con la intención de volver. Y aunque en Secundaria, que es donde yo imparto mis clases, los contenidos siguen teniendo mucho peso, puedo elegir cómo darlos. ¿Qué necesito? Amar mi profesión, ser consciente de los cambios que me rodean, preguntar y escuchar a mis alumnos (que tienen mucho que decir), estar al día en las nuevas metodologías que me ayuden en el proceso enseñanza-aprendizaje (ABP, Gamificación, Desing Thinking, Aprendizaje cooperativo, Flipped Classroom, etc.), la tecnología como herramienta de aprendizaje (la Realidad Aumentada, la robótica, impresoras 3D, etc.) recursos adaptados que me ayuden a ponerlas en marcha, formación, ser guía, creativa, y, sobretodo, no tener “miedo” a intentarlo porque… Somos “Lo(s) más…”​

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