En LAURA se alinean la escritura y el dibujo. Es más, mantienen un pulso que está ganando el ARTE, en mayúsculas sí, repito, porque esa doble vertiente de su talento consigue la curvatura del círculo, es "un todo en uno" con el que romper el cascarón que se ha construido, que la envuelve y así liberar sus creaciones para que podamos disfrutarlas... 

Descubrir nuevas formas y disciplinas artísticas de la mano de #vidaescrita, hace que Laura se deje llevar por la Hippie e indomable Laura Borao…. ahora la pregunta, te la hago a ti,  ¿quieres conocer más de ella y su talento?

 

Continúa disfrutando en esta web, su casa. 

Abrazos de amor

A los quince años de vida, Celia sabía perfectamente a quién debía pedirle las cosas que necesitaba o que, simplemente, con las que se encaprichaba. Desde pequeña había aprendido a repartir sus peticiones entre los miembros de su familia y pocas veces se iba con una negativa.  Si se trataba de caprichos materiales, el encargado de complacerla era su padre. Él no podía negarle nada a su princesa. Desde pequeña le ponía aquellos ojitos que le iluminaban tan emocionados por conseguir lo que reclamaba que no podía desengañarla. Cierto es que, Ricardo intentaba siempre consultarlo con su mujer y llegar a un consenso. ¿Para qué trabajaban si no era para complacerla y hacerla feliz?En cambio, Celia se dirigía a su madre para aquellos asuntos más personales, temas de amistades o de parejas ya que su padre no llevaba nada bien que su pequeña creciera y se relacionara. Parecía que con Raquel se entendía mejor en aquellos asuntos. Podían hablar durante horas de los conflictos con sus amigas, de lo que había acontecido en el colegio o, incluso, en las redes sociales ya que ambas compartían aquella afición.Ricardo se ponía celoso por aquella complicidad que compartía su mujer y su hija, pero entendía que había cuestiones que mejor las tratase con su madre ya que a él, simplemente pensarlo, le subían los demonios.En este tipo de asuntos, Raquel racionaba o discriminaba la información que le daba a su marido ya que, si por él hubiera sido, hubiera encerrado a su tesoro en una urna de cristal y no la hubiera dejado salir de allí hasta los cuarenta. Cierto era que, aunque a ella no le gustase demasiado mucha de la información que Celia le proporcionaba, sabía que era una adolescente que buscaba su sitio en el mundo y que debía de armarse de paciencia, respirar hondo y procurar que no se notase demasiado que, en realidad, nunca sería la madre enrollada que pretendía su hija… Pero lo intentaba, aunque eso significase complacerla en casi todo.Ni Ricardo ni Raquel querían despertar a la bestia que su pequeña llevaba dentro en los últimos (y peores) años, por eso, tal vez pecaban de demasiado permisivos. Sin manual de instrucciones era difícil acertar. Una tarde, mientras su hija se duchaba, Raquel entró en el cuarto de baño para coger los pendientes que se había dejado hacía un momento. Justo cuando alargaba la mano para cogerlos, el móvil de su hija se iluminó por una notificación que le acaba de llegar. Intentó no mirar, de verdad que lo hizo, pero no pudo resistir a la tentación y leer lo que su amiga le escribía a Celia. ¿Qué le has dicho a tu madre para que te deje venir el sábado a la fiesta? “¿Fiesta el sábado?”, pensó Raquel. Su hija no le había dicho nada sobre ninguna fiesta y esperaba que no lo hiciera ya que, el lunes empezaban los exámenes de evaluación y no era tiempo de ninguna fiesta, sino de todo lo contrario. Lo que Celia necesitaba era centrarse, estudiar y descansar para llegar preparada. Confiaba en su hija y sabía que ni se lo preguntaría ya que ella sabía lo que tenía que hacer en cada momento.Pasaba la semana y Celia no habría la boca referente a la fiesta que le proponía su amiga. Raquel estaba orgullosa de ella y así se lo hizo saber a su marido. No lo habían hecho tan mal. Tocaba respirar.—¡Mami! ¡Mami! Desastre total… Justo en el peor momento. No puede ser, ¡me voy a morir! –Gritaba Celia desde su habitación.Tanto Ricardo como Celia acudieron rápidamente a la habitación de su hija, sospechando que algo muy grave le había ocurrido.—¿Qué pasa, tesoro? –Le pregunto su padre, aun recuperando el aliento por el susto.—Pues es que no puede haber nada peor. ¡Esto es horrible! Tengo que terminar un trabajo e imprimirlo para este lunes y no hay tinta en la impresora. ¿¡Os lo podéis creer?! He buscado en vuestro despacho por si teníais de repuesto y nada. Joooo, ¡todo me pasa a mí! –Se lamentó Celia con lágrimas en los ojos.Sus padres intentaron evitar sonreír al darse cuenta que no estaba en peligro de muerte realmente y que, cualquier piedra en el camino, para ella era el fin del mundo.—Estás demasiado nerviosa para encontrar nada. Compré no hace mucho un recambio de tinta. Ahora te lo traigo, cielo. –Le dijo su madre, experto en encontrar tesoros perdidos durante siglos.Mientras Ricardo intentaba consolar a su pequeña, Raquel se marchó en busca de la solución de su hija. Él estaba convencido de que su mujer sería la única en encontrar aquel cartucho perdido. Pero, al cabo de unos minutos, Raquel volvió con las manos vacías.—Mamá, papá, lo único que se me ocurre es ir a casa de Marta y terminar allí el trabajo para poder imprimirlo.—Pero, hija, ya es muy tarde. No creo que sea buena idea… –Le dijo su padre.—Pero, papá, ¿no entiendes que, si no presento este trabajo, me suspenderán y bajaré la media que necesito para entrar en bachiller?El matrimonio se miró, intentando leer en los ojos del otro lo que opinaban al respecto. Ambos asintieron.—A ver, Celia, yo te acercaré a casa de Marta y mañana por la mañana te recojo para seguir estudiando aquí, ¿de acuerdo? Ah, por cierto, quiero el teléfono fijo de la casa de Marta que ahora con los móviles podrías estar en la Conchinchina y no enterarme.—Claro, mami, no te preocupes. Si no confías en mí, cuando esté en su casa, te mando su número por whatsapp que ya nadie utiliza el fijo.Raquel no quería desconfiar de su hija. Nunca había tenido motivos para hacerlo… Que ella supiera, claro. Pero, no se le podía escapar el detalle que era sábado por la tarde y que, hace unos días, su hija recibió un mensaje haciendo referencia a una fiesta para este mismo día. Además, Celia no le había comentado nada al respecto ni ella tampoco porque no quería que su hija pensara que la estaba espiando. Cuando su madre llegó de vuelta a casa, después de dejarla con su amiga, no pudo evitar llamar al teléfono que su hija le había proporcionado. Se tranquilizó al oír a la madre de Marta y que le confirmara que sus hijas estaban trabajando para terminarlo a tiempo. Se sentía la peor madre del mundo por haber desconfiado de su hija. Aunque pensara que no lo habían hecho del todo bien, consintiendo cada capricho, se había convertido en una hija responsable y estaba agradecida por no pasar por todo aquello que, algunas de sus amigas, le contaban sobre las vivencias con sus hijos adolescentes. Volvía a respirar. A mitad de la noche, Raquel se despertó alarmada. Un sudor frío le recorría la columna vertebral provocándole un escalofrío. Algo le ocurría a su hija. Lo presentía. Había cuidado de ella cada día y sabía cuándo las cosas no iban bien… Y, a las tres de la madrugada, no iban nada bien.Raquel intentó despertar a su marido y compartir aquella angustia para calmarla.—Mmmm, no pasa nada, Raquel. Vuelve a dormirte. Celia está en casa se su amiga Marta y llevará horas descansando. Duerme, anda. Luego dices que soy yo el que está demasiado pendiente de nuestra hija. No te preocupes que en unas horas vuelve a estar en casa.Aunque intentó hacerle caso, algo dentro le impidió hacerlo. Se levantó de la cama y se dirigió al salón. Estaba intranquila y era la primera vez que le pasaba. Caminó la maratón en diez pasos repetidos hasta que no pudo resistirlo y llamó a Celia. Su móvil estaba apagado. ¡Ella nunca lo apagaba! Aquello no hizo más que incrementar su angustia. Llamó a todos los hospitales de la zona y, afortunadamente, no sabían nada de Celia… Ni de Marta.Se quedó allí, en el sofá, en la cocina, en el baño, volvía al sofá, lo intentaba de nuevo con el teléfono…Nada. “Se habrá quedado sin batería”, pensaba. Dos segundos le duraba. “Ella siempre lleva el cargador y estando en casa de Marta es…”, sofocó un grito. ¡La fiesta!—¿Marta? –Preguntó cuando marcó el teléfono de la casa de la amiga de su casa.Colgaron. Definitivamente estaban de fiesta.Raquel se sentó sin pensar dónde caía su cuerpo. Aliviada porque su hija estaba en perfectas condiciones pues su risa de fondo lo demostraba, pero, disgustada porque su hija le había engañado. Todo lo que había sembrado, regado y acondicionado, no había servido para nada. A la mínima tentación, no había sido lo suficientemente fuerte para saber qué era lo que debía hacer.Lo que quedaba de noche la pasó llorando… Prefería hacerlo en aquel momento y no explotar cuando tuviera a Celia delante la mañana siguiente. Raquel aludió que no se encontraba demasiado bien para no acudir a recoger a su hija y que se encargara de ello su marido. Cuando Raquel entró en casa y se encontró con su madre, las dos tenían mala cara por motivos muy distintos, pero ninguna de las dos dijo nada… Y así pasaron los días.Ricardo notaba una tensión extraña entre las mujeres de la casa, pero, ninguna de la dos decía una palabra. Él se había encargado de hacer las prohibiciones oportunas por la desobediencia, mientras que su mujer optó por el silencio.A Raquel se le rompía el alma no hablar con su hija, no besarla cuando se iba de casa o cuando regresaba. No abrazarla, rodearle con sus brazos y cerrar los ojos durante unos segundos mientras aspiraba el olor a inocencia de su hija… Aunque ya no, ahora olía a duda, desconfianza y desilusión. ¡Cómo le dolía! Pero, debía resistir. ¿Durante cuánto tiempo le había engañado? Raquel solamente esperaba que llegase pronto el momento de que Celia la buscara y volviera a confiar en ella, que le volviese a hablar. —¡Mami! ¡Mami! Necesito… –Gritó desesperada Celia entrando en el salón.Raquel sabía perfectamente qué era lo que necesitaba, pero se negaba a claudicar tan pronto a sus caprichos. “No, si la culpa es nuestra por haberle consentido. Para que luego diga mi madre que somos muy estrictos con la niña”.—Celia, alto ahí. Sabes de sobra que no estás en condiciones de pedir nada. Sé que te mueres de ganas de recuperar tu móvil, de tu horario en las redes sociales y de conseguir todos los regalos de tu lista para estas Navidades, pero, tu padre y yo, estamos muy…—Lo sé, mamá. ¡No puedo más! –Le interrumpió su hija, sollozando. —Mamá, de verdad, necesito que me mires con ternura, que vuelvas a hablar conmigo. No soporto verte así. Sé que te decepcioné. Me equivoqué y no se volverá a repetir. De verdad, mami, de los errores se aprende y éste no lo quiero volver a repetir. Por favor, haz que vuelvan tus abrazos de amor.—Cielo, es cierto que no me lo esperaba. Te hemos educado desde la confianza y el respeto. Engañándonos, has hecho que dudáramos de ti. Podremos darte o permitirte más o menos de lo que te gustaría y por decirte que “NO”, no dejamos de quererte… Todo lo contrario. Intentamos educarte de la mejor manera que sabemos y en esto, estamos aprendiendo todos. Anda, tesoro, ven a por tu dosis de amor. ​

#OBVIO

 Qué es #Obvio? El resultado de la ilusión por hacer algo con fines solidarios. ¿Por qué #Obvio? Las cosas más visibles, manifiestas, evidentes y elementales, son las que muchas veces, escapan a nuestra atención. Y es ahí, precisamente, donde queremos poner nuestro objetivo, en ese “obvio”, que pese a su notoriedad, necesita de más foco por parte de toda nuestra sociedad. ¿Para qué #Obvio? Para aportar nuestro granito de arena. Creemos firmemente que pequeños gestos, tienen grandes resultados. ¿Para quién es #Obvio? Para ti, para él, para ellas, para nosotros...es para todos aquellos que quieran crecer un poquito más, porque la generosidad, nos hace grandes. Porque juntos, podemos llegar más lejos. ¿Y el beneficiario de la recaudación? Los beneficios económicos, irán íntegramente a Alanna. Es una Asociación sin ánimo de lucro con un sólido recorrido de 15 años, cuya misión es contribuir al logro y desarrollo de una sociedad inclusiva, sostenible e igualitaria. En Alanna, realizan programas locales que provocan la inclusión social de los colectivos más vulnerables, principalmente mujeres, menores y familias, colaborando con entidades sociales, políticas y empresas en la lucha contra la exclusión social.Dentro del extenso programa de acción social que realizan desde la Asociación Alanna, hay uno, que nos ha cautivado especialmente, ya que está absolutamente alineado con la causa solidaria con la que queremos colaborar. Estamos hablando del Programa Insertas Dona.Insertas Dona, trabaja por la creación de redes que empoderen a cada mujer, a través de múltiples actividades y siempre desde la positividad, fortaleciendo la independencia emocional, económica y social. Este programa, cuenta con acciones como el “tutelaje” mujer a mujer, grupos de autoayuda, atención psicológica individual y grupal, o seguimiento y apoyo legal, entre otras.Alanna, cuenta con un fuerte voluntariado que apoya y hace posible Insertas Dona. Además, en su plantilla, se encuentran integradas un 40% de mujeres Víctimas de Violencia de Género.    ¿Qué vamos a hacer? Una camiseta, con un rostro y un mensaje, 15€. Mensajes que representen nuestra segunda piel. Una segunda piel que simboliza una segunda oportunidad, una segunda vida creada con pedacitos de todas las vidas que habitan en cada uno de nosotros, que nos recuerdan quienes somos, con qué queremos quedarnos y de qué queremos desprendernos para siempre. Cada camiseta, llevará prendido un marcapáginas, y en cada uno de ellos, una frase de superación.Estas frases, vienen de la mano de colaboradores de lujo, que de esta manera han aportado su granito de arena: Elvira Sastre, Javier Iriondo, Laura Chica, Pablo Arribas, Pau Albert, Marwan, Roser Amills, Eloy Cánovas, Teresa Guirado, Drasan, Laura Girón, Mirka, Rayden, Caricias Emocionales, El Amor es Chulo, Vanessa Gil, Aviba, Mamá se va a la Guerra, Customizarte....  ¿Cómo lo vamos a hacer? Puedes comprar aquí tu camiseta solidaria: 🎯 A Tu Aire: Calle Juan de Garay, 3 - 46017 Valencia🎯 MN Peluquería: C/ Chiva, 19 - 46018 Valencia🎯 Regalos Maz: C/ Arquitecto Tolsa, 12 - 46019 Valencia🎯 Eme E Cinco: Plaza Mayor, 3 - 46470 Catarroja (Valencia)🎯 Flow Padel Club: Carrer Ciutat de Sevilla, 43 46988 Paterna (Valencia) TAMBIÉN VENTA ON-LINE: emeecinco  Las camisetas se podrán comprar a partir del próximo 1 de diciembre. Y...Nos encanta contar contigo… #obvio :-)   Inés   & Laura ​

Porque me quiero

Mi primera reacción cuando las chicas me han contado que Nieves se traería esta noche a Montse al parque, ha sido de rabia con cierto gusto de posesión. Sé que a Luis le gusta mucho, le he visto dejarle notas en su pupitre, y que fui yo quien decidió romper nuestra relación porque me estaba destruyendo y que no debería molestarme, pero… No puedo evitarlo.Hemos pasado mucho tiempo juntos y no hace tanto de eso. Fuimos primero amigos para convertirnos más tarde en pareja. Siendo mi amor y mi monstruo a partes iguales. Al principio, encantador y protector para pasar a ser odioso y posesivo. Cómo me embaucó y yo me dejé porque sentía que su lado bueno compensaba su cara oculta.Aún recuerdo, hace un par de meses, lo asustada que estuve. Habíamos quedado que iríamos a la biblioteca a estudiar para los primeros controles. En casa de ambos estarían nuestros familiares y pensamos que era mejor opción ir a un lugar de calma y silencio. Bueno, en realidad, lo decidió él… Como cada cosa que hacíamos.Después de haberme cambiado de ropa un sinfín de veces, pensando qué le gustaría a Luis, bajé para encontrarme con él. Aún no habíamos llegado a la esquina de camino a la biblioteca, cuando le dije, sin pensar, que finalmente mi casa se quedada vacía, paró en seco, me miró y sus ojos se habían llenado de una oscuridad nueva para mí. No era de enfado, ésa la conocía bien. Sonrió de medio lado y dijo:- Cambio de planes. Hoy nos quedamos en tu casa.Nunca imaginé cuáles eran sus verdaderas intenciones. Confiaba en él. - ¿Es que no me quieres? –Me dijo cuando intentaba apartar sus manos de mi cuerpo.Claro que le quería. Demasiado. Pero yo no estaba prepara para pasar “a la siguiente base”, como decían los chicos.Dije “NO” cientos de veces, lo grité y lo lloré. Intenté apartarlo de mí, quitármelo de encima, pero él era mucho más fuerte que yo y… Dejé de gritar. Mi cuerpo estaba laxo, muerto. Él me miró al darse cuenta que no le chillaba, ni le golpeaba, ni intentaba apartarlo. Luis había ganado.De repente, se levantó, cogió su mochila y, tirando al suelo la lámpara del recibidor, abrió la puerta, giró la cabeza antes de irse y me miró. Ya no era una mirada de amor… O tal vez era yo la que no lo veía de la misma manera.No conté nada a nadie de lo ocurrido en mi casa. Durante un tiempo, incluso pensé que había sido culpa mía. Era yo la que no estaba preparada, pero era lo que se supone que hacían las parejas, pero yo no quería, aún no. Tal vez fui “una niñata”, como me dijo Luis días después. Pues tal vez sí, pero había elegido serlo yo.Les dije a mis padres y a mis amigos que habíamos discutido, sin más. Él insistía. Venía a recogerme, intentaba sentarse a mi lado en clase, se empeñaba en acompañarme de vuelta a casa. Él seguía diciendo a sus amigos que éramos pareja y, todas las noches, acababa el día pidiéndome perdón hasta que… Apareció Montse. No es que hubiera llegado nueva al colegio, que va. Era nuestra compañera desde guardería, pero siempre había sido la friki de clase y pasaba desapercibida… Hasta que Luis se fijó en ella. Solamente hay que ver cómo la mira de reojo desde el banco de los chicos. Está totalmente embelesado.¿Me miraba así? ¿Tan pronto se había olvidado de mí? ¿Tan poco me quería en realidad? Espera Ania, ¿qué estás diciendo? Estás mejor sin él… Estabas totalmente anulada y que te deje en paz ha sido lo mejor que te podía pasar. Sí, es verdad.   Cuando Montse nos avisa que se marcha (ya sabía yo que no iba a aguantar mucho allí con nosotras), él se da cuenta, se despide de sus amigos y estos lo animan a “llevarse el trofeo”. Neandertales. En fin, doy gracias por haber tomado la decisión correcta y le envío un mensaje:Luis es todo tuyoEstá desconcertada y se gira buscándome. Yo disimulo y sigo la conversación de las chicas. Él va tras ella y empieza su cortejo. Algo se rompe en mi interior, pero sé que es lo mejor para mí. Pasan las semanas y me veo tan reflejada en la mirada ciega de Montse que me da miedo. Ella está totalmente obnubilada y no se da cuenta de su poder de posesión. Todas las chicas que hemos estado o están a su lado, somos marionetas. Ahora me doy cuenta. Nos moldea y nos anula.Tal vez debería hablar con ella, antes de que le pase algo… -Tía, Ania, ¡Qué fuerte! ¿Has hablado con Nieves? –Interrumpe Raquel mis pensamientos.-No, no he hablado con ella desde el viernes. ¿Qué pasa?-Pues, fíjate, había quedado con Montse el viernes por la tarde y la dejó plantada. Además, de muy malas maneras. Lo hizo por whatsapp diciéndole que no le molestara y que solamente le interesaba estar con su novio. No sé qué se ha creído…- ¡No puede ser! Si ellas son muy amigas… No me lo creo. –Dudo y sospecho.No sé por qué me viene un nombre a la mente. O tal vez sí que lo sepa… Luis.-No sé qué pasó entre vosotros, pero me alegro de que ya no estéis juntos. Te apartaste de nosotras y solamente tenías ojitos para él. Empezábamos a no tener espacio en tu vida. Pero, afortunadamente, ya no es así.- ¿Tanto cambié? –Pregunto a Raquel, sorprendida por sus palabras.-Tía, ¿de verdad me lo preguntas? – Chasquea la lengua i continúa describiendo todas aquellas veces que tuve que anular nuestros encuentros, las veces que se quedó esperando contestación de sus mensajes, las malas contestaciones que recibía por mi parte cuando me insistía en mis cambios de humor.La abrazo y un “Lo siento” susurrado es suficiente para aclararlo todo. No quiero contarle lo que detonó nuestra ruptura porque aún no estoy preparada, me da vergüenza. Pero, cuando lo esté, lo haré y sé que no me juzgará. Por la tarde, Nieves nos cuenta el encuentro que ha tenido con Montse esta misma mañana y nos hacemos cruces. Ambas estaban muy enfadadas porque creían que era la otra la que les había dejado plantadas. Discutieron. “Desde niñas que Montse no me hablaba así. ¡Cómo le ha cambiado el carácter a la niña!”, nos dice apenada.- ¿Cómo ha sido capaz de negarme que me dijo que no la molestara más? Oye, que hasta que no le he enseñado los mensajes seguía echándome la bronca por haberla dejado plantada el viernes. – Dice Nieves, aún alterada por el altercado de esta mañana.- ¿Y qué ha dicho después de verlos? –Le pregunto sorprendida por lo que nos cuenta nuestra amiga.- ¡Na-da! Se ha quedado pasmada, como si no supiera nada de verdad. Pensando un par de segundos y se ha ido. ¡Lo que me faltaba para enfadarme más! ¡Me ha dejado con la palabra en la boca!- ¿Dónde vas, Ania? –Me pregunta Nieves, interrumpiendo su discurso cuando ve que me levanto del banco.- Voy a buscar a Montse. Ella no te escribió esos mensajes.Oigo a lo lejos cuchichear a mis amigas, pero no me importa. Tengo que encontrarla antes de que… Por favor, por favor, que no le haya hecho nada. ¿Por qué no dije nada? ¡Tendría que haberla avisado! Cuando la encuentro dirección a los lavabos, intenta escabullirse y no encontrarse conmigo. Gira de dirección y vuelve por donde había aparecido. Corro detrás de ella, la cojo del brazo para frenarla y hace un gesto de dolor. Me quedo petrificada. ¿Le ha hecho daño? Me mira a los ojos y lo veo todo. Me veo a mí. Agarro su mano, entrelazo mis dedos con los suyos y la dirijo a una de las aulas que, a estas horas, están vacías.Una vez dentro, rompemos a llorar. Nos abrazamos y, cuando se tranquiliza, le cuento mi historia. Veo en sus ojos que se siente reflejada con mis palabras, pero aún se resiste a reconocerlo.-No es lo que piensas, Ania. Él me quiere. –Lo justifica. Yo también lo hacía.-Lo sé. Eso es lo que nos dice: “Lo hago porque te quiero”. ¿Verdad?-Sí. –Asiente Montse, incrédula.-Pues yo lo aparté de mi vida porque ME quiero. Pero, algo hice mal y fue no contarlo. No contárselo a mis padres, a mi profesora o a mis amigas. Cuando él desapareció, empecé a ser yo de nuevo. Vamos, debemos hacerlo, juntas.    ​

Porque te quiero​

Hoy, a la vuelta del patio, he encontrado otra notita de amor en mi pupitre. Llevo días haciéndolo, me sorprende este sistema tradicional y que no utilice, sea quien sea, las nuevas tecnologías. Con todos los modernos recursos existentes y elige dejarme un simple escrito sin firmar… ¡Es tan romántico!Aunque dudo y le pregunto a mi mejor amiga, Nieves, por si ella sabe algo al respecto.-Tía, Montse, ten cuidado porque puede ser un asesino. ¿Quién usa el papel hoy en día? Si fuera alguien normal utilizaría el móvil para decirte lo que fuera… Como hacemos todos. –Me dice chasqueando la lengua, con esa cara de hermana mayor con más experiencia.Miro a mi alrededor, busco con la mirada a los chicos (y a las chicas también) de la clase  por si, su comportamiento, me diera alguna pista de la autoría de las notitas que recibo. Nada. Todos van a la suya, como siempre. Como si yo no existiera. Pero el detalle es tan bonito que no puedo dejar de sonreír… Incluso durante semanas. Nieves me convence para ir a una de las fiestas que, cada semana, organiza la gente de clase y que las encuentro una pérdida de tiempo. Con todo lo que hay que hacer, ¿juntarme en el parque del barrio y dejar pasar las horas, mientras los “gallitos” de la clase no paran de hacer bravuconadas y las chicas les ríen sus ridículas ocurrencias? No, gracias. Pero, mi mejor amiga puede ser tan insistente que le he prometido que estaré al menos una hora y me iré. Así, todos contentos.Cuando llegamos, ya están todos allí y me siento un poco incómoda, fuera de lugar, por sentir que no tengo mucho en común con ellos. No entiendo cómo Nieves puede encontrarse en su salsa. Algunas de las chicas, sentadas en uno de los bancos, nos invitan a sentarnos con ellas. Me llama la atención que estemos separadas de los chicos. Ania se da cuenta y me explica que así “las chicas podemos hablar de nuestras cosas”. Abro los ojos sorprendida ante tal afirmación y prefiero guardarme mi opinión para no enemistarme con nadie y sentirme más apartada de lo que estoy.Cuando me canso de estar allí, miro el reloj y aún no ha pasado una hora. Sé que a Nieves no le gustará que me marche ya, pero insisto con la excusa de que al día siguiente tengo que madrugar. Me levando y me voy. Cuando no he dado más de diez pasos, vibra mi teléfono. Un mensaje. De Ania.Luis es todo tuyo.Frunzo el ceño, incómoda. ¿Tuyo? ¿Desde cuándo las personas somos posesión de otras? ¿Luis? El único Luis que conozco es el compañero de clase. Muy popular, es decir, todo lo contrario a mí.Me giro para localizar a Ania pues creo que se ha equivocado de receptor. Ella va a la suya. Sigue hablando y riendo con las chicas. Cuando me dispongo a darme la vuelta y seguir mi camino, mi mirada se cruza con la de…, con la de Luis. Me quedo paralizada. Me está mirando. No me muevo y le mantengo la mirada. Me sonríe y, sin saber por qué, yo también lo hago. Un escalofrío me recorre la columna vertebral y hace que me encoja. Me froto los brazos para intentar suavizar los pelos de punta que me ha provocado, por primera vez, un chico. Cuando levanto la cabeza de nuevo, está a escasos dos pasos y me ofrece su chaqueta manteniendo su (preciosa) sonrisa.-Vamos, te acompaño. –Me dice sin posible replica.Sonrío durante todo el trayecto. No puedo parar de hacerlo. Además, me sorprende su entretenida conversación a la que yo solamente contesto con sonidos que él parece descifrar.-¿Te gustaron las notas que te he ido dejando en tu pupitre?Abro los ojos hasta tal punto que creo que se me van a salir de las órbitas. ¿Él? ¿Luis, el chico más popular de la clase, más guapo e inteligente, es el autor de las notas tan bonitas? Madre mía, madre mía. Hiperventilando.-Espero que sí. Quería acercarme y sorprenderte. Sé que no eres como el resto de chicas. Eres especial.No puedo evitar girar la cabeza a ambos lados porque siento que, de un momento a otro, saldrán los compañeros de detrás de algún coche gritando “¡Boba! ¡Has picado!”. Pero no. No aparece nadie. Luis me coge de la barbilla, me sujeta para que pare de dar vueltas como la niña de El exorcista y se acerca. Se sigue acercando. Frunzo el ceño. ¿Qué va a hacer? Espera, espera… ¡¿Me va a besar?! Desde aquel día que me acompañó a casa, nos hemos vuelto inseparables. Nos sentamos juntos en clase. Me recoge todas las mañanas en la esquina de mi casa. Me acompaña de vuelta a la salida del colegio. Estudiamos juntos. Se sienta conmigo en clase y no le importa gritar a los cuatro vientos que soy su novia. Están siendo unas semanas perfectas y yo solamente puedo más que sonreír como una tonta. -¡Hombre, la Desaparecida! –Me grita Nieves cuando salgo del baño y se da cuenta que soy yo.-Ups, Nieves. ¿Cómo estás? ¿Por qué dices eso? –Le pregunto por su tono al saludarme.-Si me tienes que preguntar por cómo estoy, es que tengo razón. Luis te tiene absorbida y desde que sales con él, no se te ve el pelo.-Sí, bueno, igual tienes algo de razón. Pero es que, siempre tiene algo planeado que hacer. –Me disculpo con mi mejor amiga.-No pasa nada, Montse. Es normal. Es tu primer novio y estáis empezando. Pero no significa que dejes de lado a tus amistades de siempre. ¿Quedamos esta tarde y nos ponemos al día?-Lo siento, Nieves, Luis me va a llevar al cine. Le pregunto si puedo quedar contigo mañana viernes y te aviso.Mi amiga frunce el ceño al oír mis palabras, pero no hace ningún tipo de comentario al respecto. Me pide que le confirme más tarde nuestra cita y se marcha. Yo no me muevo. No me puedo creer lo que le he dicho. ¿Desde cuándo le tengo que pedir a un chico permiso para quedar con Nieves? -¿Dónde vas así vestida? ¿Qué quieres que todos te miren y piensen que eres una provocadora? –Me susurra al oído chirriando los dientes y cogiéndome fuerte del brazo.-¡Si es el mismo vestido que llevaba cuando me besaste por primera vez! Pensé que te gustaría. –Le grito sin importarme si algún vecino nos oye.Me hace daño y protesto, pero me mira de esa manera tan “eres lo más importante para mí” que subo de nuevo a casa y me cambio. No quiero que nada cambie el ambiente entre nosotros y, aunque es una de mis prendas favoritas, no me cuesta nada ponerme otra más “recatada”. Tiene razón y a mí tampoco me gusta que me miren y que piensen cosas que no son. Mientras estamos en la sala del cine, esperando a que empiece la película que Luis ha elegido, aprovecho para escribir a Nieves y confirmarle nuestra cita de mañana.-¡¿Con quién hablas?! –Grita un Luis iracundo.Me asusta, me sobresalto y todos los allí presentes se giran hacia nosotros. ¡Qué vergüenza! Le pido que, por favor, baje la voz y que no es nada. Pero él no me cree y cada vez está más enfadado. Acabamos saliendo del cine sin ni siquiera haber empezado la película.-¿Te puedes calmar, por favor? Solamente estaba diciéndole a Nieves que mañana nos veríamos sin falta. Me ha dicho que hace mucho que no hablamos, es verdad y la echo de menos. Es mi amiga. –Le explico una vez estamos fuera.Él no para de andar en círculos y pasarse una y otra vez las manos por la cabeza. Nunca le había visto así. Ahora que lo conozco más, obvio, sé que es un poco celoso. Pero los “celos son prueba del amor que te tengo”, me dice siempre.-¡Es mentira! ¿Con quién estabas quedando en realidad? ¿Es con Fernando? Sí, claro, es con él. Ya he visto cómo te mira y lo que querría hacer contigo.-No digas tonterías, Luis… Si Fernando es tu amigo. No me mira de ninguna manera, de verdad.-Si de verdad estabas hablando con tu amiguita, dame tus contraseñas del móvil y de las redes sociales. –Me reta.-No, Luis, no te voy a dar mis contraseñas. Es mi teléfono, mis redes y mi espacio. Deberías confiar más en tu pareja, digo yo. –Le digo y estoy empezando a enfadarme.-Claro que confío en ti, por eso mismo. El amor es compartirlo todo, cada momento, cada segundo. Yo tengo que cuidar de ti. Si confiaras más en mí, lo harías. Como todos los días, Luis viene a recogerme para ir al colegio y empezar la semana de estudio. No me apetece mucho encontrarme con Nieves, aún estoy un poco enfadada con ella porque que me dejó tirada el viernes y no apareció. Después de la bronca que tuve con Luis por su culpa y luego no se digna ni a contestar. -Oye, bonita. Lo que tengas que decirme dímelo a la cara y si no quieres quedar conmigo, pues ten la deferencia por todos estos años de amistad, de decírmelo y contestarme los whatsapps.¡¿Cómo?! ¿Yo? Abro la boca escandalizada por las palabras de Nieves. Si fue ella la que me dejó plantada y no he sabido nada desde la semana pasada aquí en clase.-¡¿Cómo eres capaz de decir algo así si fuiste tú la que me dejaste plantada?! –Gritamos las dos. Así, sin escucharnos, cada una a lo suyo, nos pasamos varios minutos. Cada una convencida de tener la razón. -¡Nieves, te he dicho mil veces que no tengo ningún mensaje tuyo y yo no te escribí para cancelar nuestra cita! Mira. –Le digo metiendo la mano en mi mochila para enseñarle los mensajes que yo le envié el viernes.¿Dónde está mi móvil? Con los nervios que me produce esta situación, no lo encuentro.La que era mi amiga alarga la mano y me da el suyo. Entra en mi whatsapp y me enseña mis últimos mensajes escritos el viernes a las 14h. ¿Y el resto? Si llevo todo el fin de semana escribiéndole, incluso preocupada por si le había ocurrido algo. Mueve su mano. Me insta a que lea los mensajes. Nieves, tía, finalmente no podre quedar contigo.Me ha surgido algo mejor.Ahora quiero pasar tiempo con mi novio. Lo quiero y prefiero estar con él.No me molestes más. Me llevo la mano a la boca. No me lo puedo creer. Yo jamás escribiría algo así.Luis…​

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¿Eres un fan de la educación?

¿Tienes un hijo adolescente y necesitas algún recurso para lidiar con esa personita que va creciendo en tu casa? 

Laura nos da herramientas para que con imaginación ataquemos el día a día, y podamos encontrar soluciones, a las situaciones con las que nos podemos encontrar, e incluso, porque no? adelantarnos a las mismas.…. ¿Te apetece conocer más de Laura? Te invito a que te sumes a  la inquietud de Laura por un mundo mejor en la educación…. 

Laura se desmenuza en cuentos, se deshace historias, para que encuentres el camino del adolescente que se abre al mundo, el que pide a gritos que te impliques, que te bajes a la arena y lo entiendas.

 

Laura nos traduce sus jeroglíficos y nos ayuda a conocer mejor a nuestros hijos. Lo hace desde la implicación, desde la mejora continua, para ello se muestra en sintonía con ellos, como profe (la mejor profe del mundo, como bromea con alumnos), la que está en continuar formación para estar a la altura de lo que más nos importa… nuestros hijos. ​

Laura  

 

Conoce a Laura en una entrevista desde dentro. 

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Cuentos escritos en la realidad que se asoma cada día junto a nosotros.

Educación  

Compañeros de clase, amigos de aula, personas de tu vida.