En LAURA se alinean la escritura y el dibujo. Es más, mantienen un pulso que está ganando el ARTE, en mayúsculas sí, repito, porque esa doble vertiente de su talento consigue la curvatura del círculo, es "un todo en uno" con el que romper el cascarón que se ha construido, que la envuelve y así liberar sus creaciones para que podamos disfrutarlas... 

Descubrir nuevas formas y disciplinas artísticas de la mano de #vidaescrita, hace que Laura se deje llevar por la Hippie e indomable Laura Borao…. ahora la pregunta, te la hago a ti,  ¿quieres conocer más de ella y su talento?

 

Continúa disfrutando en esta web, su casa. 

Persiguiendo la manada​

Cuando Candela aceptó la proposición de su amiga Nuria, no pensó en las consecuencias que le supondría romper la confianza de su madre. En aquel momento solamente visualizó que, tal vez así, Sonia y sus amigas por fin la aceptarían.Estaba jugando con fuego pero la sensación de formar parte del grupo, de no ser apartada o insultada o diana de sus bromas, le hizo expulsar un “De acuerdo, vamos” con cierto entusiasmo.Las dos niñas, ambas de 13 años e inseparables desde la infancia, describieron lo que, se suponía, un plan perfecto. No encontraban estrías que pudieran quebrar su asistencia a aquella fiesta en el parque con algunos compañeros de clase.¿Cuántas veces se había dicho que no importaba si no la querían en el grupo? ¿Cuántas veces había pensado que Nuria y ella eran suficientes? ¿Cuántas veces había llorado por las bromas e insultos por parte de sus compañeras?Tal y como se lo planteaba Nuria, aquel plan era su salvación. A partir de esa fiesta, ella sería una más del grupo. Estaba convencida.Estaba decidido, Candela dormiría en casa de Nuria aquel viernes en el que sus padres no estaban en la ciudad y se quedaba su hermano mayor al cuidado de aquellas adolescentes. Era la primera vez que Candela dormía en casa de Nuria sin que estuvieran sus padres.A Lola no le gustó la idea desde el principio, pero fue tal la insistencia de su hija primero y de ambas después, que no pudo negarse a aquella petición. Su pequeña se estaba haciendo mayor y debía de empezar a darle cierta libertad. Por mucho que Lola deseaba tenerla bajo su cobijo, protegida por sus alas o encerrada hasta los cuarenta, sabía que tenía que ir soltando ese cordón umbilical al que la tenía atada. Para ella, lo más importante era su hija, su felicidad y, en cambio,  su mayor preocupación era la inseguridad que le producía no saber si estaba educando correctamente a su hija.Aquellas pequeñas, que no se creían serlo tanto, sabían perfectamente cómo convencer a Lola para llevar a cabo su plan. Una vez conseguido el primer obstáculo, la visita aquella noche de la novia del hermano de Nuria facilitaría su distracción. Él no se enteraría jamás de la huida de su hermana y la amiga de ésta. Aguardaron a que el hermano de Nuria estuviera “entretenido” con su novia cuando él creía que las dos pequeñas estaban estudiando en su habitación. Eran buenas niñas, ¿por qué iba a desconfiar? Salieron sin hacer ningún ruido, casi bajo un entrenamiento ninja, cogieron el autobús que les llevaría a aquel parque donde se reunirían con las compañeras de clase. Fue más fácil de lo que imaginaron.Cuando llegaron, les sorprendió que hubiera tanta gente cargada con bolsas de plástico, repletas de alcohol y refrescos. Gente de su edad y más mayores. Adolescentes que buscaban alternativas para divertirse, reunirse y compartir aquellos momentos. Siempre formando grupos, “en manadas” pensó Candela y se sentía feliz porque, al fin, iba a pertenecer a una de esas manadas. Ella y Nuria formarían parte de un grupo de amigas, experimentarían juntas y demostrarían que dejaron atrás aquello de ser “las renacuajas” del grupo.Lo que no sabían Candela y Nuria que, por muy mayores que se creyeran, en realidad no lo eran. Por mucho que quisieran experimentar y probar cosas nuevas, no pensaron en los posibles daños colaterales que aquello les supondría.Al principio se divertían, se reían, bailaban, … Eran una más. Pero, alguna de aquellas compañeras se dio cuenta que no estaban bebiendo como el resto y ahí empezó la pesadilla.-Uy, uy, uy, que la Candelita y su amiga nos quieren tomar el pelo. Aquí no se viene a mirar. O estáis por completo o fuera.-Mira éstas, van de mayores pero siguen jugando con muñecas. –Dijo otra.-Tened. –Les ofreció Sonia una botella con líquido naranja.Las dos amigas se miraron aterrorizadas. Nunca habían probado el alcohol pero pensaron que si sus padres bebían alguna copa de vino en las cenas o en las celebraciones, tampoco pasaría nada si ellas también lo hacían. Al principio empezaron con algún trago de las botellas de refrescos que les ofrecían que, naturalmente, no era su único contenido. Empezaron a encontrarse mareadas, se les trababa la lengua y se reían por todo.-Candelita, ha llegado el momento de la prueba final. Después de esto, podrás pertenecer a nuestro grupo. Sé que lo estás deseando, pero para ello deberás obedecer y hacer lo que yo te diga. –Le ordenó la cabecilla.-No te vayas muy lejos que luego vas tú. –Le advirtió dirigiéndose a Nuria.Candela y Nuria sabían que ya habían bebido suficiente, empezaban a encontrarse incómodas y no querían seguir. Se sentían culpables por estar allí, pero…Si se iban, perderían aquella oportunidad y empeoraría la situación en el colegio.-Cande, Cande, Candelita se la va a beber enterita… -Empezaron a cantar, animándola a coger aquella botella.Candela cerró los ojos y con manos temblorosas se armó de valor y cogió la botella, esta vez rellena de un líquido amarillo. Empezó a beber. Oía a sus compañeras vitorear, animarla y  a aplaudir. Quería gustar, quería que, al menos, las dejaran vivir tranquilas, sin miedo a ser agredidas y apartadas. Aquello era su oportunidad. Al tercer trago empezó a encontrarse mal, bajó la botella y su cabeza empezó a dar vueltas.-Candelita, ¿demasiado para ti? –Le preguntó Sonia.-No me encuentro bien. Yo… –Dijo como pudo.-¡Dejadla en paz! –Gritó Nuria intentando defender a su amiga.Las chicas las rodearon y empezaron a increparlas. Para ellas ya no era divertido si Candela y Nuria no aceptaban sus propósitos. Empujones, insultos, algún estirón de pelo siguieron a las burlas. Estaban viviendo la peor de sus pesadillas, la situación había empeorado.Candela cada vez se encontraba peor. Su tez pálida contrastaba con la oscuridad de la noche, su cabeza no paraba de dar vueltas. Ya no se reía, solamente tenía ganas de cerrar los ojos y desaparecer. Intentó volver a beber de la botella que aún sujetaba, pero su cuerpo venció y cayó al suelo desmayada. Oía voces a lo lejos, risas y aplausos, Nuria llamándola, llorando. No podía abrir los ojos y a pesar de ello, solamente veía en su cabeza como sus compañeras la insultaban y se reían de ella. Dando vueltas y más vueltas. Silencio… Cuando Candela despertó un sabor agrio le hizo recordar algún momento de la noche anterior. El ardor en el estómago, la acidez, el cansancio o el malestar general le hicieron prometerse que nunca más. ¿Por qué lo había hecho? Ella no quería beber, solamente integrarse, que la aceptaran… ¿Cómo respondieron ellas? Cada vez que llegaban imágenes a su mente, se desesperaba porque cayó en la cuenta que solamente las invitaron para seguir con el propósito de divertirse a costa de su amiga Nuria y de ella. ¿Cómo podían haber caído en la trampa?Se tumbó de nuevo, miró a su alrededor. No estaba en casa de Nuria. Aquella era su cama. “Oh, no”, pensó. En ese instante recordó la mirada triste de su madre cuando la recogió del suelo de aquel parque, semiinconsciente. Se tapó los ojos con la almohada, avergonzada.-¿Cande? –Entró en ese instante su madre.-Mamá, yo… Lo siento mucho, mamá.-¿Qué pasó anoche? –Le preguntó Lola haciendo acopio de todas sus fuerzas para no gritarle que había sido una inconsciente. –Ayer me asusté muchísimo cuando me llamó Nuria para decirme que no reaccionabas. En ese momento noté cómo arrancaban mi corazón del pecho. Me gustaría que me lo contaras porque me quedaría más tranquila.Cuando Candela le contó a su madre todo lo acontecido aquella noche (o lo que recordaba de ella), no pudo evitar enlazar la historia con lo que estaba ocurriendo desde hacía semanas en el colegio. Lola estaba realmente angustiada con todo aquello que le estaba narrando su hija. ¿Por qué no le había dicho nada con anterioridad? ¿No confiaba en ella? Se levantó de la cama porque necesitaba ordenar sus pensamientos, respirar hondo y recordar todo aquello que había leído sobre como sobrevivir a un hijo adolescente.-Mira, cariño, siento mucho todo lo que te hacen esas niñas y cómo te hacen sentir… Hasta tal punto que te sientas en la “obligación” de beber para poder integrarte en el grupo. Debías de haber confiado en mí o, si querías resolverlo por tu cuenta, haber acudido a tu tutora. Ella también te podría haber ayudado y me hubiera informado. Tal vez hubiéramos evitado el episodio de anoche. Por ellas ya no te tienes que preocupar. El colegio y yo buscaremos soluciones.–Paró, respiró y continuó. –Pero debes aprender que las personas que buscan que hagas algo que tú no quieres hacer, no son buenas personas y no quieren lo mejor para ti. No quieren tu amistad y, en este caso, lo has comprobado por las malas. No vale la pena esforzarte por pertenecer a su grupo de amigas. Simplemente di “NO”. Cande, hija, siempre te he enseñado que cada uno elige el camino que quiere llevar y por ello es responsable de lo que eso conlleve. Por mucho que me duela, no puedo dejar pasar que ayer me engañaste, rompiste la confianza que tenemos y decidiste beber alcohol con 13 años. ¿Sabes las consecuencias de beber a tu edad? ¿Lo que puede llegar a hacer en tu cuerpo? En casa hay unas normas y, desde pequeña te he enseñado que se tienen que respetar. Hay unos límites que no hay que traspasar y que van acorde con tu edad. Sé que te vas sintiendo mayor, ya no tienes los mismos intereses que antes, quieres experimentar, probar, … Confía en mí, Cande. Pregúntame si necesitas saber algo que has oído o visto. Puedes hablar conmigo. Investigaremos y reflexionaremos juntas. Pero, ahora debes responsabilizarte de tus acciones.Candela la miraba con los ojos encharcados. Sabía que la había defraudado y decepcionado con su actitud. Sabía que lo había hecho mal y debía asumirlo con todas sus consecuencias. Además se encontraba fatal. Cada vez tenía más claro que Sonia y sus amigas no valían la pena. Su mejor amiga era Nuria y con eso le bastaba. Seguro que a lo largo de su vida conocería a otra gente y haría buenas amistades.-Tesoro, ahora ve a la ducha. Concédete unos minutos para la reflexión porque vas a ser tú quien te ponga el castigo. Lo hablamos luego, en el desayuno y llegamos a un acuerdo de responsabilidades. ¿De acuerdo? –Candela afirmó con la cabeza.-Anda, ven. –Le pidió Lola para fundirse en un abrazo que en ese momento no supo a quién le hacía más falta.​

Mi primera vez​

-…¡Lo-la! ¡Lola, tu hija, no reacciona! Por favor, ven.Las peores palabras que puedes oír a las dos de la madrugada la primera noche que tu hija duerme fuera de casa. El corazón se paraliza y a tu alrededor todo se tambalea.- ¡¿Cómo?! – Respondo al teléfono sin saber si estoy soñando. Por favor que sea un sueño, una pesadilla cruel que elige la peor de tus preocupaciones.-¡¿Candela?! Pero, ¿está bien? ¿Qué ha pasado? Nuria, ahora voy a tu casa.-Bueno, hemos bebido un poco. Es que… Creo que ella un poco más. No sé. Lola, ven ya. Pero no estamos en mi casa. Nos vinimos al parque de…Cuelgo el teléfono antes de que la mejor amiga de mi hija pueda decirme exactamente dónde se encuentran. Ahora la llamaré desde el coche, pero me imagino a qué parque se refiere…Ese al que no le dejo ir.No puedo pensar con claridad. Respiro de manera incontrolada, mi pequeña, ¿qué ha ocurrido? Todo mi cuerpo tiembla. No debería haberle dejado dormir en casa de Nuria sin estar sus padres en casa. No fue buena idea, lo sé, pero insistió tanto, tanto, tanto… Y me miró con aquella carita de inocencia perenne, con mirada de cachorro abandonado un día de lluvia que me pudo y me convenció.¿Dónde está el hermano de Núria? Era él el responsable de su cuidado. Él se quedaba en casa con las niñas y les ayudaría a estudiar.No puede ser, ¿en qué estaba pensando? Soy la peor madre del mundo. Si le ha pasado algo… Yo… Yo… Tendría que haberle dicho que no. Es sencillo, primero la N y luego la O, NO. Pero, con 13 años tiene un poder hipnotizador que borra la palabra de mi vocabulario. Yo confiaba en ella y, ahora, ¿Candela bebiendo alcohol? No me lo puedo creer, si es solamente una niña. Sí, una niña que encontraré ahogada entre botellas haciendo “botellón”. Todo por mi culpa. Lola, deja de darle tantas vueltas y muévete.Creo que nunca me he vestido tan rápido en mi vida, ni siquiera compruebo si los zapatos que he cogido son del mismo modelo. Lo importante es ella. Tengo que verla y asegurarme que está bien. Mi pequeña…Cuando llego al parque, mi primera vez, -la (mala) fama le hace justicia- aparco en segunda fila porque no quiero entretenerme en buscar un espacio libre. Me sorprendo al ver a la cantidad de gente, adolescentes, concentrada en aquel lugar y una tira de coches aparcados en doble fila con los cuatro intermitentes puestos. Seguramente de padres que vienen a recoger a sus hijos y se quedan en un segundo plano a esperar a que ellos se decidan a marcharse. Tienen taxi asegurado. Me quedo pensando en ello más de lo que me hubiera gustado ya que tengo que encontrar a Nuria y a Candela, pero, pronto seré una de esos padres que esperan para asegurarse que llegan bien a casa.Voy hacia la jauría de gente y me voy tropezando con botellas de todo tipo, niños tirados por el suelo, otros bailando música cuyas letras admiten hechos denigrantes, fumando cigarrillos que no huelen a cigarrillos, miradas de enfado por haber traspasado su santuario, … Pero todo aquello me da igual, yo solamente quiero comprobar que Candela se encuentra bien. Ya hablaremos después de todo lo que estoy viendo.Cuando llego hasta ellas, Nuria me mira con ojos culpables llenos de preocupación.-Es que no sabía qué hacer. Y yo no quería molestarte, pero, no sé, Candela no reaccionaba y me asusté. –Me dice su amiga y parece sincera.-¿Qué ha pasado? ¿Cande? ¡¿Cande?!Nuria intenta contarme todo lo que ha ocurrido, pero no puedo llegar a escucharla, me preocupo por mi hija, tirada en el suelo. Dormida.-…Justo antes de que llegaras, ha vomitado varias veces y parecía que se encontraba mejor. Pero sigue sin reaccionar. Yo… Yo, lo siento de verdad. No quería que esto pasara pero pensé que sería buena idea venir con unos amigos del colegio. Pero, es que…, Candela no supo frenar y yo no quise dejarla sola…-¿Dónde están esos amigos del colegio? –Le pregunto al darme cuenta que aquí, a nuestro alrededor, no hay nadie más. Estamos apartadas del bullicio.-Verás, es que…, se han ido. –Me dice con los ojos anegados en lágrimas. Realmente está asustada. La han dejado sola con mi hija, seguro que cuando vieron que la situación les vino grande. Le miro comprensiva y le estrecho la mano agradeciendo que se quedara con Cande.Cojo una botellita de agua de mi bolso y, llenándome la palma de la mano varias veces, le remojo la cara y la nuca. Le pellizco los mofletes e intento no zarandearla con demasiada potencia. Parece que reacciona, abre los ojos entornándolos, fija la mirada en los míos y sonríe, tranquila. Está a salvo y yo, también de darme un paro cardíaco.-Nuria, cariño, nos vamos a casa ¿vale? Avisa a tu hermano que duermes con nosotras y que mañana te acercaré yo misma. Que no se preocupe que estáis bien.-No puedo hacerlo, Lola. Me matará si se entera. Es que… Él… Él no sabe que nos hemos ido sin que se enterara.-¿Y no crees que será peor si te llevo a casa y te ve en estas condiciones? –Le digo aunque estoy convencida que el susto le ha bajado parte del alcohol a los pies.Asiente y escribe en su teléfono.Entre las dos levantamos a Cande del suelo, le sacudimos la ropa llena de polvo y restos de… Mejor no pensarlo. Cada una la coge de un brazo y disimuladamente, intentando no llamar demasiado la atención, atravesamos el parque para llegar hasta el coche y poder salir de allí. En el recorrido, oímos cuchicheos, vítores y aplausos, e incluso, algún “Bien hecho” o “La has pillado gorda. Así se hace.” Estoy a nada de parar en seco y ponerlos a todos firmes, darles bolsas de basura y que recojan toda aquella porquería antes de marcharse. De repente me doy cuenta que estoy hablando como lo haría mi madre. Dejo pasar los comentarios y nos vamos hacia el coche. Tenemos que salir lo antes posible de aquí porque acabaré vomitando yo.En el camino a casa, Nuria acaba durmiéndose también. Las observo y no puedo dejar de pensar en qué momento dejaron de ser unas niñas, mis niñas. Calcomanías, las llamábamos porque siempre querían hacer lo mismo que la otra, o ponerse la misma ropa e incluso peinarse igual. Y aunque cada una tiene su propia personalidad, son inseparables. Mira, incluso su primera borrachera ha sido juntas. Niego sola ante mi ocurrencia.Cuando llegamos a casa, entre Nuria y yo la llevamos a la habitación. Le presto un pijama y se acuesta.-Mi hermano me va a matar, Lola. ¿Me adoptarías?-No te va a matar, Cielo. Tranquila. Te adopte o no, tenemos una conversación pendiente que la dejo para mañana. Tu hermano te adora…-No, no, de verdad. Me acaba de contestar y me dice literalmente “Mañana te mato” y con muchos emoticonos de calaveras y cuchillos.No puedo evitar reírme ante la cara de pánico de Nuria. En las consecuencias deberían haber pensado antes de escaparse. Otra vez aparece la voz de mi madre. ¡Qué sabia era y yo no me daba cuenta!Cuando desvisto a Cande, su ropa y su piel huelen tan mal que decido darle un baño. Creo que quemaré la ropa en la hoguera en una ceremonia ancestral para pedir a todos los dioses que mi pequeña no vuelva a pensar que ya es adulta para tomar este tipo de decisiones.Como puedo, con mucho cuidado de no acabar yo haciendo el pino puente en la bañera, la meto despacio en el agua y la voy enjabonando como cuando era mi pequeña princesa. Aquella época en la que confiaba tanto en su madre que me contaba todo lo que le pasase por la cabeza. Ni cuando le enjuagaba el pelo y le caía agua por la cara paraba de hablar. ¿Dónde está aquella princesita? ¿Desaparece con un número indeterminado de lavados?Ahora, en este preciso instante, con su cuerpo lánguido, en un estado semiinconsciente, me permito derramar las lágrimas que han resistido salir.¿Cómo la he educado estos años para que acabe hoy así? Que los adolescentes tienen que experimentar lo tengo claro; que quieran demostrar ser más mayores, también; que quieran pertenecer a un grupo, de acuerdo… Pero, ¿tiene que ser bebiendo tal barbaridad de alcohol que le haga caer inconsciente? Mañana tengo que hablar seriamente con ellas, que me hablen de esas amistades, explicarles los peligros que conlleva el consumo de alcohol y drogas, sus consecuencias. Ojalá lo hubiera hecho antes. En fin, tendré que enfrentarme a ello mañana, hacerme a la idea de que se hace mayor y pedir que pase rápido.La cojo de nuevo en brazos para acostarla, es tan adorable que no puedo entender cómo ha cometido tal error esta noche. ¿Por qué?-Mmmm, mami… -Me dice al dejarla en la cama y vuelve a dormirse plácidamente. En unas horas despertará deseando arrancarse la cabeza…Otra de las consecuencias…-Cande no quería beber tanto, de verdad. Ellos la obligaron. Se reían de ella y luego se largaron.Nuria interrumpe mis pensamientos, pero al girarme, sigue dormida.¿Ellos? ​

De otro planeta​

De otro planeta (o es lo que me parece a mí) somos algunos (muchos) profesores / maestros a los que nos apasiona nuestro trabajo, la educación; disfrutamos con nuestros alumnos y no nos importa crecer con ellos, es más, nos lo pide el cuerpo.Pues sí, debemos ser extraterrestres venidos de algún planeta aún por descubrir. Más de uno seguro que lo piensa en el sentido amplio de la palabra, pero, ¿qué le vamos a hacer? Somos de aquella clase de personas que invertimos tiempo (más del aconsejado) durante las vacaciones, los fines de semana, las tardes e incluso en sueños y que intentamos maquinar diferentes formas de llegar a Ellos. Y, sin embargo, somos felices intentándolo, esforzándonos, porque, en nuestro contexto educativo, son lo más importante y nosotros, los responsables (o al menos, uno de ellos).Hemos pasado el verano (o parte de él, porque también necesitamos descansar y desconectar) programando, creando, organizando e investigando la fórmula de la eterna juventud, digo…, la fórmula para conectar con nuestros alumnos.¿Es sano? Algunos (tal vez muchos, demasiados) dirían que no, pero a los “extraterrestres” nos apasiona crear recursos nuevos, creer que es posible entusiasmar a nuestros alumnos, sea cual sea la materia que se imparta, y crecer (en todos los sentidos) al mirarles a los ojos y verles ilusionados por aprender, por querer saber qué les puedes aportar (y no solamente hablo de conceptos).Y después de todo eso, aún así, viviremos un nuevo curso lleno de incertidumbres aplicando “fórmulas” antiguas, otras mejoradas y las de nueva creación, sin saber con exactitud cuáles funcionarán mejor ya que nos guardan muchas sorpresas que nos irán descubriendo y, todo ello, será lo que haga tan interesante nuestra labor. Lo importante es (querer) estar preparado.Estos días de final de verano, los grupos de whatsapp se llenan de “memes” introducidos por “Para los profes del grupo” sabiendo, antes de descargar la imagen, qué es lo que vamos a encontrar.Los que somos de otro planeta, ponemos los ojos en blanco y escribimos con total sinceridad: “Pues a mí me apetece volver”. Volver a sentir el bullicio, los reproches, el estridente ruido al arrastrar una silla o un pupitre, los balonazos en el patio, los objetos lanzados cuando piensan que no miramos, las correcciones, las imitaciones que hacen de sus profes, las faltas de ortografía, la apatía, las hormonas revoloteando y llenándolo todo de una esencia espesa,…, pero también, deseosa de sentir el compañerismo, las sonrisas, los juegos, la pasión, las ansias por aprender, los retos, la ilusión, los abrazos y el crecimiento mutuo.Sentir…Cómo, días antes al inicio de curso, nos encontramos en nuestros lugares fetiche (papelerías y librerías) y nos reconocemos en una mirada de soslayo, nos sonreímos y afirmamos con la cabeza. “Sí, yo también”, pensamos cargados con un sinfín de material en el carrito de la compra, preparados para organizarlo todo.Cómo nos animamos, ilusionamos y motivamos si alguno de nosotros desfallece ante las inseguridades que provocan, en ocasiones, las nuevas tecnologías o nuevas asignaturas o, incluso, el nuevo curso. Porque ante todo somos habitantes de otro planeta, especie a la que investigar que, como buenos “hermanos”, juntos somos invencibles.Cómo cogemos de la manita a uno de nuestros alumnos el primer día de clase, para acompañarlo al aula y algo te impide avanzar. Hasta que eres consciente que es su mamá/papá que agarra fuerte su otra manita por miedo a abandonarlo allí. Te mira a los ojos y te pide en silencio que confía en ti lo suficiente para dejarte a su tesoro más preciado el resto del día. Sonríes. Lo suelta  y te conviertes en su mamá del cole a partir de ese instante.Cómo vivimos la enseñanza desde la pasión. Es increíble dedicarse a la profesión más bonita del mundo… Aunque seamos de otro planeta, ¿verdad? ¡Qué la fuerza nos acompañe! (Por lo menos hasta final de curso).​

Laura Borao - HOLIDAYS

Holidays

¡Por fin vacaciones! Ah, no, espera un poco que no, que no nos vamos todavía. Voy a confesaros algo, resulta que aquello de “¡Qué bien viven los profesores con tres meses de vacaciones!” , es mentira. Un familiar siempre me decía: “El mejor empleo del mundo es el trabajo de un cura, el sueldo de un ministro y las vacaciones de un maestro”.Para las nuevas generaciones de futuros maestros, no escojáis nunca la educación por las supuestas vacaciones que se tienen. No os compensarán si realmente no lo hacéis de corazón. Seguramente muchos de los que lean estas líneas conocerán a más de un docente que ya esté de vacaciones, haberlos haylos, pero no hay que generalizar ya que hay muchos otros que seguimos trabajando en el centro o en casa o en la playa o en el pueblo de los abuelos…Porque, quien es profesor de vocación (de los de verdad), le resulta muy complicado desconectar, dejar de preparar sus clases para el curso que viene, mejorar aspectos que no le funcionaron, innovar para sus futuras clases o se plantea (debería siempre) algunos cambios aunque el curso pasado haya funcionado…Porque ser profesor no es solamente “tener muchas vacaciones”. Están formando y colaborando estrechamente con las familias (las que se implican que, afortunadamente son muchas) para educar personas que el día de mañana serán nuestros mecánicos, ingenieros, dependientes, médicos o granjeros, que, casualmente, son los hijos de la gente que infravalora esta profesión. Aún queda un poco más. Un último esfuerzo. Un último empujón. Un último intento. Solamente quedan unas recuperaciones, unas pocas memorias más, unas cuantas programaciones, muchas reuniones, no nos olvidemos de la confección de los distintos planes de mejora de los anteriores planes de mejora o unas revisiones de todos los planes confeccionados durante el curso, que no ganamos para todas las siglas que utilizamos.Por favor, hagan llegar unos sacos de automotivaciones. Unos “Tú puedes” (o “You can” que parece que si te lo dicen en inglés lleva doble dosis), unos más de “Eres bueno” o  “Ellos no podrán contigo” no estarían nada mal en estas fechas en las que nos encontramos. Quien es padre/madre sabe lo que cuesta educar a un hijo. Lo que cuesta que adquiera unas habilidades, que sea respetuoso, amable, constante, que además estudie, etc. Todas esas labores, dependiendo de la etapa (cada una tiene su aquel, no nos confiemos), que se trabajan en casa y que la escuela colabora a seguir adelante y en muchas ocasiones esa labor no es valorada lo suficiente por tener “muchas vacaciones”. Y es curioso que cuando más se acuerdan de ellos es en la época estival, durante las vacaciones que comparten con sus hijos, cuando pasan más tiempo con ellos que dicen “¡Qué ganas tengo de que empiece el colegio!” ¿Ah, si? Otros, afortunadamente, empatizan con la labor docente sabiendo las dificultades que ellos encuentran teniendo uno, dos o tres hijos. ¿Qué pasa cuando entras en clase con 25 o 30 personitas tan diferentes entre ellos? ¿Cómo resuelves esa ecuación? Pues de la mejor manera posible, respirando hondo, sonriendo, aplicando el sentido común y recordando por qué te hiciste profesor…Para aprender de cada uno de ellos mientras intentas enseñarles algo. Quien tiene un docente cerca o convive con él (tiene un tesoro), seguro que habrá lanzado frases como: “Siempre estás trabajando”, “¿Qué haces con esas cartulinas?”, “Deja de corregir y descansa” o “Apruébales a todos”. Y ellos te habrán contestado, “Sí, acabo ya. Es que tengo que prepararme la clase de mañana para hacerla más motivadora”, “Es que tengo a Pepito que no sé qué le pasa y estoy investigando para ver cómo puedo llegar a él” o “Espera que conteste este correo de la madre de Pepita y voy a cenar”. Yo soy una privilegiada, y no por las vacaciones, sino por poder trabajar en lo que me apasiona y saber que cada uno de mis alumnos se lleva un pedacito de mí (y yo de ellos). ¡Seguimos luchando!  ​

...
...

Últimos post 

En Facebook 

 

¿Eres un fan de la educación?

¿Tienes un hijo adolescente y necesitas algún recurso para lidiar con esa personita que va creciendo en tu casa? 

Laura nos da herramientas para que con imaginación ataquemos el día a día, y podamos encontrar soluciones, a las situaciones con las que nos podemos encontrar, e incluso, porque no? adelantarnos a las mismas.…. ¿Te apetece conocer más de Laura? Te invito a que te sumes a  la inquietud de Laura por un mundo mejor en la educación…. 

Laura se desmenuza en cuentos, se deshace historias, para que encuentres el camino del adolescente que se abre al mundo, el que pide a gritos que te impliques, que te bajes a la arena y lo entiendas.

 

Laura nos traduce sus jeroglíficos y nos ayuda a conocer mejor a nuestros hijos. Lo hace desde la implicación, desde la mejora continua, para ello se muestra en sintonía con ellos, como profe (la mejor profe del mundo, como bromea con alumnos), la que está en continuar formación para estar a la altura de lo que más nos importa… nuestros hijos. ​

Laura  

 

Conoce a Laura en una entrevista desde dentro. 

Blog  

 

Cuentos escritos en la realidad que se asoma cada día junto a nosotros.

Educación  

Compañeros de clase, amigos de aula, personas de tu vida.